A modo de patata caliente para los gobiernos

A modo de patata caliente para los gobiernos
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  • José Mª Gay de Liébana

Nada es imposible, reza el eslogan; por ende, todo es posible. El domingo 15 de septiembre se cumplieron los 11 años desde que Lehman Brothers reventara y que el terremoto financiero de varios grados en la escala bursátil sacudiera a propios y extraños, con epicentro en Wall Street. Las secuelas de aquel terremoto financiero se han ido cronificando en las economías del mundo y las soluciones adoptadas, con empleo masivo de munición monetaria, han intentado paliar sus nocivos efectos, aunque, por lo que parece, las raíces de los males, bastante arrancadas, aún no se han extinguido del todo. Se ha tirado de respiración monetaria asistida para enderezar el rumbo alicaído de la economía en un intento por parte de las autoridades monetarias, con la Reserva Federal y el Banco Central Europeo, de empujar la actividad y, más o menos, algo, que no todo lo que se pretendía, se ha conseguido. Sin embargo, el endeudamiento a nivel mundial, durante todos esos años, no ha parado de crecer y hoy se calcula que es superior en un 60% al existente antes del estallido de la crisis de 2008. Por consiguiente, los estímulos monetarios, en su afán por encarrilar la economía, han conllevado al mismo tiempo unas consecuencias de apalancamientos no deseadas y que, tarde o temprano, serán aún más incómodas.

Quien más quien menos constata que el momento económico no es el mejor y que las cosas no solo no van como querríamos, sino que además el panorama se tuerce. El todavía máximo responsable del Banco Central Europeo, Mario Draghi, también constata que el asunto económico no anda ni mucho menos pletórico. En su penúltima rueda de prensa como mandatario de la institución volvió a mostrar esa generosidad con la Zona Euro que ha caracterizado buena parte de su mandato.

Vuelven las compras de bonos, se incentiva que la banca conceda crédito, se inyectarán mensualmente 20.000 millones de euros sine die, los tipos de interés seguirán rasos… Con todo, el Banco Central Europeo sabe que su armamento monetario se agota. Son, ya, desde ahora, los Estados Miembros de la Zona Euro los que tienen que actuar a través de una política fiscal coordinada. Cuando decimos coordinada es que las decisiones no se pueden tomar por parte de cada cual a la brava sino dentro de un contexto que intente demostrar que la Zona Euro, como la Unión Europea, además de ser una proposición retóricamente política es un ente que actúa de forma conjunta.

Bajar impuestos y aumentar gasto público es la prescripción, mas esa receta entraña un peligro: que el déficit público se dispare, con algunos países estando ya al límite, entre ellos España, y que la deuda pública siga trotando, como acá.

Entonces, el interrogante es: ¿seguirá el Pacto de Estabilidad y Crecimiento exigiendo un tope del déficit público del 3% sobre el producto interior bruto y un máximo de deuda pública del 60%? O, por el contrario, ¿la fuerza de las circunstancias se impone y la Comisión Europea tendrá que ceder ante esos topes? Nada es imposible; ergo, todo es posible…

Y si el panorama está ya de por sí peliagudo, para colmo de males solo faltaba el ataque con drones a Arabia, principal productor de petróleo del mundo y que, de momento, se ve forzado a reducir a la mitad su producción de crudo. Esta noticia cae como un jarro de agua fría sobre las expectativas económicas por cuanto el precio del petróleo se disparará, justo en un momento en el que su pausada tendencia al menos suponía un bálsamo ante tanta tensión geopolítica. Y ya se sabe que, si el precio del petróleo oscila al alza, el encarecimiento en los precios de la mayoría de los productos, con los energéticos al frente, se multiplica. Como consuelo, alguien esgrimirá que así repunta la inflación. Pero ese aumento de la inflación no es porque tire la demanda sino porque aumenta el precio de un producto transversal. Golpe imprevisto para gobiernos y particulares, y otra sombra más en el escenario…

 

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