Agricultura

De residuo del viñedo a valioso recurso producto: las cooperativas manchegas reciclan el orujo de uva para dar de comer al ganado

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Recreación de orujo de uva.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

En el campo y la ganadería hay subproductos que antes acababan desechados y que ahora encuentran una segunda vida. En Galicia reutilizan el suero para fabricar pienso ganadero y, en las cooperativas manchegas, ocurre algo parecido con el orujo de uva.

Ese residuo que sobra tras prensar la uva en bodega ahora funciona como un ingrediente funcional para la alimentación animal. Aporta nutrientes, ayuda a reducir residuos y mejora el aprovechamiento de recursos en zonas donde conviven viñedos y explotaciones ganaderas.

Así reciclan el orujo de uva para alimentar al ganado en Castilla-La Mancha

La cooperativa El Progreso, en Villarrubia de los Ojos (Ciudad Real), participa junto a otras entidades en el proyecto RUMIORUJO, una iniciativa que quiere transformar el orujo de uva blanca en alimento para ovejas y cabras.

Cooperativas Agroalimentarias Castilla-La Mancha lidera este programa, financiado dentro del Plan Estratégico de la PAC 2023-2027. El orujo reúne pieles, pepitas y restos vegetales que quedan después del prensado de la uva. Las bodegas lo destinaban tradicionalmente a destilerías o compostaje, pero ahora varias cooperativas buscan darle salida como materia prima para alimentación animal.

El proyecto reúne a cooperativas vitivinícolas, laboratorios y centros de investigación como la Universidad Miguel Hernández de Elche, AGRAMA y el CERSYRA-IRIAF. Los técnicos analizan el valor nutricional del orujo y estudian cómo incorporarlo a piensos comerciales sin afectar a la salud ni al rendimiento de los animales.

Los responsables del programa trabajan con dos sistemas de conservación. El primero consiste en ensilar el orujo para estabilizarlo mediante fermentación controlada. El segundo apuesta por secarlo y convertirlo en pellets mezclados con otros ingredientes.

El ensilado resulta clave porque el orujo fresco supera habitualmente el 60 % de humedad y se deteriora en pocos días. Los técnicos compactan el material para expulsar el oxígeno y lo cubren con plásticos especiales que permiten conservarlo durante semanas sin perder propiedades nutritivas.

Los investigadores también separan parte del raspajo leñoso antes del proceso para reducir el exceso de lignina, una fibra difícil de digerir para el ganado. Después, el silo permanece cerrado alrededor de un mes mientras los azúcares se transforman en ácido láctico y estabilizan el producto.

Las cooperativas manchegas quieren profesionalizar una práctica que hasta ahora apenas utilizaban algunas explotaciones ganaderas y proyectos experimentales. El objetivo pasa por crear una nueva línea de negocio que conecte directamente a bodegas, fábricas de pienso y ganaderos.

Cuáles son los beneficios del orujo de uva para el ganado

El orujo de uva aporta fibra, grasas vegetales y compuestos antioxidantes naturales. Las semillas contienen ácidos grasos insaturados y las pieles concentran polifenoles y taninos que pueden influir en la calidad final de la carne y la leche.

Varios estudios publicados entre 2024 y 2025 detectaron mejoras en la estabilidad oxidativa de la carne cuando los ganaderos incorporaban cantidades moderadas de orujo en la dieta. Los investigadores observaron además cambios positivos en el perfil de grasas de la leche y de los productos cárnicos.

Los taninos presentes en el orujo también ayudan a reducir las emisiones de metano de los rumiantes. Distintos ensayos con vacas lecheras registraron descensos cercanos al 10 % en las emisiones entéricas cuando las explotaciones añadían entre un 10 y un 15 % de orujo sobre la materia seca de la ración.

Los ganaderos buscan además una alternativa más barata frente al encarecimiento de cereales y materias primas tradicionales. En muchas zonas vitivinícolas, las bodegas y las explotaciones ganaderas apenas están separadas por unos kilómetros, lo que reduce costes logísticos y facilita el suministro.

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