Estudio psicológico

Según la psicología los adultos que retoman los juegos de su infancia no buscan entretenimiento: buscan recuperar a la persona que fueron en el pasado

Videojuegos retro
Videojuegos retro
Laura Mesonero
  • Laura Mesonero
  • Laura Mesonero Ortiz (Madrid, 2002) Periodista especializada en SEO editorial y desarrollo de audiencias digitales, con experiencia en medios nacionales de referencia como La Razón (Grupo Planeta), The Objective media y ahora en OkDiario. Experta en estrategia de contenidos orientada a Google Discover y Google Search. Perfil híbrido entre redacción, análisis de datos y visión estratégica.

Encontrar una consola vieja en una caja olvidada, desempolvar un juego de mesa o volver a encender aquella ‘maquinita’ que marcó tantas tardes de la infancia provoca una sensación difícil de explicar. Durante unos segundos, el tiempo parece detenerse y todo vuelve: el olor de la casa, las meriendas después del colegio, las vacaciones largas y aquella época en la que las preocupaciones eran mucho más pequeñas. Por eso no resulta extraño que cada vez más adultos dediquen parte de su tiempo libre a recuperar videojuegos retro, juguetes antiguos o pasatiempos que parecían olvidados.

Y aunque pueda parecer simplemente una forma de desconectar o entretenerse, la psicología ha descubierto que detrás de este fenómeno hay algo mucho más profundo. Según distintos estudios, los adultos que vuelven a los juegos de su infancia no buscan únicamente diversión: en parte, intentan reencontrarse con la persona que fueron años atrás.

Los juegos retro funcionan como auténticas máquinas del tiempo

La sensación es familiar para millones de personas. Después de un día agotador, en lugar de probar un videojuego actual, muchos optan por volver a títulos antiguos como Pokémon, Super Mario 64 o Zelda. Y no es casualidad.

Investigadores especializados en psicología y medios digitales, como el equipo dirigido por Tim Wulf en la Universidad de Colonia, sostienen que los videojuegos retro funcionan como ‘máquinas del tiempo emocionales’. A diferencia de una canción o una película antigua, los videojuegos exigen interacción. El jugador no se limita a recordar el pasado: vuelve a participar en él.

Al coger un mando y recorrer escenarios conocidos, el cerebro reactiva no solo recuerdos visuales, sino también movimientos, sensaciones y emociones ligadas a aquella etapa de la vida. 

Juegos años 2000

La verdadera razón no es el juego: es volver al ‘yo’ del pasado

La psicología denomina este fenómeno como ‘búsqueda de continuidad del yo’. Es decir, la necesidad de reconectar con versiones anteriores de nosotros mismos.

Cuando una persona vuelve a jugar a títulos que marcaron su infancia o adolescencia, no solo busca entretenimiento. También intenta recuperar simbólicamente una etapa vital en la que todo parecía más sencillo.

Muchos adultos encuentran en esos juegos una especie de refugio emocional frente al estrés diario, las responsabilidades o el cansancio mental. Durante un rato, desaparecen los correos pendientes, las facturas y las obligaciones, y reaparece el niño o adolescente que disfrutaba sin preocuparse por el futuro.

El cerebro recuerda la infancia mejor de lo que realmente fue

Los expertos explican que este fenómeno está relacionado con el llamado ‘pico de reminiscencia’, un concepto de la psicología cognitiva que señala que las experiencias vividas entre los 10 y los 25 años quedan grabadas con una intensidad emocional mucho mayor.

Por eso, los videojuegos, juguetes o canciones de aquella etapa generan un impacto tan potente décadas después. El cerebro no almacena esos recuerdos como simples imágenes, sino como parte de la identidad personal. 

Además, la memoria no funciona como una grabación exacta. Cada vez que recordamos el pasado, el cerebro reconstruye la experiencia y tiende a suavizar las partes negativas mientras potencia las emociones agradables. De ahí que muchos recuerden aquellas tardes jugando como momentos ‘perfectos’, incluso aunque en realidad también hubiera frustraciones o aburrimiento.

El ‘estado de flujo’ ya no se vive igual en la edad adulta

Sin embargo, volver a jugar no siempre produce exactamente la misma sensación que en la infancia. La psicología también tiene una explicación para eso.

El psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi definió el llamado ‘estado de flujo’ como una situación de concentración total en una actividad. En la infancia, muchos videojuegos generaban esa sensación porque suponían un reto constante: descubrir secretos, superar niveles difíciles o explorar mundos desconocidos.

Pero en la edad adulta ocurre algo diferente. El cerebro reconoce patrones rápidamente y muchos de esos desafíos ya no sorprenden. A eso se suma el ruido mental de la vida cotidiana: preocupaciones, cansancio y estrés dificultan alcanzar aquella inmersión absoluta que sí existía años atrás.

La nostalgia no es debilidad: es una herramienta emocional

Aunque el pasado no fuera tan perfecto como lo recordamos, los especialistas señalan que esta nostalgia tiene un efecto positivo. Volver a jugar ayuda a reducir el estrés, proporciona sensación de seguridad emocional y permite reconectar con emociones asociadas a momentos felices.

No significa quedarse atrapado en el pasado, sino recordar quién fuimos y recuperar parte de aquella energía despreocupada que todavía permanece en algún lugar de nosotros mismos.

Porque, aunque el niño que pasaba horas frente a una consola ya no exista exactamente igual, la psicología sostiene que una parte de él sigue ahí. Y a veces basta con encender un videojuego antiguo para volver a encontrarlo.

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