Cuando Otegi se convirtió en el amo de España
Las gentes de mi generación, la misma que inició el «milagro de la Transición», estamos curtidos en todo tipo de escándalos y situaciones extrañas. Pero todavía queda margen para el sofoco.
Si alguien nos hubiera dicho no hace tantos años que un terrorista NO ARREPENTIDO se convertiría en el socio clave del gobierno de España, hubiéramos despreciado tal posibilidad. Pues sí, oiga, Arnaldo Otegi, fue buscado por un entonces aspirante a gobernante para apuntalar sus posibilidades. Y fue decisivo para que la moción de censura contra Mariano Rajoy tuviera éxito. A partir de ahí, Sánchez convirtió al secuestrador de Javier Rupérez, en un pilar para sostenerse en el poder.
¿Sería tolerado sin más en cualquier otro país democrático situaciones como ésta? Definitivamente, no. Cuando pasen los años y se pueda contemplar en toda su extensión el actual estado de cosas los historiadores podrán concluir su sentencia.
«Haréis cosas que nos helarán la sangre», le dijo la mujer de un asesinado por ETA al inabarcable en su estupidez al hoy portavoz socialista en el Congreso de los Diputados. Antes que el poder está la dignidad y la justicia. Algo que Pedro Sánchez no ha entendido nunca. Y ya es difícil que pueda intuirlo.
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