La izquierda le organiza a Trump una ‘revolución de color’ en su propia casa

Donald Trump, Estados Unidos, inmigrantes ilegales
  • Carlos Esteban
  • Columnista de Internacional. Quince años en el diario líder de información económica Expansión, entonces del Grupo Recoletos, luego en Intereconomía, donde fundó el semanario católico Alba, escribió opinión en Época, en La Gaceta y ahora como freelance en OKDIARIO.

Mientras Trump mete el miedo en el cuerpo a amigos y enemigos en la escena internacional, en casa sus rivales políticos se echan al monte, decididos a que esta sea la última vez que los conservadores les dan un susto. Las posibilidades de que Estados Unidos vuelva a ser políticamente lo que era son nulas.

Hay republicanos, muchos, que, como peperos, sueñan con regresar al plácido turnismo de la Guerra Fría, con dos partidos que vienen a representar dos tonos del mismo color. Los ‘nevertrumpers’ del Partido Republicano no representan a nadie, salvo al Estado Profundo, y el partido será MAGA o no será. Trump se ha encargado de quemar las naves.

Al otro lado, los demócratas han dejado de ser la blanda socialdemocracia de antaño. Han comprado el discurso ‘woke’ de las universidades y, aunque les queme electoralmente, van a mantenerlo, suavizando quizá los aspectos más disparatados.

Pero no hay marcha atrás. Los demócratas son ya abiertamente un partido de izquierda radical, que hace suyas las palabras de Largo Caballero en 1933: «Si la legalidad no nos sirve, si impide nuestro avance, daremos de lado la democracia burguesa e iremos a la conquista revolucionaria del poder».

Los mismos que llamaron «insurrección» a esa manifestación trumpista postelectoral que se salió de madre y acabó entrando en el Capitolio, se apunta ahora al combate callejero, abiertamente. En Minnesota, escenario del mayor fraude con dinero público que se recuerda, desde el propio gobernador, Tim Walz, al alcalde de Minneápolis, su ciudad más importante, Jacob Frey, las autoridades animan directamente a oponerse físicamente a la actuación de una agencia federal, el servicio de inmigración ICE.

Los norteamericanos han votado inequívocamente por la agenda de control de fronteras y deportación de ilegales. Incluso en medio de un cisma en el seno de MAGA a cuenta del súbito belicismo en política exterior, el apoyo al América Primero sigue siendo sólido y mayoritario. Por eso los demócratas y sus poderosos aliados están optando por la acción directa.

No es una conspiración: es abierto, público, expreso. El grupo Defend 612 (en referencia al código postal de Minneapolis) explica con pelos y señales cómo entorpecer la acción de los agentes federales enviados para detener a los inmigrantes ilegales que deben ser deportados, incluyendo sabotajes, obstrucción física de vehículos y acoso multitudinario a los agentes, incluso en los hoteles donde se alojan. Están perfectamente organizados y coordinados, usando las redes para comunicar el paradero de los agentes del ICE en cada momento o las acciones aconsejables en cada actuación.

Defend 612 (Cooperación Cannon River, oficialmente) es una ONG, lo que significa que no tiene que informar públicamente de sus cuentas. Pero sus donantes sí tienen que informar al Fisco, por lo que se puede tirar de eso hilo en el entramado de organizaciones pantalla financiadas, a su vez, por otras, hasta llegar a nombres más familiares como (lo han adivinado) la Open Society Foundation del perejil de todas las salsas, George Soros, y otros sospechosos habituales como el Rockefeller Brothers Fund y la Fundación Ford.

La Administración Trump tiene ante sus narices una ‘revolución de color’ en su propio suelo. Si no responde, o lo hace como hasta ahora, solo con declaraciones altisonantes que rara vez se acompañan con medidas legales, la insurgencia se extenderá, desanimando a su ya vapuleada base social ante las legislativas de noviembre. Y de ahí a un ‘impeachment’ hay solo un paso.

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