Zelenski intenta que Orbán pierda sus elecciones
Una de las lecciones que han dejado las dos guerras mundiales y que pueden entenderse a través de cualquier película es la de combatir únicamente en un frente; es decir, no crearte más enemigos ni dispersar tus fuerzas. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, ha decidido ignorar esa experiencia y ha chocado con Hungría y su primer ministro, Viktor Orbán, con la finalidad de influir en las elecciones del 12 de abril.
Un sector de los creadores de opinión y la política europeos acusa a Orbán de formar parte de la quinta columna prorrusa dentro de la UE, pero lo cierto es que hasta ahora ha aprobado todos los paquetes de ayuda comunitarios a Ucrania. Se ha reunido con el presidente ruso, Vladímir Putin, pero también lo han hecho Emmanuel Macron y Donald Trump. El político identitario, eso sí, insiste en que pone por delante de todo lo demás los intereses nacionales húngaros, lo que irrita a una Bruselas empeñada en llenar el continente de inmigrantes y, también, al Partido Popular Europeo, del que se retiró su partido, Fidesz, en 2021.
En los últimos días, el enfrentamiento entre Budapest y Kíev ha aumentado hasta llegar hasta a unas disparatadas amenazas de muerte pronunciadas por Zelenski. A finales de enero, varios drones rusos atacaron en Lvov una estación de bombeo del oleoducto Druzhba (Amistad), construido en los años 60 por la URSS, y que sigue transportando petróleo ruso a Hungría, Eslovaquia y la República Checa, todos miembros de la UE y la OTAN. Este oleoducto, que atraviesa Ucrania, se excluyó del boicot de la UE a los hidrocarburos rusos porque es la única vía de suministro de que disponen los tres países citados, sin costa.
A pesar de las peticiones de Budapest, de Bratislava y de la Comisión Europea, Zelenski se ha negado a repararlo con la excusa de que, mientras mueren ucranianos, los gobiernos húngaro y eslovaco pagan a Moscú por el petróleo que reciben. Orban y Robert Fico, el primer ministro eslovaco, han reaccionado con el veto al préstamo de 90.000 millones de euros a Ucrania, pactado en diciembre entre los Veintisiete. Esta cantidad se financiará con la emisión de más deuda pública comunitaria, cargada contra los ciudadanos de la UE.
El presidente ucraniano replicó el jueves 5 de marzo en una rueda de prensa que daría a sus soldados «el número de teléfono de la persona que impida la aprobación del préstamo, y así podrán hablar entre ellos en su lengua materna». Semejante amenaza solo puede comprenderse como consecuencia de la desesperación en que se halla Zelenski. Su país libra una guerra empantanada frente a Rusia; su principal aliado, Estados Unidos, se ha metido en otra; y depende completamente de la financiación y el armamento de la OTAN y la UE.
Horas después de la rueda de prensa, la policía húngara detuvo a siete empleados del banco público ucraniano Oschadbank, que trasladaban en furgones blindados alrededor de 82 millones de dólares en efectivo y oro desde Austria hasta su país, bajo sospecha de lavado de dinero. El ministro de Exteriores ucraniano, Andrí Sibiga, explicó que esos viajes son frecuentes, debido a la suspensión por seguridad de los vuelos, y calificó la detención de «terrorismo de Estado y extorsión». Poco después, la policía liberó a los ucranianos, aunque retiene el dinero.
Hay que preguntarse si Zelenski se atrevería a comportarse de esta manera desafiante y provocativa si no tuviera el apoyo de otras instancias, dentro de la propia UE, que estarían encantadas de la derrota de Orban en las elecciones parlamentarias de dentro de un mes. Orban afirmó a mediados de febrero que Zelenski y su gobierno están participando en la campaña electoral con la intención de que pierda las elecciones.
El soberanista húngaro alcanzó el cargo de primer ministro, con su partido Fidesz, en 1998, en el que duró hasta 2002, antes de cumplir cuatro años. En 2010 regresó al poder, donde se ha mantenido ininterrumpidamente desde entonces, gracias a que sus compatriotas le han dado cuatro mayorías absolutas. Para las elecciones del 12 de abril, en las que los húngaros elegirán a 199 diputados, el europeísmo ha montado un partido nuevo, como hizo para las de 2022; éste se llama Tisza.
Desde otoño de 2024, las encuestas han señalado un ascenso constante de Tisza y una caída lenta de Fidesz. A finales de 2025, las líneas se cruzaron y Péter Magyar, el candidato de Tisza, podía soñar con convertirse en la versión húngara del polaco Donald Tusk. Sin embargo, en las últimas semanas se está asistiendo a una inversión de la tendencia. Porque los pueblos, cuando sufren injerencias o se enfrentan a crisis, suelen preferir a los gobernantes experimentados y atacados por el exterior… salvo el español.
Por el momento, Péter Magyar ha pedido a la UE que corte sus vínculos con Ucrania hasta que Zelenski no se disculpe por sus palabras contra Orban. Semejante unidad, siquiera por conveniencias electorales, es imposible en España.