De la esperanza a la angustia: nacen 23 crías de tortuga boba en Baleares pero las tienen que rescatar tras desorientarse por las luces de una urbanización

Cada verano, las playas del Mediterráneo español esperan con expectación la llegada de la tortuga boba, una especie que en los últimos años ha empezado a elegir las costas españolas para desovar. En el caso de su presencia en Baleares, cada nido confirmado se celebra como un pequeño acontecimiento, porque las puestas siguen siendo escasas y muy difíciles de localizar a tiempo.
Este año, la primera buena noticia llegó a finales del verano desde Menorca, aunque vino acompañada de un susto que ha vuelto a poner sobre la mesa un problema conocido por los conservacionistas. La escena, en plena noche y a pocos metros de una zona residencial, obligó a las autoridades a intervenir con rapidez para evitar lo peor.
Las luces de una urbanización las desviaron del mar: ¿Qué les pasó a las crías de tortuga boba en Baleares?
Todo ocurrió en la madrugada del pasado 18 de septiembre en la playa de Punta Prima, en el municipio de Sant Lluís, en el extremo sureste de Menorca. Un particular alertó al 112 tras encontrar varias crías de tortuga boba (Caretta caretta) lejos de la orilla. Los técnicos localizaron 23 ejemplares en la zona de dunas y en un área de agua estancada, en dirección contraria al mar.
La explicación llegó enseguida. Según la Conselleria de Agricultura, Pesca y Medio Natural del Govern balear, gran parte de las crías estaban desorientadas por la iluminación artificial de la urbanización cercana.
Así, en lugar de dirigirse hacia el agua, como dicta su instinto, se habían desplazado tierra adentro, con el riesgo que eso supone frente a la deshidratación o los depredadores.
Además, el hallazgo tiene un valor especial: se trata del primer nido de tortuga marina confirmado en Baleares en 2026. Una hembra había sido vista en esa misma playa el 13 de julio, pero entonces no se localizaron los huevos.
Según el consejero Joan Simonet, la decisión tomada en aquel momento «ha permitido actuar inmediatamente ahora, localizar el nido y proteger las crías».
¿Por qué la luz artificial confunde a las tortugas recién nacidas?
Las crías de tortuga marina nacen de noche y salen del nido casi a la vez. Para encontrar el mar, se guían por el horizonte más luminoso. En una playa natural, es el que forma el agua al reflejar la luz de la luna y las estrellas, frente a la silueta oscura de la vegetación y las dunas. Una farola, un foco o las ventanas de una urbanización rompen ese patrón.
Dicho esto, cuando la luz artificial brilla más que el horizonte marino, las tortugas se dirigen hacia ella.
Aparte del cansancio, el desvío las expone a depredadores, a la deshidratación cuando sale el sol e incluso a atropellos si alcanzan alguna carretera. Cada minuto fuera del agua reduce sus opciones en una etapa en la que ya son extremadamente vulnerables.
En este marco, un estudio publicado en 2025 en el Open Veterinary Journal por el investigador I. Jribi lo ilustra bien. Tras analizar 47 nidos en Chebba (Túnez) entre 2013 y 2024, comprobó que en la playa iluminada por farolas y focos residenciales las crías se desorientaron en el 100% de los nidos, frente al 21% de una playa cercana protegida por un cordón de dunas.
El programa que le dará a estas crías de tortuga boba una segunda oportunidad
Las crías vivas fueron trasladadas al Centro de Visitantes del Parque Nacional de Cabrera, en Mallorca, donde se revisó su estado de salud. Allí se incorporarán al programa Head Starting 2026-2027, que coordina el Consorcio para la Recuperación de la Fauna de las Islas Baleares (COFIB) con el objetivo de reforzar la población de tortugas marinas en el archipiélago.
El método consiste en criar a los animales en un entorno controlado durante su primer año de vida. Al nacer pesan unos 15 gramos; cuando vuelven al mar, superan el kilo, un tamaño que en libertad tardarían alrededor de cinco años en alcanzar.
Siguiendo esta línea, cabe remarcar que en septiembre del corriente año, veinte tortugas nacidas en Cala en Calderer en octubre de 2025 regresaron al agua con un peso medio de 1,5 kilos.
Mientras tanto, los técnicos exhumaron el nido para comprobar si quedaban ejemplares en su interior, y los huevos que no habían eclosionado se trasladaron al Aula del Mar de Palma para una incubación controlada. Además, se ha reforzado la vigilancia en el entorno del nido y en las zonas cercanas por si aparecieran más crías durante los próximos días.
La tortuga boba en Baleares, un visitante cada vez más habitual
El caso de Punta Prima se suma a una tendencia creciente. En 2020 ya se registraron puestas en esa misma playa, en Cala Pilar y en Sa Mesquida. En 2023, el archipiélago alcanzó seis nidos y 195 tortugas nacidas, mientras que en 2024 se confirmó uno en Can Pastilla, con 18 crías, y en 2025 se contabilizaron dos más, además del hallazgo de Cala en Calderer.
Por su parte, los científicos relacionan este fenómeno con el calentamiento del mar. Un trabajo liderado por la Estación Zoológica Anton Dohrn de Nápoles, y publicado en Global Ecology and Conservation, documentó que la especie está expandiendo su área de anidación hacia el Mediterráneo occidental, con nidos cada vez más frecuentes en Italia, Francia, España y Túnez.
Los autores de este último estudio advierten de que esa expansión se produce hacia costas ya muy transformadas por el ser humano, lo que obliga a adoptar medidas preventivas.
Así, dicho todo esto, el protocolo en Baleares queda más que claro: ante un rastro en la arena o la aparición de crías, no hay que tocarlas ni iluminarlas con linternas o móviles, sino avisar de inmediato al 112, como hizo el particular que dio la alerta en Punta Prima.