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La apuesta de 445 millones de Musk por Trump se vuelve en su contra: pierde 33.000 millones en bolsa tras las elecciones

La victoria demócrata dispara Wall Street, pero golpea a las empresas de Musk como principal financiador republicano

La apuesta de 445 millones de Musk por Trump se vuelve en su contra: pierde 33.000 millones en bolsa tras las elecciones
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  • Celia Amayuelas
  • Celia Amayuelas Díaz (Madrid, 1999), periodista y economista con más de 6 años de experiencia en medios digitales, se incorporó a OKDIARIO en 2026 procedente de finanzas.com, 'El Español' y Capital Radio. Puedes contactar conmigo en [email protected]

La victoria demócrata en las elecciones de mitad de mandato de Estados Unidos ha provocado un vuelco en Wall Street. Mientras los principales índices estadounidenses celebraban el nuevo equilibrio político, las empresas de Elon Musk se situaban entre las perjudicadas. Tesla llegó a perder más de un 5% y SpaceX superó el 7% de caída en determinados momentos de la negociación. Lo que supone una pérdida de 33.000 millones de su fortuna.

Sin embargo, no todas las compañías están sufriendo las consecuencias de la victoria demócrata. Mientras buena parte de Wall Street celebra el nuevo escenario político, las empresas de uno de los grandes aliados de Trump se encuentran en el lado opuesto y esto se debe, según los analistas, a la creciente preocupación de los inversores por las consecuencias económicas de la estrecha vinculación de Elon Musk con el presidente estadounidense.

Los demócratas han arrebatado a los republicanos el control de la Cámara de Representantes y el Senado, abriendo una nueva etapa de gobierno dividido en Washington. La reacción bursátil ha sido significativa: el Dow Jones cerró la sesión del miércoles con una subida cercana al 3%, mientras el S&P 500 avanzó un 1,6% y el Nasdaq ganó un 1,4%.

Sin embargo, no todas las compañías han participado de este optimismo. Los inversores han comenzado a señalar a los ganadores de estas midterms más allá de los demócratas; aquellas empresas que podrían beneficiarse de una mayor supervisión política y aquellas cuyos negocios podrían verse afectados por nuevas investigaciones, restricciones o cambios regulatorios.

Para Pablo Vega, analista de Roams, lo sucedido con las compañías de Musk no responde únicamente a los movimientos habituales del mercado. «El mercado está poniendo precio al riesgo político asociado a Musk», explica el experto.

La divergencia entre las cotizaciones de Tesla y SpaceX y el comportamiento del conjunto de Wall Street apunta a una penalización específica ante la posibilidad de una mayor supervisión demócrata sobre sus negocios y sus planes de integración empresarial.

Además, esta penalización podría prolongarse si las nuevas exigencias regulatorias terminan provocando retrasos, costes adicionales o restricciones sobre los proyectos del empresario. «Ahí es donde la incertidumbre empieza a tener un coste económico tangible», advierte Vega.

Musk financiaba parte de las elecciones

La relación de Elon Musk con Donald Trump se ha convertido en uno de los elementos centrales del análisis financiero posterior a las elecciones. El empresario ha destinado 445 millones de dólares durante el ciclo electoral para respaldar a candidatos y organizaciones republicanas, una apuesta que no ha impedido que los demócratas recuperen el control del Congreso. 

Lo más reseñable es que una parte especialmente importante de estos recursos se concentra en Texas, estado en el que los demócratas también consiguieron victorias relevantes y en el que el empresario mantiene algunas de sus principales instalaciones industriales y tecnológicas, cuyas operaciones dependen de permisos, autorizaciones y decisiones administrativas tanto estatales como federales.

El problema es que Musk ha dejado clara su postura política. El empresario destinó más de 250 millones de dólares a los republicanos únicamente durante el tercer trimestre. En este contexto, Vega sentencia: «La apuesta política de Musk ya supone un lastre reputacional y bursátil, y puede convertirse en un coste empresarial más duradero».

No obstante, el impacto podría ser diferente en cada negocio. Mientras que en Tesla la principal amenaza está relacionada con la reputación de la marca y las decisiones de compra de los consumidores, en SpaceX las preocupaciones se concentran en los contratos públicos y las relaciones con la Administración estadounidense.

Problemas para Tesla

La incertidumbre política llega en un momento especialmente delicado para Tesla, que trata de convencer a los inversores de que su futuro depende cada vez menos de la fabricación de vehículos eléctricos y más del desarrollo de tecnologías como la conducción autónoma, la inteligencia artificial y la robótica.

Esta transformación del modelo de negocio tiene importantes implicaciones bursátiles. Una parte de las expectativas de crecimiento de Tesla descansa sobre proyectos cuyo potencial comercial todavía debe demostrarse.

Vega señala que la automoción «sostiene el negocio actual de Tesla, pero la conducción autónoma, la IA y la robótica sostienen buena parte de las expectativas sobre su valoración».

En este escenario, la exposición política de Musk actúa como un factor adicional de volatilidad. Vega considera que la evolución de los márgenes, las entregas de vehículos y la capacidad de transformar las inversiones tecnológicas en ingresos y generación de caja serán decisivas para sostener la valoración de Tesla.

SpaceX y su relación con la Casa Blanca

La situación de SpaceX presenta características diferentes a las de Tesla. La compañía aeroespacial mantiene una relación estratégica con el Gobierno estadounidense, tanto por su participación en programas espaciales y de defensa como por la necesidad de obtener autorizaciones para desarrollar sus actividades.

La empresa está expuesta a un contrato de lanzamientos de seguridad nacional cuyo valor previsto ronda los 5.924 millones de dólares. A ello se suman los permisos, las revisiones medioambientales y los requisitos de seguridad asociados al desarrollo de Starship.

«La relación de SpaceX con el Gobierno estadounidense es estratégica: depende de él como cliente y como regulador de su expansión», explica. El nuevo escenario político podría traducirse en una mayor presión sobre el cumplimiento de los contratos y en un escrutinio más intenso de las adjudicaciones públicas.

Más allá de la reacción en Bolsa, uno de los asuntos que ha adquirido relevancia tras las elecciones es la posibilidad de que Tesla y SpaceX terminen integrándose bajo una misma estructura empresarial. Tesla ha comunicado a la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) que un comité de consejeros independientes de posibles conflictos de interés está explorando una mayor vinculación con SpaceX, incluida una eventual combinación empresarial.

La unión de ambas compañías podría generar sinergias en áreas como la inteligencia artificial, la capacidad de computación y la ingeniería. Sin embargo, también introduciría nuevos interrogantes relacionados con la financiación, la valoración de cada negocio y la protección de los accionistas.

Los demócratas frenan la fusión

La nueva composición del Congreso añade otro elemento de incertidumbre. Aunque el Legislativo no tiene capacidad directa para aprobar o rechazar una fusión empresarial, un mayor escrutinio político podría complicar su desarrollo y elevar los costes regulatorios.

La evolución de Tesla y SpaceX en los próximos meses dependerá, por tanto, de factores que van más allá de la reacción inmediata de Wall Street. Los resultados empresariales, la rentabilidad de las inversiones tecnológicas, los contratos públicos y el desarrollo de las posibles operaciones corporativas seguirán siendo determinantes.

Pero las elecciones han añadido un elemento que los inversores tendrán que incorporar a sus cálculos: el riesgo político de un empresario cuyas compañías operan en sectores especialmente sensibles a las decisiones de Washington.

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