Salida a Bolsa

La City pregunta a Puig el precio de sus compras y cómo se pronuncia su nombre ante la salida a Bolsa

La compañía catalana de cosmética Puig busca captar hasta 3.500 millones

Puig
El diseñador Dries Van Noten y Marc Puig.
Eduardo Segovia
  • Eduardo Segovia
  • Corresponsal de banca y empresas. Doctor y Master en Información Económica. Pasó por El Confidencial y dirigió Bolsamanía. Autor de ‘De los Borbones a los Botines’.

La compañía cosmética catalana Puig ha presentado en Londres la que va a ser la mayor salida a la Bolsa española de este año y probablemente la primera en más de dos años ante la renuncia de Astara a saltar al parqué. Los inversores de la City han han preguntado a Puig por los precios que ha pagado por sus adquisiciones, información que no ha revelado la empresa, y algo curioso: cómo se pronuncia su nombre.

Puig busca captar hasta 3.500 millones con una valoración del 100% de la compañía que algunas fuentes estiman entre 8.000 y 10.000 millones. Es decir, se trata de una operación muy importante para el mercado español, y de ahí la necesidad de atraer inversores internacionales, lo que explica su visita a Londres dentro de lo que se conoce como premarketing (contactos preliminares con inversores institucionales para conocer su disposición a comprar acciones).

Para ello, uno de sus principales argumentos son los resultados de 2023 de la empresa: el beneficio fue de 465 millones de euros, un 16% más que el año anterior, con una facturación que creció el 19%, hasta 4.304 millones.

Pero el mercado –y más los grandes bancos de inversión– exige mucha más transparencia, como ha quedado demostrado en el caso de la también catalana Grifols. Puig ha crecido muchísimo en los últimos años a base de adquirir marcas muy conocidas de perfumería y cuidado de la piel. Las últimas han sido las de la alemana Dr Barbara Sturm, la británica Charlotte Tilbury, la sueca Byredo, la belga Dries Van Noten o la francesa Jean-Paul Gaultier.

Sin embargo, no ha relevado el precio pagado en ninguno de estos casos. Y ésa es una información que los analistas y gestores de fondos quieren conocer, así como si los planes de la empresa contemplan seguir creciendo a base de compras.

De esta forma, pueden hacer sus previsiones de resultados a futuro y calcular una valoración, es decir, un precio objetivo. Si éste está por encima del precio de la OPV (oferta pública de venta), comprarán acciones; si está por debajo, no acudirán a la oferta.

De momento, lo único que ha dicho Marc Puig, consejero delegado de la compañía y nieto del fundador, a este respecto es que «tenemos que ser conscientes de que cada fundador de una marca es diferentes» y que, precisamente, lo que les hace decidirse por vender a Puig es que son más flexibles que otras grandes firmas del sector y no meten a todos en el mismo molde.

Curiosamente, una de las razones esgrimidas por el consejero delegado para salir a Bolsa es precisamente la disciplina y la transparencia que se exige a las empresas cotizadas. Una fuente del mercado español asegura que «salen más por una cuestión de imagen porque no necesitan realmente el dinero».

¿Cómo se pronuncia?

Otra de las preguntas más repetidas, curiosamente, es cómo se pronuncia Puig, algo bastante complicado para los angloparlantes. «¿Pwig? ¿Pweej? ¿Pooj? Bueno, casi. De hecho, el nombre en catalán se pronuncia poodge», escribe un analista británico en un comentario sobre la operación.

Las que sí son muy conocidas son las principales marcas de la cartera de Puig: además de las citadas anteriormente, es propietaria de Paco Rabanne, Carolina Herrera, Nina Ricci, Penhaligon’s, L’Artisan Parfumeur, Uriage, Apivita, Kama Ayurveda y Loto del Sur, y también tiene licencias de Christian Louboutin, Banderas y Adolfo Domínguez.

En cualquier caso, la familia propietaria quiere culminar la OPV cuanto antes; de hecho, querría haberla ejecutado en el primer trimestre, pero el momento del mercado no lo ha permitido hasta ahora. Como informó OKDIARIO, tiene avanzada la elaboración del folleto de la operación y tiene contratados a los asesores de la misma: Goldman Sachs y JP Morgan.

Puig tiene una estructura societaria muy compleja, pero de propiedad familiar, y los fundadores quieren dar el salto al parqué para «poner en valor» su participación, preparar la sucesión para la siguiente generación y dar entrada a socios minoritarios. En estos casos, es fundamental para la familia fundadora mantener más del 51% para asegurarse así el control. Lo cual normalmente implica ofrecer un importante descuento a los inversores, ya que no van a tener ninguna influencia en la gestión de la compañía para rentabilizar su inversión.

Los propietarios de la empresa se enfrentan a un dilema: salir cuanto antes para aprovechar el buen momento, aunque tengan que ofrecer algo más de descuento (confiando en el recorrido posterior de las acciones en Bolsa) o esperar a un momento mejor en el que conseguir un precio más alto… que puede no llegar nunca.

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