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Los chinches de cama llegan en otoño, pero hay un pesticida natural más eficaz que los insecticidas químicos capaz de eliminar hasta el 97%

Chinches, insectos, plaga
Tierra de diatomeas y equipo de aplicación para control de chinches.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Un chinche es de los insectos más molestos del otoño, y también de los más resistentes: muchas poblaciones ya han desarrollado inmunidad frente a los insecticidas químicos convencionales. Un estudio de la Universidad de Rutgers ha encontrado, sin embargo, un pesticida natural capaz de superar a esos mismos químicos en condiciones reales: la tierra de diatomeas, con una reducción de hasta el 97,6% de la población de chinches.

Muchos profesionales del control de plagas dan por hecho que un tratamiento natural rinde menos que una fumigación química, pero los resultados del estudio apuntan en otra dirección: el programa con tierra de diatomeas redujo más el número de chinches que el basado en clorfenapir, a un coste casi idéntico.

Cómo es el pesticida natural que elimina hasta el 97% de las chinches

La tierra de diatomeas parece a simple vista una harina fina o un talco blanco, sin olor y muy seco al tacto. Bajo el microscopio, sin embargo, revela su verdadera naturaleza, está compuesta por los esqueletos fosilizados de diatomeas, algas unicelulares que vivieron hace millones de años, y cada partícula tiene bordes afilados y geométricos, parecidos a diminutos fragmentos de vidrio.

Su acción es puramente mecánica. Los bordes afilados de los microfósiles rayan y cortan la cutícula cerosa que protege al insecto, y el polvo, muy poroso, absorbe los aceites y grasas de su cuerpo como una esponja. Al perder esa capa protectora, el insecto ya no puede retener agua y muere por deshidratación en pocos días, un mecanismo físico contra el que ningún insecto puede desarrollar resistencia biológica.

La investigación, publicada en 2009 en el Journal of Economic Entomology y liderada por el entomólogo Changlu Wang de la Universidad de Rutgers, se realizó en 16 apartamentos reales con infestaciones activas de chinches de cama, con un seguimiento de 10 semanas. Todos los apartamentos recibieron primero una limpieza mecánica idéntica, con fundas protectoras en colchones y vapor caliente, antes de dividirse en dos grupos.

Un grupo recibió tierra de diatomeas espolvoreada en grietas y zócalos, mientras el otro recibió un insecticida químico residual, el clorfenapir, al 0,5%. Al cabo de las 10 semanas, la tierra de diatomeas logró una reducción promedio del 97,6% en el conteo de chinches, frente al 89,7% del insecticida químico, con un coste económico prácticamente idéntico en ambos grupos.

Cómo aplicar la tierra de diatomeas en casa para eliminar a los chinches

Antes de espolvorear conviene aspirar a fondo el colchón, el somier y los zócalos, y lavar la ropa de cama a más de 60 grados para eliminar huevos y ejemplares con el calor. El polvo debe aplicarse con un fuelle o insuflador, nunca a mano ni con botes perforados, en una capa casi invisible, porque las chinches evitan los montones gruesos y solo mueren si caminan sobre una capa fina sin detectarla.

Los puntos clave son las costuras del colchón y el somier, las uniones de madera de la estructura de la cama, los zócalos del perímetro de la habitación y detrás de las tapas de los enchufes. Es imprescindible usar tierra de diatomeas de grado alimentario, nunca la de grado industrial para filtros de piscina, que contiene sílice cristalina tóxica para los pulmones, y aplicarla siempre con mascarilla, en un ambiente seco, porque pierde toda su eficacia en cuanto absorbe humedad.

Por qué los chinches salen en otoño

Los expertos distinguen dos tipos de chinches que reaccionan al otoño de forma distinta. Las chinches de campo y de jardín, como la apestosa marrón, viven al aire libre en primavera y verano, y cuando bajan las temperaturas buscan refugio térmico para hibernar, colándose en masa por grietas, ventanas y conductos de ventilación de los edificios, sin intención de morder a nadie.

Las chinches de cama, en cambio, viven exclusivamente en interiores climatizados y no migran por el frío. Su explosión otoñal responde a otras causas: el regreso de los viajes de verano, en los que actúan como polizones escondidas en maletas y ropa, y el pico natural de su ciclo reproductivo tras un verano de calor, que hace que la población acumulada se vuelva evidente justo quando empieza a encenderse la calefacción, un ambiente ideal para que sigan reproduciéndose sin interrupción durante el invierno.

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