Moncloa pronostica que Puigdemont no será extraditado y lo celebra: «¡No nos lo traen!»

Tras la detención de Carles Puigdemont el miedo se instaló en el Palacio de La Moncloa por temor a que la situación judicial del expresidente empañase la operación diálogo con el Govern y los pactos con ERC de cara a los presupuestos

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Carles Puigdemont Pedro Sánchez
Pedro Sánchez y Carles Puigdemont.

En el Palacio de La Moncloa ya celebran que Carles Puigdemont seguirá libre por Europa y que, por ende, no se convertirá en un factor de desestabilización para el Gobierno. Como mínimo, por ahora, que es cuando Pedro Sánchez necesita el apoyo de los separatistas de Esquerra Republicana para aprobar los Presupuestos y para mantener viva la mesa de negociación del referéndum. Auguran con satisfacción que Italia va a fallar en contra de los intereses del Estado, tanto que fuentes gubernamentales vitoreaban este miércoles en Moncloa:»¡No nos lo traen!».

En el Ejecutivo dan por hecho que el Tribunal de Sàsser denegará el próximo lunes 4 de octubre la entrega del ex presidente de la Generalitat a España que solicita el Tribunal Supremo. Y confían que antes, incluso, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dé la razón al eurodiputado de Junts per Catalunya al reconocerle la inmunidad que fuentes judiciales dicen que está levantada. El pronunciamiento del tribunal europeo lo puede mover todo, incluso suspender la vista prevista para la semana que viene en la isla italiana de Cerdeña.

La detención de Puigdemont cayó como tal jarro de agua fría en el Palacio de La Moncloa que la primera reacción oficial tardó cuatro horas en hacerse pública. Hasta que Félix Bolaños, que lideró un gabinete de crisis, revisó toda la legislación italiana. Fue de madrugada, vía comunicado breve, para reafirmarse en la independencia del Poder Judicial y en la vía del diálogo. «Más si cabe ahora» llegó a decir el viernes, Sánchez, desde La Palma sobre la negociación con el independentismo. Mientras, en Barcelona, los seguidores del expresidente catalán agitaban las calles de nuevo. Aunque sin demasiado éxito. Eso daba miedo en el complejo presidencial, que tras el pinchazo se quedaron tranquilos. Junts y Puigdemont ya no mueven a tanta gente como antes. Pero aún así hay que tener cuidado, que unos pocos pueden poner a su socio Pere Aragonès en una tesitura de difícil respuesta.

Desde el Gobierno no se quedan únicamente con la satisfacción de que los tribunales italianos no vayan a poner en peligro la estabilidad de la coalición de izquierdas. Quieren que el probable ‘no’ de los tribunales de Cerdeña al Supremo sea «un nuevo varapalo para la justicia española». Parecería inaudito que un gobierno fuera en contra de los intereses del Estado. Pero para Sánchez su único interés es mantenerse en Moncloa, y todo lo que ahora pueda poner en riesgo su silla le molesta. Por eso, pese a repetir en distintas ocasiones que se comprometía a traer a Puigdemont de vuelta a España, su principal deseo es que mientras necesite a los independentistas el expresidente catalán siga siendo libre.

Y con las sospechas de que desde la judicatura se incentivó la detención del máximo responsable del desafío separatista, con la ayuda del CNI, el interés para que el Tribunal Supremo reciba «otro revés» por parte de un estado europeo es elevado. Fuentes gubernamentales sostienen que «de esta forma se evidenciará la necesidad de renovar cuanto antes los órganos judiciales, bloqueados por parte del Partido Popular». Así pues el probable rechazo a la extradición de Puigdemont será usado por el Gobierno para reivindicar la necesidad de «renovar el CGPJ» para «fortalecer nuestro poder judicial». Y para que cuando Europa se pronuncie sobre la situación del órgano de dirección de los jueces el Ejecutivo pueda defenderse. El líder separatista va camino de convertirse en un comodín en la guerra abierta entre Moncloa y los jueces.

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