¿Por qué algunos corzos parecen ‘borrachos’ en primavera? Éste es el curioso motivo
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En los últimos días, un vídeo difundido por la Gendarmería de Saona y Loira se ha hecho viral en redes sociales. El protagonista es un corzo que se desplaza con dificultad y da vueltas sobre sí mismo, mostrando claros signos de desorientación. Más allá de la curiosidad, el objetivo de las autoridades es advertir sobre este fenómeno que se repite cada primavera y que puede suponer un riesgo en las carreteras. Aunque la escena pueda parecer inusual, no es un caso aislado. En esta época del año, algunos corzos modifican su comportamiento habitual y muestran conductas erráticas, razón por la cual se dice que parecen «borrachos».
El corzo es la especie más pequeña de los cérvidos europeos; mide unos 60 centímetros y pesa entre 20 y 30 kilos en la vida adulta. En verano su pelaje es de color marrón rojizo, mientras que en invierno es gris. Se trata de un animal solitario, aunque puede agruparse en épocas de escasez de alimento. Asimismo, cabe señalar que se adapta a un amplio abanico de hábitats, como bosques, áreas agrícolas abiertas y alta montaña.
La razón por la que los corzos parecen ‘borrachos’ en primavera
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Uno de los principales motivos que explican este comportamiento es el consumo de cultivos con alto contenido en azúcares. Estos alimentos fermentan en su sistema digestivo y provocan reacciones que hacen que los animales parezcan desorientados o caminen tambaleándose, con efectos comparables a los de una «borrachera» en humanos.
Este fenómeno de los corzos «borrachos» no se limita a Francia. También se han registrado casos en otros países europeos, como la República Checa, donde se ha advertido de corzos que muestran conductas erráticas tras ingerir remolachas fermentadas, lo que puede afectar temporalmente a su coordinación y comportamiento natural.
Pero no es el único motivo. Durante la primavera, muchos ejemplares jóvenes se separan de sus madres y empiezan a desplazarse en busca de su propio territorio, un comportamiento natural que aumenta las probabilidades de encontrarlos en zonas donde habitualmente no suelen aparecer, como caminos rurales o incluso carreteras secundarias.
«En primavera, algunos animales salvajes consumen brotes, frutos fermentados o vegetación en descomposición… y pueden mostrar un comportamiento totalmente imprevisible. El peligro se encuentra en cruces repentinos, trayectorias incoherentes, inmovilización en la calzada o huida descontrolada. Y donde hay peligro, hay consecuencias: un impacto puede producirse muy rápidamente, especialmente de noche o en carreteras secundarias. Por eso, hay que reducir la velocidad, anticipar, evitar maniobras bruscas y extremar la precaución en zonas boscosas», advierten las autoridades.
Por supuesto, los corzos «borrachos» también son un problema para la fauna salvaje, ya que se vuelven más vulnerables frente a depredadores y ante otros riesgos del entorno, como las carreteras, donde pueden sufrir accidentes con mayor facilidad. Además, pueden perder la orientación y acabar sufriendo lesiones de gravedad, e incluso mortales. Asimismo, los agricultores también se ven afectados; estos animales pueden acceder a cultivos en plena primavera en busca de alimento, lo que provoca daños importantes en las nuevas plantaciones y genera pérdidas en el sector agrícola.
Hábitat y distribución en España
El corzo está ampliamente distribuido por casi toda la España peninsular, siendo más abundante en la mitad norte (Cordillera Cantábrica, Pirineos, Montes Vascos, Sistema Ibérico, norte del Sistema Central) y en zonas de Andalucía (Sierra Morena, Serranía de Ronda) donde las condiciones forestales le son favorables.
Respecto al hábitat, es un animal típicamente forestal y de ecotonos (zonas de transición entre el bosque y el campo abierto). o Prefiere bosques caducifolios y mixtos, matorrales densos, zonas de repoblación forestal joven, riberas y cultivos cercanos a zonas boscosas. o Necesita refugio y cobertura vegetal densa para protegerse y cría.
Finalmente, la Asociación Corzo Español (ACE) advierte: «El abandono del campo y las actividades rurales, es una de las razones por las que las especies de caza mayor, y muy concretamente el corzo, han aumentado en las últimas décadas. Las corzas, cómo muchas otras hembras de herbívoros, tienen la costumbre de esconder a sus crías entre la vegetación las dos o tres primeras semanas de vida hasta que son lo suficientemente fuertes para seguir a sus madres. Para una persona que no conozca el campo, ni los hábitos de los animales, encontrar un pequeño y desvalido cocino, acurrucado entre la hierba, no indica más queestá abandonado, y con buenas intenciones los recogen para cuidarlos o entregarlos a centros de recuperación. Cientos de corcinos son arrebatados desus madres y su entorno cada año, y la cifra va en aumento».
Los expertos recuerdan que lo más adecuado es no intervenir. Un corzo que permanece quieto en el campo no está necesariamente perdido ni enfermo, sino que suele estar esperando el regreso de su madre. Si alguien se lo encuentra, debe alejarse sin hacer ruido y evitar permanecer en la zona, ya que la presencia humana puede retrasar el retorno de la corza o incluso atraer a depredadores.