La ciencia española celebra un hito sensacional: el estudio del ámbar desvela cómo vivían los insectos prehistóricos
Un nuevo análisis de ámbar llevado a cabo por la ciencia española ha permitido asomarse, con un nivel de detalle poco habitual, a la vida de los insectos prehistóricos. Estas piezas de resina fosilizada conservan organismos atrapados hace millones de años y ayudan a entender qué papel tenían en los ecosistemas del pasado.
Más allá de la simple curiosidad por ver insectos extinguidos, el verdadero interés está en cómo aparecen juntos dentro del ámbar. ¿Estaban interactuando cuando quedaron atrapados o coincidieron allí por azar? Esa es la pregunta que ha guiado este trabajo.
Qué reveló el estudio del ámbar sobre estos insectos
La investigación ha estado dirigida por el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC-CSIC), adscrito a la Universidad de Castilla-La Mancha. En el mismo, los autores explican que analizaron seis piezas de ámbar excepcionalmente bien conservadas para profundizar en las hormigas que convivieron con los dinosaurios.
Los científicos se centraron en un fenómeno poco frecuente llamado sininclusión: cuando varios organismos de distintas especies quedan atrapados en la misma porción de resina. Este detalle, que puede pasar desapercibido, es clave para intentar reconstruir posibles relaciones ecológicas.
Cuatro de las muestras procedían del Cretácico, con unos 99 millones de años de antigüedad. Las otras correspondían al Eoceno y al Oligoceno, con edades comprendidas entre aproximadamente 56 y 23 millones de años. Con ayuda de microscopios de alta potencia, el equipo identificó especies y midió con precisión la distancia entre hormigas y otros insectos o artrópodos.
En tres de las seis piezas aparecieron hormigas muy próximas a ácaros. En una de ellas, una hormiga corona estaba acompañada por una avispa y dos ácaros situados tan cerca que no se descarta que viajaran sobre ella. En otra muestra, una hormiga Stem y un ácaro apenas estaban separados por cuatro milímetros.
También se encontraron combinaciones más complejas: tres especies distintas de hormigas cerca de un ácaro, termitas, mosquitos mal conservados y un insecto alado.
En otra pieza, una hormiga Stem apareció junto a lo que podría ser una avispa parásita y una araña. La postura de la hormiga sugiere que estaba alimentándose, aunque los investigadores consideran que su cercanía con otro organismo podría deberse simplemente a la casualidad.
¿Estaban interactuando o solo compartieron el mismo final?
El equipo plantea que cuanto menor es la distancia entre los organismos en el ámbar, más probable es que existiera algún tipo de interacción en vida. En el caso de hormigas y ácaros, se barajan dos escenarios: una relación comensal temporal, en la que los ácaros se adherían a las hormigas para desplazarse a nuevos hábitats, o un posible parasitismo durante ese transporte.
Sin embargo, los investigadores insisten en la prudencia. Que dos especies aparezcan juntas no significa automáticamente que estuvieran relacionadas. Es posible que quedaran atrapadas en la misma resina en momentos muy cercanos sin haber interactuado.
Para aclarar estas dudas, proponen emplear técnicas de imagen más avanzadas, como escáneres micro-CT, que permitirían detectar estructuras de fijación en los ácaros y confirmar si realmente se sujetaban a las hormigas. En el caso de la araña encontrada junto a una hormiga, se apunta a que podría tratarse de una especie capaz de camuflarse como ellas, lo que explicaría su proximidad.
En definitiva, estas piezas de ámbar funcionan como pequeñas escenas congeladas del pasado. Aunque no siempre sea posible distinguir entre interacción y coincidencia, el estudio aporta nuevas pistas sobre el comportamiento y los hábitos ecológicos de insectos que desaparecieron hace millones de años.