Furor entre los biólogos: la selva atlántica de Brasil registra el nivel más bajo de deforestación en los últimos 41 años
Brasil ha logrado un hito ambiental sin precedentes que despierta el optimismo de la comunidad científica internacional. Por primera vez desde que se iniciaron los registros oficiales en 1985, la deforestación en la Mata Atlántica ha caído por debajo de las 10.000 hectáreas anuales.
Este avance histórico consolida al país como un referente en la lucha contra el cambio climático y la recuperación de ecosistemas degradados.
La Mata Atlántica brasileña alcanza su mínimo histórico de tala tras cuatro décadas de monitoreo
Un informe conjunto de la organización SOS Mata Atlántica y el Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales de Brasil (INPE) confirma que en 2025 el área deforestada se limitó a 8.658 hectáreas.
Esta cifra representa una reducción del 28% respecto al periodo anterior, aunque el dato más talentoso afecta a los bosques maduros. La pérdida de estos ecosistemas antiguos, esenciales para la biodiversidad y el almacenamiento de carbono, descendió un 40%.
Este bioma es vital para la estabilidad ecológica de Sudamérica. Se extiende por 17 estados brasileños y abastece de agua a grandes ciudades como São Paulo y Río de Janeiro.
Según informa CGTN, alberga el 80% de la población del país y especies en grave peligro, como el jaguar, el mono león dorado y el guacamayo azul. Los expertos atribuyen estos resultados a la implementación de políticas de fiscalización más rigurosas ya una mayor presión social a favor de la conservación.
¿Por qué ha caído la deforestación en la selva atlántica de Brasil a niveles récord?
La mejora en los datos responde a un cambio de paradigma en la gestión ambiental. Históricamente, la expansión urbana, las plantaciones comerciales y la agricultura intensiva (especialmente de soja, caña de azúcar y café) diezmaron la superficie original.
De hecho, el bioma solo conserva hoy el 31% de su vegetación nativa, tras haber perdido 2,4 millones de hectáreas desde 1985. Sin embargo, el rejuvenecimiento del bosque ofrece nuevas esperanzas. Actualmente, el 11% de la cobertura forestal está compuesto por vegetación joven, y un tercio de la selva tiene menos de 10 años.
Un símbolo de esta resiliencia es la reproducción del guacamayo escarlata en libertad por primera vez en casi dos siglos, un indicador de que las políticas de restauración están funcionando y fortaleciendo la biodiversidad.
Inversión millonaria en restauración forestal de la selva atlántica de Brasil y amenazas legislativas
El gobierno brasileño ha impulsado un ambicioso sistema de restauración a gran escala con el objetivo de recuperar 15.000 hectáreas degradadas en el estado de Río de Janeiro.
Entre 2023 y 2025, esta estrategia movilizó unos 1.400 millones de dólares, financiados en parte por el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES).
El programa aspira a plantar 280 millones de árboles, generar 70.000 empleos verdes y capturar 54 millones de toneladas de carbono. Pese a estos logros, el futuro no está exento de riesgos.
El Congreso brasileño aprobó el polémico «proyecto de ley de devastación», una normativa que debilita la protección federal al transferir la potestad de autorizar talas a las autoridades locales.
Las organizaciones ambientalistas advierten que, para alcanzar la «deforestación cero», es imprescindible blindar la legislación actual frente a posibles cambios de ciclo político.
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