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La comunidad zoológica sigue sin explicárselo: un rebaño de cabras lleva 300 años habitando una isla sin agua dulce

Cabras
Cabras en la isla de Abrolhos. Foto: ilustración propia.
  • Alejo Lucarás
  • Periodista y redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

El hallazgo, por lo menos curioso, de una manada de cabras en un islote remoto de Brasil dejó perplejos a los investigadores, quienes analizan este logro evolutivo que parece no tener precedentes. Lo más incomprensible es que estos rumiantes sobrevivieron en un terreno de apenas 1.500 metros de longitud, un entorno donde la carencia de agua potable es absoluta.

Cabe remarcar que las primeras evidencias de la presencia de estos animales datan de hace más de dos siglos y medio. Nadie sabe con absoluta certeza cómo llegaron hasta allí, aunque se baraja la firme posibilidad de que fuesen abandonados por navegantes ingleses o portugueses durante la época colonial.

La historia de las cabras que sobrevivieron 300 años sin agua en una isla

El archipiélago de Abrolhos, situado a 70 kilómetros de la costa del estado de Bahía, alberga este insólito caso de adaptación extrema. La isla de Santa Bárbara es una formación de origen volcánico que se caracteriza por su aridez extrema y su reducida extensión.

Este territorio insular carece por completo de ríos, lagos o cualquier tipo de reserva subterránea de agua dulce. Las condiciones del terreno son comparables a un entorno desértico severo, lo que hace incomprensible la prosperidad de esta colonia de mamíferos durante tantos siglos.

Los colonizadores europeos solían utilizar estos islotes deshabitados como reservas estratégicas de alimento. Al dejar cerdos, aves o rumiantes en estas porciones de tierra firme, los navegantes se aseguraban una fuente de proteínas frescas para sus largas travesías oceánicas posteriores.

Sin embargo, el aislamiento geográfico prolongado forzó a estos animales a desarrollar mecanismos de supervivencia extraordinarios. Los científicos de la Universidad Estatal del Sudoeste de Bahía investigan ahora cómo este grupo poblacional consiguió prosperar rodeado únicamente por la inmensidad del océano Atlántico.

¿Cómo se hidrataban las cabras en esta isla brasileña y qué comían?

La principal incógnita que intentan resolver los especialistas es la fuente de hidratación de estos animales. Las primeras hipótesis apuntan al consumo sistemático de una planta conocida localmente como beldroega, una especie autóctona que retiene un alto porcentaje de líquidos en su interior.

Además de esta planta específica, la flora de la isla incluye diversos cactus y especies suculentas típicas de un ecosistema árido. Los investigadores sugieren que la ingesta diaria de esta vegetación resistente a la sequía proporcionó a los animales el nivel de humedad mínimo necesario para evitar la deshidratación.

Otra teoría, mucho menos aceptada, sugiere la ingesta directa de agua salada por parte del rebaño. Aunque algunos expertos sospechan que pudieron adaptar su sistema renal para procesar la salinidad del mar, ninguno de los científicos desplazados a la zona observó jamás dicho comportamiento.

Y otro dato remarcable es que, lejos de mostrar signos de desnutrición, la colonia exhibía un estado de salud envidiable. El grupo llegó a sumar casi 200 ejemplares en sus momentos de mayor expansión y registraba frecuentes partos gemelares, un signo innegable de buena nutrición y perfecta aclimatación al terreno.

¿Qué ocurrirá con este rebaño de cabras?

A pesar de la sorprendente resistencia física de estas cabras, la presencia continua del rebaño provocó un impacto ambiental muy severo en la pequeña isla. El pastoreo constante y descontrolado aceleró drásticamente la erosión del frágil suelo volcánico y amenazó el delicado equilibrio ecológico.

A su vez, esta actividad depredadora puso en peligro los ciclos reproductivos de diversas aves marinas endémicas del archipiélago. Al carecer de árboles en la isla, estas aves utilizan el suelo desnudo para anidar, un espacio que compartían de forma conflictiva con los rumiantes.

Por este motivo, el Instituto Chico Mendes de Conservación de la Biodiversidad y la Marina de Brasil organizaron un complejo plan de evacuación. Este operativo, que vino ejecutándose entre los meses de enero y marzo, contó con el apoyo de instituciones como Embrapa y movilizó a numerosos especialistas.

Decenas de operarios participaron en tres fases distintas de captura para no estresar a la fauna local. Los trabajos culminaron recientemente con la extracción de los 27 ejemplares restantes, la última de los cuales recibió el nombre de María por parte de sus rescatadores.

De la isla a los laboratorios brasileños, sin escalas

Lejos de terminar en un sacrificio masivo por considerarse una especie exótica invasora, el exitoso rescate permite ahora un exhaustivo análisis genético y fisiológico. Los laboratorios brasileños custodian este tesoro genético para descifrar los mecanismos moleculares que explican su asombrosa tolerancia a la escasez hídrica.

Los especialistas involucrados en el proyecto proponen llamar a este singular grupo biológico con el nombre de Raza Abrolhos. Esta denominación surge ante la firme posibilidad de encontrarse frente a una nueva variante animal que ha modificado su ADN para soportar la aridez extrema.

Desde luego, este descubrimiento facilita el desarrollo de rebaños muchísimo más aptos para zonas desérticas. Los expertos esperan identificar los genes específicos responsables de esta resistencia para aplicarlos en la mejora de especies ganaderas en regiones semiáridas castigadas por las sequías.

Los últimos reportes de la universidad brasileña confirman que estos 27 ejemplares aportarán información inédita al mundo científico. Sus características únicas abren una nueva vía de investigación sobre la resiliencia animal frente al inminente avance del calentamiento global.

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