Sánchez hunde a Pilar Alegría y a Montero

En el fondo, el acuerdo entre Sánchez y Junqueras es papel mojado. Sí, ya sé que el líder de ERC salió de la reunión diciendo que «hay un acuerdo». «Es un buen modelo de financiación», insistió.
Pero hay que observar los gestos: la comparecencia duró apenas diez minutos. Con el republicano haciendo declaraciones, de pie, a la salida de la Moncloa.
Él mismo se justificó y aclaró que iba a ser «breve» porque «el clima no acompaña». Menuda excusa. Hasta aclaró que «mañana, la ministra de Hacienda explicará el acuerdo».
¿Ustedes creen que, si fuera bueno, Esquerra no lo vendería a lo grande? ¿Se lo dejarán todo a María Jesús Montero?
Además, ahora vienen los escollos. En primer lugar, tendrá que ser aprobado por el Congreso. El propio Junqueras lo remarcó dos veces en una comparecencia que no llegó a los diez minutos. Y el horno no está para bollos.
Sánchez tiene una mayoría precaria. Lleva tres ejercicios sin Presupuestos. Algo inaudito en cualquier democracia parlamentaria. La única ley importante que ha conseguido aprobar es la de la Amnistía, que beneficia sólo a unos cuantos.
Por otra parte, los Junts difícilmente van a votar a favor. Aparte de que, en teoría, rompieron relaciones con el PSOE en noviembre. Casi inmediatamente se apresuraron a colgar un vídeo en X que ya tenían preparado con el significativo mensaje de «Comienzan las rebajas». En él recuerdan declaraciones de dirigentes de Esquerra como la entonces secretaria general, Marta Rovira; o la portavoz, Raquel Sans, ahora ambas caídas en desgracia. «El acuerdo firmado es el concierto económico», aseguraba la segunda tras el pacto para investir a Salvador Illa.
Todo ello a pesar de que Junqueras salió anunciando 4.700 millones más para Cataluña. Pero es una cifra muy lejos de los 22.000 millones de supuesto déficit fiscal que dio pie al proceso. El lema Espanya ens roba, «España nos roba», nació de esa cantidad.
Primero fueron 16.000 cuando era titular autonómico de Economía el socialista Antoni Castells en el primer gobierno Maragall. Los socialistas siempre con complejos.
Hasta creó una comisión ad hoc con expertos tan neutrales como el dirigente de Junts Ramón Tremosa, que paradójicamente ha acabado en AENA. O el economista Sala i Martín, conocido por sus posturas independentistas, entre otros.
Mientras que, en septiembre del 2023, la entonces consejera Natalia Mas, de ERC, lo elevó ya a 22.000 millones. Había sustituido a Jaume Giró en el cargo después de que Pere Aragonès echara a los de Puigdemont.
ERC ha aceptado ahora 4.700 millones, que en teoría permitirán ampliar el presupuesto de la Generalitat en un 12%. Pero, evidentemente, está muy lejos de los 22.000 millones exigidos.
Los de Junts ya empezaron el pasado miércoles a echar sal en la herida. Míriam Nogueras afirmó que querían un concierto «como el que ya tienen los vascos». También exigió las balanzas fiscales. «Llegar a un acuerdo sin los datos reales sería un fraude», advirtió.
El dirigente republicano echó balones fuera sobre la posición de Junts y aseguró que será «responsable de lo que vote» en una velada indirecta. Las relaciones entre ambos partidos están bajo mínimo. Basta ver las pullas que se intercambian en Madrid la citada Míriam Nogueras y Gabriel Rufián. En las redes o en el hemiciclo.
Junqueras ni siquiera ha aclarado si Esquerra votará los Presupuestos de Sánchez o de Illa porque hay un «acuerdo sobre el modelo de financiación», pero no sobre el «modelo de recaudación». Es su último as en la manga.
El problema de fondo son dos: primero, que la «financiación singular» –incluso en el caso de que lo sea, que tampoco está claro– no es la República catalana que prometieron en el 2015 a los 18 meses. Ahora tienen que dorar la píldora y convencer a sus militantes, sobre todo a sus electores.
Y, en segundo lugar, que Cataluña renunció al concierto a los inicios de la Transición. Dirigentes del PNV lo han explicado por activa y por pasiva. Yo mismo se lo recordé un día a Jordi Pujol. El entonces presidente alegó que, cuando se debatió el Estatut en el parador de Núria, Convergencia no tenía mayoría.
Era cierto, habían quedado en cuarta posición en votos tras el PSC, el PSUC e incluso Centristes de Catalunya, la marca catalana de la UCD, tras las primeras elecciones generales (1977). Pero en el fondo ya les iba bien. Debieron pensar que esto de recaudar impuestos, que lo haga Madrid, que tiene mala fama.
Lo que es increíble es que Pedro Sánchez haya recibido a un condenado e inhabilitado. Aunque Junqueras, con su atuendo, parecía que iba más de excursión.
Por mí que quiere hundir a Pilar Alegría y María Jesús Montoro ante los próximos retos electorales que se avecinan en Aragón y Andalucía, respectivamente. Sánchez es de los de yo, primero. A costa, si hace falta, de hundir a los pocos barones que le quedan al PSOE.