Ministerio de Defensa

El menú de los militares enviados a frenar la invasión de Ceuta: un bocadillo de mortadela y una lata de atún

El colectivo está realizando jornadas maratonianas de 14 a 16 horas sin apenas descanso entre turnos

ATME denuncia que ante un gran trabajo de los militares están recibiendo "una mísera recompensa"

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Rosalina Moreno

Los militares que luchan contra la invasión de inmigrantes ilegales en Ceuta están haciendo «jornadas de 14 a 16 horas, descansando apenas dos horas entre turnos», y la comida que se les está suministrando a muchos de ellos es «totalmente insuficiente», según denuncian a OKDIARIO desde el colectivo. Consideran que es comida para niños pequeños y no para cuerpos como templos.

Por ejemplo, se les da una bolsa con un bocadillo de mortadela, una lata de atún acompañada de un panecillo, una manzana, y dos botellines de agua de 330 mililitros. Otros días, el embutido cambia a chorizo o salchichón y en vez de fruta reciben un yogur y un paquete de cuatro galletas.

«Y eso para todo el día y se repite en diferentes unidades», según precisa a este diario la Asociación de Tropa y Marinería (ATME), criticando las jornadas maratonianas, así como las raciones minúsculas y la birria de comida que reciben sus compañeros para tantas horas, pese al magnífico trabajo que desempeñan.

Desde el pasado viernes, los militares patrullan a pie y en vehículos por todos los barrios de la ciudad para interceptar a inmigrantes ilegales y ponerlos a disposición de la Policía Nacional y la Guardia Civil en la frontera para su devolución voluntaria.

Se necesitan refuerzos

«No se puede exigir profesionalidad, sacrificio y compromiso sin garantizar lo más básico: una alimentación adecuada y el suficiente descanso para poder desempeñar la labor con garantías», declara a este diario Marco Antonio Gómez, presidente de ATME, y reclama medidas que pongan fin a esta «vergonzosa situación», que pasan por reforzar la plantilla con efectivos de otras ciudades, porque «falta personal», y que las raciones sean suficientes.

La comida ha sido preparada para todos por igual. Algunos han podido comer en condiciones, mientras que muchos otros no, por la escasa comida recibida, lo que supone, a juicio de ATME, un fallo tremendo de logística que supone un trato desigual.

«No somos robots. Es de cajón que si nos tienen haciendo 16 horas, malcomiendo y mal durmiendo, al día siguiente no podemos rendir», critica Gómez, quien ha servido en la Legión de Ceuta, que es una de las unidades desplegadas, por lo que conoce de primera mano la situación que viven sus compañeros en la frontera y realizó jornadas de frontera en tiempos del cambio de la valla, a finales de los 90, cosa que a partir de aquel momento los militares dejaron de hacer ese servicio.

También están desplazados los regulares –las antiguas tropas nómadas–, Caballería, ingenieros, zapadores, logísticos y efectivos de la Policía militar y la Comandancia de Ceuta, entre otros.

«Prácticamente, todas las unidades militares de Ceuta están trabajando a destajo en esta crisis migratoria», apunta Gómez, destacando que «la normalidad aún no ha vuelto». Una situación que desmonta el control y normalidad que vende el Gobierno de Pedro Sánchez.

Exhaustos de cansancio y hacinados

Los militares quieren estar a tope para la misión que desempeñan. Sin embargo, se encuentran «exhaustos de cansancio». No obstante, realizan sus funciones en primera línea «con satisfacción, como siempre». Y les reconforta el cariño que reciben de los ciudadanos, quienes les dan las gracias por su trabajo y, cuando acuden a un bar a por un café o algo de comida más, ni les dejan pagar lo que tomen para intentar con ello recompensarles.

Muchos de ellos llevan sin ver a su familia desde que fueron desplegados, ya que la situación obliga a dormir –las pocas horas que duermen– en los cuarteles. Y lo hacen «hacinados, tanto en las habitaciones como en los pasillos de las instalaciones», según denuncia ATME en OKDIARIO.

Esta situación se produce porque los acuartelamientos –bases, cuarteles y buques– no están preparados para albergar a tantos militares, ya que la gran mayoría vive fuera de ellos con su familia.

Además, según ha podido saber este diario de fuentes militares, en algunas unidades se ha prohibido el uso del teléfono móvil, por lo que no pueden tener contacto con sus familiares. Hay quienes piensan que es para que no hagan fotos de las condiciones en las que se encuentran y que no graben.

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