Científicos de la NASA ponen el grito en el cielo: los suelos agrícolas emiten gases contaminantes en función del Sol
Durante muchos años, el estudio de la contaminación se ha centrado en fuentes visibles y continuas, como el tráfico rodado o las chimeneas industriales. Sin embargo, el avance de la observación satelital ha permitido ampliar el foco hacia procesos naturales que influyen en la composición del aire. En este contexto, los suelos agrícolas han empezado a figurar en estos estudios.
Para entender mejor esto, la clave está en la capacidad de medir cómo varían las emisiones a lo largo del día. No se trata de una liberación constante, sino de un proceso dinámico condicionado por el calor, la humedad y la gestión del terreno. Esta nueva mirada abre preguntas relevantes sobre el papel de los suelos agrícolas en la calidad del aire y sobre cómo interpretar estos datos.
Un nuevo enfoque para observar la contaminación desde el espacio
El instrumento TEMPO, desarrollado por la NASA, marca un punto de inflexión en la monitorización de la atmósfera. Situado en órbita geoestacionaria desde 2023, permite observar América del Norte con una resolución temporal inédita: mediciones horarias durante las horas de luz.
Frente a los satélites anteriores, que ofrecían una única imagen diaria, TEMPO proporciona una secuencia continua que muestra la evolución de los contaminantes.
Este enfoque ha permitido identificar variaciones rápidas en gases como el dióxido de nitrógeno (NO₂), estrechamente relacionado con problemas respiratorios y con la formación de ozono troposférico.
Al analizar esas fluctuaciones, los investigadores detectaron que no todas las subidas respondían al tráfico urbano o a fuentes industriales, lo que llevó a observar con más detalle amplias zonas rurales dominadas por suelos agrícolas.
Los suelos agrícolas y las emisiones de óxidos de nitrógeno que generan
Uno de los casos más analizados se produjo en el valle del río Rojo, una región con alta actividad agraria. Las mediciones mostraron niveles normales de NO₂ durante las primeras horas del día, coincidiendo con la movilidad urbana.
Sin embargo, a partir del mediodía, los valores aumentaron de forma notable en áreas alejadas de grandes núcleos de población.
La explicación se encuentra bajo la superficie. Los suelos agrícolas suelen recibir fertilizantes ricos en nitrógeno para mejorar el rendimiento de los cultivos. Cuando la temperatura sube y existe un determinado grado de humedad, los microorganismos del suelo intensifican su actividad y transforman ese nitrógeno en gases que se liberan a la atmósfera.
TEMPO ha confirmado que este proceso se intensifica con la radiación solar, alcanzando picos en las horas centrales del día.
El papel del Sol, la temperatura y la humedad de los suelos agrícolas
Las observaciones horarias han permitido comprobar que las emisiones no son uniformes. Funcionan como un ciclo diario muy marcado, en el que el Sol actúa como desencadenante.
A mayor calentamiento del suelo, mayor actividad microbiana y, por tanto, mayor liberación de óxidos de nitrógeno. Cuando la temperatura desciende al final de la jornada, las emisiones también se reducen.
Este comportamiento convierte a los suelos agrícolas en una fuente variable de contaminación, difícil de detectar con métodos tradicionales. La combinación de calor, humedad y aplicación reciente de fertilizantes resulta determinante.
Los datos, publicados en un estudio de la NASA, muestran que pequeñas variaciones meteorológicas pueden provocar cambios significativos en la cantidad de gases emitidos en cuestión de horas.
Implicaciones de este hallazgo para la salud, la agricultura y la gestión ambiental
El descubrimiento tiene implicaciones que van más allá del ámbito científico. Conocer los momentos del día en los que los suelos agrícolas emiten más contaminantes permite afinar los modelos de calidad del aire y mejorar los sistemas de alerta. Hasta ahora, muchos picos de contaminación en zonas rurales no tenían una explicación clara basada solo en fuentes urbanas.
Además, esta información abre la puerta a una gestión más precisa de los fertilizantes. Ajustar los tiempos y las condiciones de aplicación podría reducir pérdidas de nitrógeno, con impacto tanto económico como ambiental.
Y si lo ponemos desde el punto de vista institucional, disponer de datos casi en tiempo real facilita la toma de decisiones y la planificación de políticas relacionadas con la salud pública y la sostenibilidad agraria.
Los responsables de la misión TEMPO subrayan en un comunicado que el acceso abierto a estos datos permitirá ampliar los estudios y cerrar lagunas de conocimiento sobre el origen y la evolución de la contaminación. Así, la observación continua demuestra que los suelos agrícolas no son un elemento pasivo, sino un actor relevante en la dinámica diaria de la atmósfera.