Embalses

Los agricultores aún no duermen tranquilos: los embalses rebosan pero el efecto rebote tras las lluvias amenaza a los cultivos

Embalse, España, curiosidades, agua
Recreación de un embalse.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

En la actualidad los embalses españoles pueden presumir de cifras que no se veían desde hace años. Las reservas hídricas han superado el 83% de su capacidad en la primavera de 2026, cerrando el ciclo de sequía más largo desde principios de la década. Sin embargo, no es una victoria tan limpia como parece.

Los expertos advierten de que sí se puede celebrar el llenado de los pantanos, pero que ese alivio puede generar exactamente el efecto contrario al deseado. El llamado efecto rebote amenaza con dejar al campo español en una situación aún más vulnerable cuando llegue la próxima sequía, y los agricultores lo saben.

Los expertos advierten de que los embalses llenos podrían agravar la próxima sequía por el efecto rebote

El efecto rebote está vinculado a la paradoja de Jevons, un fenómeno estudiado en economía de recursos. Cuando un recurso se vuelve más abundante o más eficiente de usar, el consumo no disminuye sino que tiende a aumentar. En el caso del agua en España, la modernización de los regadíos ha permitido optimizar cada gota, pero también ha incentivado la expansión de cultivos intensivos que consolidan un consumo estructural muy elevado.

Ese consumo no desaparece cuando cesan las lluvias. Los olivares intensivos, los aguacatales y los arrozales que se plantan durante los periodos de abundancia siguen necesitando agua cuando llega la sequía. La demanda base sube de forma permanente y no se puede recortar sin destruir las inversiones realizadas.

A esa presión agrícola se añade ahora la industria digital: los centros de datos que proliferan en el sur de Europa necesitan enormes volúmenes de agua para refrigerar sus sistemas.

El CEDEX, el Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica, lleva años advirtiendo de que la variabilidad climática en la península ibérica se intensifica con periodos húmedos más cortos y sequías más frecuentes y severas.

El IPCC señala además que la cuenca mediterránea es un punto crítico del cambio climático con una tendencia clara hacia la reducción de la disponibilidad hídrica efectiva.

Cómo funciona el efecto rebote en la gestión del agua y por qué amenaza al campo español

El mecanismo es un ciclo de cinco etapas. Las lluvias llenan los embalses y generan una sensación de abundancia. Esa sensación lleva a relajar las restricciones y a autorizar nuevos regadíos o a cambiar cultivos de secano por cultivos intensivos que generan más ingresos pero consumen mucho más agua. La demanda estructural sube a niveles récord.

Cuando llega la siguiente sequía, el agua disponible cae pero las necesidades de los nuevos cultivos son enormes. La crisis resultante es más destructiva que la anterior.

La paradoja de la eficiencia agrava el problema. Cuando las administraciones financian sistemas de riego por goteo moderno, el agricultor ahorra un 30% de agua en su parcela. Pero en lugar de dejar ese ahorro en el embalse, planta un 30% más de cultivos con el agua sobrante. El consumo total no baja, la superficie dependiente del riego aumenta y el sistema se vuelve más frágil.

Los agricultores de organizaciones como ASAJA y COAG enfrentan además pérdidas inmediatas por el exceso de precipitaciones. El suelo saturado impide la entrada de maquinaria para fertilizar o aplicar tratamientos fitosanitarios. La humedad persistente multiplica las enfermedades fúngicas.

Las tormentas continuas lavan el polen e impiden que actúen las abejas, arruinando la polinización de frutas de verano. El encharcamiento prolongado asfixia las raíces de cultivos hortícolas enteros.

Qué embalses y regiones españolas tienen más riesgo de sufrir el efecto rebote

La cuenca del Segura es la más vulnerable del país con apenas el 59% de su capacidad, muy por debajo de la media nacional. Es la huerta de Europa y cualquier respiro en las lluvias incentiva reactivar al máximo las exportaciones de hortalizas y cítricos.

Como la cuenca acumula poco agua, la reactivación desmedida del riego agota rápidamente los acuíferos subterráneos. Si los regantes confían en la bonanza del resto del país y expanden la producción, la cuenca puede colapsar antes de terminar el verano.

Cataluña presenta el escenario opuesto pero igual de peligroso. Las cuencas internas han pasado del 14% crítico de 2024 al 92% actual. Ese salto extremo es el caldo de cultivo perfecto para el efecto rebote psicológico: la Generalitat levanta las restricciones, el sector agrícola intenta recuperar el tiempo perdido y se frena la inversión en desaladoras y plantas de regeneración de agua. Cuando vuelva la escasez, la región se encontrará en el mismo punto de partida habiendo consumido el agua acumulada con rapidez.

El Guadalquivir supera el 87% con presión creciente para regar olivares intensivos y arrozales. El Ebro roza el 88% con alta demanda agrícola pese a tener el mayor colchón de agua.

Los expertos insisten en que la abundancia actual es una ventana de oportunidad para invertir en infraestructuras y políticas de ahorro, no una señal para relajar los controles hídricos.

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