PATOLOGÍA POCO COMÚN

Los científicos no dan crédito: te puedes emborrachar sin beber alcohol y éste es el síndrome que lo provoca

El enigma del ABS: la patología que convierte el intestino en una 'destilería'

Microbiota descontrolada: carbohidratos que se transforman en etanol y elevan la alcoholemia sin beber una gota

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La patología que puede hacer que una persona sufra los síntomas de la embriaguez sin haber consumido alcohol.

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Imaginen la incredulidad de una persona que, tras haber mantenido una abstinencia total de alcohol, comienza a experimentar mareos, dificultades en el habla y desorientación, síntomas propios de una intoxicación etílica severa.

Lo que parece un enigma médico o una acusación injusta es, en realidad, una patología fascinante y poco comprendida que ha vuelto a saltar a la primera línea de la investigación científica: el Síndrome de la autocervecería (ABS), también conocido como síndrome de la «cervecería interna».

El laboratorio químico dentro del cuerpo

Recientemente, diversos estudios han profundizado en la mecánica de este trastorno, revelando cómo el organismo humano puede transformarse en una destilería biológica. El proceso ocurre fundamentalmente en el sistema digestivo, donde ciertos hongos y bacterias, como el Saccharomyces cerevisiae o el Candida albicans, proliferan de manera desmedida.

Estos microorganismos tienen la capacidad de tomar el control del intestino y, al entrar en contacto con una dieta rica en carbohidratos o azúcares, desencadenan un proceso de fermentación que convierte la glucosa en etanol.

El resultado es que el alcohol pasa directamente al torrente sanguíneo, elevando la tasa de alcoholemia a niveles que podrían ser letales, sin que el individuo haya ingerido una sola gota de bebida alcohólica.

Un diagnóstico invisible y estigmatizante

Uno de los mayores retos que destacan los expertos es el diagnóstico. Muchos pacientes pasan años siendo tratados por alcoholismo o enfrentándose a problemas legales y sociales antes de que un médico identifique el ABS.

La comunidad científica subraya que este síndrome suele manifestarse con mayor frecuencia en personas con patologías previas como diabetes, obesidad o enfermedades inflamatorias intestinales, donde la microbiota ya se encuentra alterada.

¿Existe una solución?

Afortunadamente, los últimos hallazgos no solo explican el «cómo», sino también el «qué hacer». El tratamiento actual se aleja de la psiquiatría y se centra en la nutrición y la microbiología. Los pilares fundamentales incluyen:

  • Cambio dietético radical: una dieta estrictamente baja en carbohidratos para «matar de hambre» a las levaduras.
  • Tratamiento farmacológico: el uso de antifúngicos específicos para reducir la población de hongos en el intestino.
  • Restauración de la flora: el empleo de probióticos para reequilibrar el ecosistema bacteriano y evitar que los agentes fermentadores vuelvan a tomar el control.

Este fenómeno médico nos recuerda que el cuerpo humano es un ecosistema complejo y delicado, capaz de generar reacciones químicas sorprendentes que desafían la lógica cotidiana y ponen a prueba la perspicacia de la medicina moderna.

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