El Gobierno esconde las pruebas del ‘delito’
Puede afirmarse que en el trágico accidente del AVE en Córdoba ha fallado el antes, el durante y el después, por mucho que el Gobierno pretenda ahora imponer un relato impostado de los hechos. Y es que a la falta de inversión en el mantenimiento de la red ferroviaria -en función del incremento sustancial del número de viajeros, obviamente- se une el hecho de que el tramo donde se produjo el mortal siniestro viene envuelto no sólo en denuncias de mal estado, sino también de corrupción, pues una de las empresas adjudicatarias de su supuesta mejora está en el centro de la presunta red de amaños en la contratación.
Y, por si fuera poco, la respuesta de Renfe y Adif tras tener conocimiento del accidente deja mucho que desear, pues su reacción para poner los hechos en conocimiento de los servicios de emergencia fue lenta y deficiente. Más de una hora se tardó en rescatar a las víctimas del Alvia, demasiado tiempo.
Lo que vamos sabiendo es que la vía se rompió, algo que Óscar Puente dice que puede ocurrir aunque el mantenimiento -asegura- fuese el correcto. Discutible argumento, porque una rotura de las características de la registrada tiene que responder sí o sí a un fallo en las labores de detección o auscultación de la red ferroviaria por mucho que el ministro insista en que todo estaba bajo control. Y para colmo, los trenes encargados de auscultar la red -o sea, los que tenían que detectar fallos- han permanecido estos últimos meses varados en hangares o incluso expuestos a los ojos de cualquiera en un estado lamentable de abandono.
OKDIARIO ofrece hoy un documento periodístico que habla bien a las claras de la desidia del Gobierno. Ante la polémica generada por estar a la intemperie, olvidados a su suerte, se ha procedido a su traslado a un lugar donde no puedan ser vistos. Una manera de esconder las pruebas del delito. Qué terrible paradoja: el ministerio de Transportes oculta a los trenes que no auscultan. Vergonzoso.