El portugués André Ventura vence perdiendo
El domingo 8 de febrero se celebraron dos elecciones en la Península Ibérica: la renovación de las Cortes de la comunidad autónoma española de Aragón y las presidenciales de la república de Portugal. El perdedor en ambas ha sido el centroderecha, en el primer caso el Partido Popular y en el segundo el Partido Social-Demócrata.
André Ventura, presidente de Chega, aliado de Vox en el grupo Patriots, sufrió una derrota clamorosa en la segunda vuelta de las presidenciales. El socialista Antonio José Seguro le dobló en votos: 66% contra 33%. Sin embargo, Ventura, que acaba de cumplir 43 años, ha dado otro paso que le acerca al gobierno.
La política, como la guerra, es tan voluble que numerosos éxitos terminan en derrotas. Mariano Rajoy dilapidó de tal manera su mayoría absoluta de 2011 que el PP estuvo a punto de desaparecer y engendró a Vox. El primer ministro británico Keir Starmer, que disfruta de una enorme mayoría absoluta en la Cámara de los Comunes desde 2024, se ha desplomado en las encuestas debido a su pésimo gobierno. Y el nombramiento que hizo como embajador en Estados Unidos de uno de los mandamases del Partido Laborista, Peter Mandelson, relacionado desde hace años con el financiero pederasta Jeffrey Epstein, puede derribarle.
Por el contrario, hay derrotas políticas que, con paciencia y errores ajenos, conciben victorias, como el fracaso de Ronald Reagan por obtener la nominación republicana en 1976 frente al presidente Gerald Ford. Cuatro años más tarde, Reagan la ganó, así como la Casa Blanca, y en 1984 arrasó. Fue fundamental en el derrumbe de la URSS y su popularidad llevó a su vicepresidente a un tercer triunfo republicano seguido en 1988. Ventura se encuentra ahora en esta última situación.
En mayo del año pasado, Chega, fundado en 2019, ascendió a segundo partido de la Asamblea lusa, por delante del partido socialista. El primer ministro, Luis Montenegro (PSD), tuvo que aceptar varios puntos de su programa para seguir gobernando, sobre todo en inmigración. El partido obtuvo un 23% y casi 1,5 millones de votos.
En las presidenciales, con una participación menor en ocho puntos (casi quedó por debajo del 50%), Ventura ha recibido 1,7 millones de sufragios, que suponen un 33%. Un aumento de diez puntos en nueve meses.
El factor decisivo en el resultado de la segunda vuelta de las elecciones ha sido la conducta de los liberales y el centroderecha. Después de la primera vuelta, celebrada el 18 de enero, pasaron a la segunda Ventura, que tuvo un 23%, y el socialista Antonio José Seguro, un caracterizado miembro de la partitocracia (diputado desde los 29 años, profesor, ministro, secretario general del PSP…) que alcanzó un 31%.
El primer puesto para el socialista era engañoso, porque de los cinco candidatos que superaron el 10%, él era el único de izquierdas. Además, había un liberal (16%), un almirante respaldado por el partido monárquico (12%) y un viejo político del PSD (11%). Pero en Portugal no hubo una alianza de «las derechas» o de «las no-izquierdas», como la que en Chile ha conducido a José Antonio Kast a la presidencia.
Ante la posibilidad de que Ventura se convirtiese en jefe de Estado (y en Portugal el presidente tiene más poderes que en Alemania), el Sistema ordenó unir las filas y se reprodujo la coalición de moderados que rige Alemania y Austria. En estos dos países, los gobiernos los forman partidos de centroderecha, integrados en el Partido Popular Europeo, junto a socialistas.
En Portugal, numerosos dirigentes y personalidades del PSD y de Iniciativa Liberal declararon su apoyo a Seguro, salvo el primer ministro Montenegro. ¡Liberales con el mismo candidato que los comunistas! Como en España la Iglesia, la CEOE y Podemos aplaudiendo la regularización de 850.000 inmigrantes.
La unanimidad de políticos y medios de comunicación contra el villano oficial explica ese resultado de dos a uno contra Ventura.
Portugal se ha equiparado así a Alemania, Austria y hasta Francia. Sí, el cordón sanitario ha funcionado, aplauden los progresistas; aunque ¡a qué precio! Los partidos centrales bajan en las elecciones parciales y las encuestas, mientras que los partidos identitarios (Agrupación Nacional, Alternativa para Alemania y Partido de la Libertad) no paran de crecer.
A partir de ahora, en Portugal un solo candidato y un solo partido representan la alternativa al fracaso de un régimen anquilosado. Porque ha sido el régimen entero el que ha formado en contra de ellos. Y eso en política, en momentos de cambio y desencanto, es una carta ganadora.