FUSIÓN NUCLEAR

Europa tardó 16 años en fabricar su parte de la cámara de vacío del ITER y acaba de llegar la última pieza: 440 toneladas para el mayor reactor de fusión del mundo

Europa fabricó cinco sectores en 16 años, con más de 2 millones de horas de trabajo y 750 km de soldaduras; el último módulo debe estar en el foso a mediados de 2027.

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El último sector de la cámara de vacío del ITER llega a las instalaciones del proyecto en Saint-Paul-lez-Durance (Francia)
Sector de la cámara de vacío del ITER
Adrián Villellas

El viernes 2 de octubre de 2026 llegó a Cadarache, en el sur de Francia, la última gran pieza que faltaba en la obra del ITER, el mayor reactor experimental de fusión del mundo. Es el sector n.º 2 de su cámara de vacío, una mole de acero de 440 toneladas que había salido del puerto italiano de Monfalcone a mediados de septiembre.

El lunes 5 de octubre, trabajadores, contratistas y representantes de la industria se reunieron junto a la pieza, todavía envuelta en su carcasa protectora. El director general del ITER, Pietro Barabaschi, la definió como «un monumento», según el boletín de la organización.

Con su llegada, ya están en la obra todos los componentes necesarios para completar el núcleo de la máquina. El ITER llama así al criostato, a todos los imanes superconductores y a la cámara de vacío con su escudo térmico, y deja fuera los componentes internos, como el divertor y la manta.

Nueve sectores para una cámara de 1.400 m³

La cámara de vacío es el recipiente hermético, de doble pared de acero inoxidable, en el que se producirán las reacciones de fusión. En su interior, con forma de rosquilla o toro, el plasma, un gas a temperaturas extremas, dará vueltas sin tocar las paredes gracias a los imanes que la rodean.

Una vez unidos, los nueve sectores formarán una estructura de 19,4 m de diámetro exterior, 11,4 m de altura y unas 5.200 toneladas, que pasará a 8.500 cuando se instalen la manta y el divertor, según la ficha técnica del ITER.

El volumen interior será de 1.400 m³, y el del plasma, 840 m³ en el centro, será «seis veces mayor que el del mayor tokamak en funcionamiento hoy en el mundo», explica la organización. Un tokamak es una máquina que encierra el plasma con campos magnéticos dentro de una cámara con forma de rosquilla.

Dieciséis años de trabajo en fábricas de Italia

Corea del Sur fabricó cuatro de los sectores y Europa, los cinco restantes. La parte europea la gestionó Fusion for Energy (F4E), la agencia de la UE para el ITER, con el consorcio AMW, formado por Ansaldo Nucleare, Westinghouse y Walter Tosto, y con una cadena de suministro de al menos 15 empresas.

Según la nota de F4E, los cinco sectores europeos exigieron más de 2 millones de horas de trabajo y 750 km de cordones de soldadura. Cada sector se compone de cuatro segmentos, fabricados en Monfalcone y en Chieti, que después se sueldan entre sí.

El director de F4E, Marc Lachaise, siguió la celebración por videoconferencia. «Es un momento emotivo para mí y para otros», dijo, según el boletín del ITER. «Podemos estar orgullosos de lo que hemos conseguido».

En la nota de su agencia, Lachaise añade que el último sector europeo «es fruto de la estrecha colaboración entre F4E y el consorcio de Ansaldo Nucleare, Westinghouse y Walter Tosto». «Trabajamos como un solo equipo, de forma integrada con la Organización ITER, y aprovechamos las lecciones aprendidas de ITER Korea en la fabricación del resto de los sectores», explica.

Daniela Gentile, consejera delegada de Ansaldo Nucleare, habla en la misma nota de «la culminación de un gran viaje de compromiso, innovación, colaboración industrial y excelencia».

