Ojo en Arizona, caballo en Palma
En la encrucijada en que se encuentra el Mallorca, enfrentado a un proceloso e inminente calendario y un punto del descenso dramático muy cercano a la tragedia, es imposible cambiar nada si siempre se hacen las mismas cosas. Puede que vender la SAD y regresar a Arizona para solventar otros asuntos en los que batalla el presidente Kohlberg, sea un paso adelante de cara al futuro, pero no arregla nada hoy.
A este equipo no lo levanta Arrasate, pero tampoco García Plaza, García Pimienta o el «sunsum corda». Lo más obvio para alimentar alguna posibilidad de rehacer el estropicio es reforzar seriamente el vestuario, lo que exige inversión y conocimientos no probados por el actual responsable de su planificación. Plantear el relevo del técnico es lo más fácil pero de improbable, por no decir imposible, eficacia. Si Andy Kohlberg, el amo enfrascado en demandas y contra demandas en Arizona relacionadas con sus acciones minoritarias en los Phoenix Suns, tuviera el ojo más cerca del caballo en lugar de leer la novela que le cuentan los asalariados en quienes ha confiado el negocio del proyecto que nunca existió, concluiría que la alternativa de cambio no está en el inquilino del banquillo, sino más arriba, donde trabajan aquellos que nunca le van a contar la realidad. No solamente es más ciego quien no quiere ver, sino también y más peligroso, aquel que no desea mirar.
«Més val perdre que més perdre», dicen en esta tierra de conquista y desembarco. Si con su política, Alfonso Díaz no ha conseguido cerrar el ejercicio con beneficios y el otro ejecutivo jefe, Ortells, no ha logrado reunir una plantilla competitiva y renovada, más claro blanco y en botellla, no en «tetra brick». Monti Galmés, el último «mohicano» mallorquín que ha pasado por el club, se lo dijo ya en tiempos de Maheta Molango, pero ustedes no quisieron creerle. Aquí tienen el resultado. Por eso, entre otras cosas, ustedes serán los propietarios del RCD Mallorca SAD, pero nunca sus dueños.