Walter Suárez, experto en obesidad: “Si fuera solo comer menos, la obesidad no existiría”

Walter Suárez, experto en obesidad: “Si fuera solo comer menos, la obesidad no existiría”
Walter Suárez, experto en obesidad, en el podcast de ENFAF.

La obesidad sigue siendo una de las condiciones de salud más malinterpretadas y simplificadas de nuestro tiempo. Durante décadas se ha explicado desde un relato reduccionista —“come menos y muévete más”— que no solo ha demostrado ser insuficiente desde el punto de vista científico, sino que ha contribuido a reforzar una carga de estigmatización social profundamente dañina.

Hoy, la evidencia confirma que detrás del exceso de adiposidad confluyen factores biológicos, genéticos, psicológicos y ambientales que hacen imposible abordarla con una única receta.

Así lo explica Walter Suárez, experto en obesidad, en su participación en el podcast de ENFAF, donde subraya que el abordaje tradicional ha simplificado en exceso un problema mucho más complejo.

Una mirada desde la ciencia… y la experiencia personal

La visión de Walter Suárez parte tanto del rigor científico como de la experiencia personal. Su trayectoria profesional comenzó lejos del ámbito de la salud, en el Derecho, donde llegó a invertir años en una tesis doctoral antes de asumir que ese no era su lugar.

El verdadero punto de inflexión llegó mucho antes, cuando siendo niño recibió una recomendación clara: necesitaba hacer ejercicio para afrontar la obesidad que arrastraba desde pequeño.

Hoy, Suárez es investigador universitario, miembro de grupos científicos de referencia en obesidad y docente en distintos programas de posgrado nacionales e internacionales.

¿Qué es realmente la obesidad?

Cuando se le pregunta qué es exactamente la obesidad, Walter es tajante:

“Definir la obesidad es casi imposible si queremos recoger todos sus matices”.

La investigación más reciente propone abordarla desde dos vertientes:

  • Obesidad preclínica, en la que existe un exceso de adiposidad que no condiciona de forma significativa la vida diaria.
  • Obesidad clínica, en la que ese exceso sí se asocia a enfermedad, pérdida de funcionalidad o reducción de la calidad de vida.

Esta clasificación sigue generando debate dentro de la comunidad científica. “Algunas sociedades científicas no aceptan esta diferenciación porque entienden que se pueden perder oportunidades terapéuticas”, explica Suárez. El temor es que diferenciar la obesidad preclínica retrase la intervención y minimice un problema que puede evolucionar hacia formas más graves.

El papel de los fármacos: ni demonización ni atajos

Uno de los grandes debates actuales en el tratamiento de la obesidad gira en torno al uso de fármacos específicos. Lejos de demonizarlos, Suárez reconoce que su aparición ha supuesto un avance relevante.

Defiende su utilidad en contextos bien indicados, especialmente cuando existen patologías asociadas como la diabetes tipo 2, en las que la pérdida de peso puede contribuir a mejorar —e incluso a remitir parcialmente— la enfermedad.

Sin embargo, advierte del riesgo de utilizarlos como un atajo:

“Los fármacos reducen el hambre, pero no enseñan a comer ni a relacionarse mejor con la comida”.

Sin un trabajo paralelo sobre hábitos, educación nutricional y ejercicio físico, el tratamiento farmacológico puede limitarse a suprimir el síntoma sin abordar las causas. Cuando el fármaco se retira, el hambre y las conductas previas suelen reaparecer, aumentando la probabilidad de recuperar el peso perdido y generando frustración.

Entrenamiento de fuerza: mucho más que perder kilos

En este abordaje integral, el entrenamiento de fuerza ocupa un lugar central. Preservar la masa muscular, la masa ósea y la funcionalidad resulta clave tanto en los procesos de pérdida de grasa como en la prevención de enfermedades metabólicas.

“No se trata de bajar kilos, sino de mejorar la composición corporal y la función”, subraya Suárez.

Cuando el estilo de vida no es suficiente

El experto también advierte de los riesgos de una visión excesivamente centrada en el peso corporal.

“Hay ciertos tipos de obesidad donde las intervenciones de estilo de vida van a fracasar”, señala.

Se trata de situaciones clínicas reconocidas como enfermedad en las que, en muchos casos, los fármacos específicos constituyen la única herramienta realmente eficaz. Ignorar esta realidad no solo limita la intervención, sino que genera frustración y perpetúa el estigma.

Genética, entorno y desigualdad

En la obesidad más frecuente, la de origen poligénico, la genética explica una parte importante del riesgo, pero la epigenética resulta determinante.

“No podemos centrarnos solo en la persona, sino en todo lo que la rodea: nivel socioeconómico, acceso a alimentos, tiempo disponible…”, explica.

El entorno, las condiciones laborales, el estrés crónico o la posibilidad real de moverse y cocinar condicionan de forma decisiva las opciones disponibles y, con ellas, el desarrollo de la obesidad.

No existen soluciones universales

El mensaje final es claro: la obesidad no admite soluciones universales. Ni dietas cerradas, ni protocolos rígidos, ni intervenciones aisladas han demostrado ser eficaces a largo plazo.

El abordaje eficaz pasa por equipos multidisciplinares, por comprender a la persona en su contexto y por construir estrategias sostenibles orientadas a mejorar la salud y la calidad de vida, más allá del número que marca la báscula.

Como resume Walter Suárez:

“En biología no existe el blanco o negro, y en salud, mucho menos”.

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