Seis de los nueve módulos ya están en el foso

Según Barabaschi, la entrega «permitirá continuar con el montaje de la máquina según el calendario». «El sector n.º 2 de la cámara de vacío es el último de los componentes del núcleo del tokamak», añadió el día de la celebración. «Ya están en la obra todas las bobinas de campo toroidal, las bobinas de campo poloidal, las bobinas de corrección, los imanes del solenoide central, los sectores de la cámara de vacío y los conjuntos del escudo térmico».

Antes de bajar al foso, cada sector se integra con paneles de escudo térmico y dos bobinas de campo toroidal de unas 310 toneladas cada una. El conjunto se llama módulo de sector y se coloca con tolerancias de milímetros.

El 28 de julio de 2026 bajó al foso el sexto de esos nueve módulos, de unas 1.100 toneladas, en una maniobra de izado que duró 30 horas. Según la nota de prensa del ITER, con él quedaron instalados dos tercios del núcleo en forma de toro, casi seis meses antes de lo previsto.

El siguiente es el módulo n.º 9, que la organización quiere trasladar al foso a principios de diciembre. «El trabajo en el módulo de sector n.º 9 es especialmente importante porque está en la ruta crítica», explicó en septiembre Jens Reich, director del programa de montaje de la máquina del ITER. La ruta crítica es la cadena de tareas en la que cualquier retraso retrasa todo el proyecto.

«Trabajamos con secuencias ajustadas, pero a estas alturas estamos contentos con los avances», añadió Reich. Después quedarán los módulos de los sectores n.º 3 y n.º 2, el que acaba de llegar.

El último módulo debe estar colocado a mediados de 2027

El ITER preveía colocar el último módulo en diciembre de 2027, pero las mejoras en la secuencia de montaje han adelantado la fecha a mediados de ese año. «Ahora nos centramos en mantener este ritmo y en colocar el último módulo de sector a mediados de 2027, o antes si las condiciones lo permiten», dijo en julio Sergio Orlandi, responsable del proyecto de construcción del ITER.

Luego vendrá la soldadura de los sectores entre sí para cerrar el toro. Tres de ellos ya descansan sobre sus soportes definitivos, y Sébastien Koczorowski, director adjunto del programa de montaje de la máquina, asegura que «el proceso funciona como esperábamos y podemos empezar a mirar hacia la fase de soldadura».

Lo que la entrega no resuelve

El propio boletín del ITER reconoce que «el camino hacia una máquina ITER montada no ha terminado». Aún tienen que llegar los componentes internos, los sistemas de la planta y otros equipos, y queda mucho trabajo de montaje.

El calendario presentado en 2024 sitúa en 2034 el inicio de la operación científica, con plasmas de hidrógeno y de deuterio. La plena energía magnética llegaría en 2036 y la fase de deuterio-tritio, el combustible que producirá energía de fusión, en 2039, cuatro años más tarde de lo previsto en el plan de 2016.

Ese retraso tiene que ver, en parte, con las reparaciones. En 2026 terminaron una campaña de tres años para arreglar los biseles de los sectores, los bordes que se soldarán entre sí, y otra para cambiar unos 11 km de tuberías del escudo térmico en las que habían aparecido grietas microscópicas por corrosión bajo tensión.

La meta del ITER es producir 500 MW de potencia térmica de fusión a partir de 50 MW de calentamiento. Barabaschi advirtió en 2024 de que «la fusión no puede llegar a tiempo para resolver los problemas que afronta hoy nuestro planeta», aunque confía en que «marcará la diferencia cuando llegue», y de que su comercialización exigirá varias tecnologías «que el ITER no resolverá».

Mientras tanto, empresas privadas como Commonwealth Fusion Systems, en la que ha invertido Hyundai, quieren conectar a la red una central de 400 MW, y tokamaks más pequeños como el británico MAST Upgrade siguen sumando récords.

La nota se ha publicado en ITER Newsline.

Crédito de la imagen: ITER Organization.

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