El extraño caso del coche fúnebre abandonado en la barriada palmesana de Son Xigala
El vehículo, que lleva días sin moverse y presenta signos de deterioro, no puede ser retirado de inmediato debido al procedimiento legal

En el tranquilo barrio de Son Xigala, en Palma, donde las mañanas suelen transcurrir entre paseos y saludos entre vecinos, un vehículo poco habitual ha alterado la rutina: un coche fúnebre estacionado desde hace días en la misma plaza y con evidentes signos de abandono.
La escena, cuanto menos llamativa, no ha pasado desapercibida. Su silueta alargada y su estética inconfundible han despertado comentarios, bromas y también preguntas entre los residentes. «No es el coche que uno espera ver tanto tiempo quieto frente a casa», comenta María Antonia, una vecina con media sonrisa.
Pero más allá de lo anecdótico, la situación tiene una explicación clara. La retirada de un vehículo abandonado en Palma no puede hacerse de forma inmediata, ya que está sujeta a un procedimiento legal estricto que garantiza los derechos del propietario.
El proceso, según la Policía Local, comienza cuando el coche permanece más de diez días estacionado sin moverse y presenta signos evidentes de deterioro. En ese momento, los servicios municipales colocan un adhesivo informativo en el vehículo y notifican formalmente al titular. A partir de ahí, se abre un plazo legal de 21 días para que el propietario pueda retirarlo por sus propios medios. Durante ese tiempo, aunque el vehículo siga ocupando espacio en la vía pública, no puede ser trasladado por la grúa.
Solo si transcurrido ese periodo el coche continúa en el mismo lugar, se procede a su retirada y traslado al depósito municipal. Desde el Ayuntamiento recuerdan que este protocolo se aplica a todos los vehículos abandonados en la ciudad. El objetivo es respetar la legalidad y, al mismo tiempo, liberar espacio en las calles para mejorar la convivencia vecinal.
Mientras tanto, el coche fúnebre sigue en Son Xigala, convertido casi en un personaje más del barrio. «Tomeu, tienes el taxi aparcado en la puerta», comenta un vecino a un amigo en la barra de un bar próximo. Entre la sorpresa y el humor, los vecinos aguardan a que se cumplan los plazos. Porque incluso en los casos más curiosos, la administración tiene sus tiempo y la grúa también.