Máxima expectación entre los biólogos españoles por el comportamiento de los insectos durante el eclipse del próximo 12 de agosto
El próximo 12 de agosto, España vivirá un fenómeno astronómico que no se repetirá en décadas: un eclipse solar total que oscurecerá de golpe buena parte de la Península Ibérica en pleno día. Mientras la mayoría se prepara con gafas especiales y planes para verlo, un grupo de científicos ultima los preparativos para observar algo menos evidente, pero igual de fascinante.
Y no se trata del cielo, sino de lo que ocurre a ras de suelo. Varios equipos de biólogos repartidos por toda la ruta del eclipse quieren aprovechar esos minutos de oscuridad repentina para estudiar cómo reaccionan los insectos, unos animales cuya actividad depende, en gran medida, de la cantidad de luz que perciben en cada momento.
¿Quién estudiará a los insectos durante el eclipse del próximo 12 de agosto?
La investigación está coordinada por la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) y el Instituto de Investigación sobre el Cambio Global de la Universidad Rey Juan Carlos, con Marcos Méndez y Jairo Robla como dos de sus responsables, y en colaboración con Tom Sheehan, de la Universidad de Georgia.
En total participan ocho universidades y centros de investigación españoles, entre ellos el Museo Nacional de Ciencias Naturales del CSIC, la asociación Zerynthia y el campus de Ponferrada de la Universidad de León, según recoge la Agencia SINC.
Lo que buscan comprobar es sencillo de explicar, aunque no tanto de medir: si la oscuridad artificial y momentánea que provoca el eclipse puede engañar a determinados insectos y hacerles creer que ya ha llegado la noche.
«Es probable que las especies crepusculares, que normalmente comienzan su actividad al anochecer, sean las primeras en responder a este falso crepúsculo», explica Méndez.
¿Cómo se preparan los científicos para captar ese instante de oscuridad?
Para comprobarlo, el equipo ha diseñado una red de puntos de muestreo que recorre buena parte del trayecto del eclipse por la Península, desde Galicia hasta la Comunidad Valenciana, pasando por Asturias, Castilla y León y Madrid.
En cada punto se instalará una trampa de luz ultravioleta, la misma que se usa habitualmente en el proyecto de seguimiento de mariposas nocturnas Phalaena, para atraer y registrar la actividad de polillas, escarabajos, moscas y pequeñas avispas.
La comparación es la clave de todo el experimento. Los mismos puntos se muestrearán también los días anteriores y posteriores al eclipse, en condiciones normales de luz nocturna, para poder diferenciar lo que es una respuesta genuina a la oscuridad repentina de lo que sería la actividad habitual de cada especie en esa época del año.
Por eso Robla insiste en un detalle que puede parecer menor pero resulta decisivo: «Cualquier contaminación lumínica en los alrededores dificultaría mucho la interpretación de las respuestas de los insectos».
¿Qué demostró el eclipse de 2024 en Estados Unidos sobre este mismo fenómeno?
El precedente más cercano llegó con el eclipse total que atravesó Estados Unidos en 2024. Entonces, un estudio piloto detectó que la breve oscuridad bastaba para despertar antes de tiempo a algunos insectos crepusculares, un indicio de que su reloj biológico responde con mucha rapidez a los cambios de luz, aunque estos duren solo unos minutos.
El eclipse del próximo 12 de agosto permitirá ampliar esa observación con una red de muestreo mucho más extensa y coordinada que la de hace dos años.
Fernando Castedo Dorado, entomólogo de la Universidad de León encargado de la zona próxima a los Ancares lucenses, resume el interés de fondo del proyecto: entender mejor cómo los insectos crepusculares y nocturnos ajustan su comportamiento a los cambios de luminosidad.
Esto es algo que también sirve para estudiar los efectos de la contaminación lumínica nocturna sobre estas especies durante el resto del año.
Si los grillos empiezan a cantar antes de tiempo o las polillas se activan en pleno mediodía oscurecido, los científicos tendrán delante una pista muy valiosa sobre lo sensibles que son estos animales a algo que damos por hecho: que de día hay luz y de noche no la hay.