El árbol con uno de los frutos más ricos en vitamina C del mundo: cómo cultivarlo en maceta y cosechar acerolas en casa
Cómo plantar y cómo es el cultivo de la acerola, una de las frutas con mayor volumen de vitamina C
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Cuando se piensa en frutas que tienen un alto porcentaje de vitamina C, siempre se suelen mencionar las naranjas o también los kiwis. Pocas veces, o nunca, se menciona la acerola ya que no es una fruta tan conocida como otras que podemos encontrar habitualmente, pero sin duda su contenido en vitamina C la hace destacar de forma especial. Se trata de un pequeño fruto rojo que crece en zonas tropicales de América y que también recibe el nombre de cereza de Barbados. Y aunque lo habitual sería pensar que para tener un árbol de este tipo necesitamos un jardín, lo cierto es que también se puede cultivar en maceta.
Eso permite tener una acerola en una terraza o incluso en un patio, siempre que dispongamos de un lugar en el que reciba suficiente sol. El calor es importante para que se desarrolle bien y con el frío ocurre justo lo contrario, por lo que habrá que protegerla cuando las temperaturas bajen demasiado y, sobre todo, si existe riesgo de heladas.
El árbol con uno de los frutos más ricos en vitamina C del mundo
Los frutos de la acerola adquieren un llamativo tono rojo al madurar y tienen una pulpa jugosa. En cuanto al sabor, no es completamente dulce, sino que tiene también un punto ácido. Podemos comerlos directamente o aprovecharlos para hacer zumos, batidos e incluso mermeladas. Pero su fama viene sobre todo de la vitamina C. La acerola se encuentra entre las frutas que presentan una mayor concentración de este nutriente, aunque aquí no podemos hablar de una cantidad que sea igual en todos los frutos. La variedad del árbol tiene mucho que ver, al igual que las condiciones de cultivo o el momento en el que se recoja la fruta.
Otra ventaja es el tamaño que puede tener el propio árbol. Si no contamos con un terreno para plantarlo, podemos optar por una maceta. Pero eso sí, tendrá que ser lo bastante grande para que las raíces tengan espacio y, si con el tiempo se queda pequeña, habrá que trasladar la acerola a un recipiente mayor.
Cómo cultivar la acerola en una maceta
Para empezar necesitaremos un recipiente amplio y profundo. No hace falta comenzar con una maceta gigantesca si la planta todavía es pequeña, pero sí debe tener espacio suficiente para las raíces y, sobre todo, agujeros de drenaje en la parte inferior. Con la tierra ocurre algo parecido. No sirve de mucho regar correctamente si después el agua se queda acumulada alrededor de las raíces. Podemos utilizar un sustrato suelto, con tierra fértil y materia orgánica, procurando que el agua pueda salir sin dificultad.
A medida que la acerola vaya creciendo habrá que observar si el recipiente empieza a quedarse pequeño. En ese caso será el momento de trasplantarla. Tenerla en maceta implica precisamente estar algo más pendientes de su crecimiento que si estuviera plantada directamente en el jardín.
Mucho sol y cuidado cuando llegue el frío
Si tenemos varios lugares disponibles en la terraza o el patio, para la acerola elegiremos el que tenga una buena exposición al sol. Necesita recibir varias horas de luz solar directa y agradece las temperaturas cálidas. En verano esto no debería ser un problema en buena parte de España. La situación cambia cuando llega el invierno, sobre todo en las zonas donde las temperaturas bajan mucho durante la noche. La acerola es sensible al frío y las heladas pueden dañarla.
Tener el árbol en maceta nos permite reaccionar con mayor facilidad. Cuando se anuncien temperaturas muy bajas podemos trasladarlo a una zona más protegida. Si el recipiente es grande y pesado, conviene pensar en este detalle antes de decidir dónde colocarlo definitivamente.
El riego de la acerola no debe acabar encharcando la tierra
No existe una regla de regar cada cierto número de días que funcione durante todo el año. En pleno verano el sustrato perderá humedad mucho más rápido que durante los meses fríos, y una acerola grande tampoco necesitará exactamente lo mismo que una planta joven. Lo mejor es fijarse en la tierra. Necesita humedad durante su crecimiento, pero no que el agua permanezca acumulada. De ahí que el drenaje de la maceta sea tan importante. También podemos aportar materia orgánica o utilizar un fertilizante indicado para árboles frutales en las etapas de crecimiento y producción. En cuanto a la poda, no tiene por qué ser excesiva. Una poda moderada puede servir para controlar la forma y evitar que el árbol alcance un tamaño incómodo para el lugar donde lo tenemos.
Cuándo se pueden cosechar las acerolas
Los frutos irán cambiando de color conforme maduren y podremos recogerlos cuando alcancen su tono y textura adecuados. No obstante, si acabamos de plantar nuestro árbol tendremos que esperar. La producción llegará cuando la planta se haya desarrollado y cuente con unas buenas condiciones de luz y temperatura. Y precisamente ahí está la clave para conseguir acerolas en casa ya que más que recurrir a cuidados complicados, este árbol necesita que respetemos su carácter tropical. Un lugar soleado, protección cuando bajen demasiado las temperaturas, una maceta donde las raíces puedan desarrollarse y agua sin excesos. Si conseguimos mantener esas condiciones, podremos tener en casa un frutal bastante diferente a los habituales y, con el tiempo, recoger sus pequeños frutos rojos.