Promesas electorales en un infierno fiscal

El Impuesto de Sucesiones es el mayor robo de la Hacienda pública. Sí, es un atraco a mano armada que te puede quitar no sólo lo que tienes, sino también lo que no tienes porque te puede endeudar de por vida de un plumazo. Recapitulemos un momento y ciñéndonos, por ejemplo, a la vivienda. A la hora de realizar un proyecto, desde que se construye hasta que se vende, hay alrededor de 70 impuestos y tasas. Bien, tenemos la casa hecha, ahora nos toca comprarla: Impuesto de Transmisiones Patrimoniales. Ahora toca venderla: plusvalías. Ahora toca ahorrar: IRPF. Ahora toca, por ejemplo, gastar: IVA. Ahora toca donar: impuesto de donaciones. Y, paralelamente, estamos pagando en diversos momentos más de 100 tipos de impuestos. Así que cuando llega el momento de morirte, atracado por todas partes, pues a pagar el Impuesto de Sucesiones, claro que sí. Por eso, éste gravamen es el más descarado de todo el sistema fiscal y está arruinando a familias.

Luego están los que dicen que eso sólo afecta a los ricos. Perdonad, pero no tenéis ni idea. Un ejemplo real, entre miles. A un señor, que cobraba alrededor de 200 euros de subsidio al mes por desempleo, la Agencia Tributaria le pidió 8.000 euros por heredar de la mujer que le había criado desde la infancia un piso protegido en un barrio humilde. ¿Qué pasó? Le embargaron. La herencia para vivir en un piso para una persona sin apenas recursos es una condena para su día a día. Y así en numerosos casos. O, por ejemplo, el niño de 10 años que quizás ya está endeudado de por vida a pagar 400.000 euros al erario público y así, siempre, suma y sigue.

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