El día del Opel Kadett

El día del Opel Kadett

Disculpen mi ignorancia, pero como no soy diputada de Ciudadanos no tengo ni puñetera idea de cuáles son todas las fechas del Orgullo que han vetado al “trifachito”. Las politiqués de pancarta, siempre me han parecido un coñazo como un sol incluso si, como es el caso, acuden a ella una buena dosis de bienintencionados.

Me explicaba el otro día en directo una de sus más relevantes personalidades que “el día del Orgullo pretende visibilizar al LGTBI y definirlo con identidad propia”. Me lo espetaba justo dos minutos antes de  decirme que le gustaría cargarse la Champions League en Madrid por atascar Madrid aunque eso supusiera Invisibilizar al hincha merengue, al culé, al liverpoolero, y a mi primo Mourinhista que, sin duda, se ha ganado el derecho de convertir su fervor carnal por José Mário en género.

El siguiente mantra argumental que repetía era que estamos obligados a salvaguardar el Orgullo porque el desfile de carrozas con Drags Queens por el centro es algo tradicional y folclórico. Como la morcilla de arroz de Burgos, el misterio de la Semana Santa, el paso Nazareno de Chiclana y San Isidro. Como yo siempre he compartido ese ahínco activista por la cosa de las nuevas conquistas sociales, me he decidido a ofrecerle al gremio, oprimido por los “LGTBIófobos” y las fuerzas convergentes del capitalismo, algún humilde consejo en base a algunos de sus más acusados reproches:
El primero es que, si el uso de la jerga inclusiva tiene algún propósito visibilizador, amigos, entonces tenéis que darle una vuelta, porque cuando habláis en argot LTBI, lo que parece es que nos estéis vendiendo un Opel Kadett o una fresadora industrial; “Pansexual, gender queen, género Fluido, intergénero, polisexual, binario…¡trigénero!”…

Venga, chavales; vamos a hacerle la ola a todas las asociaciones LGTBi que han diseñado una neolengua visibilizadora del homosexual que veta y  proscribe la palabra…¡Homosexual! Ovación para todos los que van al día del Orgullo para quitarse las etiquetas y que, para militar, se han tragado todas esas destinadas no a reivindicar la igualdad, sino la discriminación positiva que les confiera la condición de nueva especie humana y estamental con privilegios sociales, legales, e incluso, laborales con respecto a cualquier otra persona hetero u homosexual que en la infancia fue maltratado en el colegio por ser “un marica” y que hoy se expone a ser insultado y vejado en el Orgullo por ser “un marica que vota a VOX, al PP, o a Ciudadanos”.

Otro consejito, aunque no me lo hayan pedido mis amigos de Ciudadanos, es para los del partido de Rivera preocupados por no ser aceptados e invitados a un día en el que ya han sido insultados por un colectivo que usa a los homosexuales como carne de cañón para los fines políticos de la izquierda que no les va a votar en la vida. Su complejo me hace recordar al de mi amiga Bárbara que, ya con una 90, estuvo a punto de ponerse tetas para evitar el divorcio con un imbécil que acabó dejándola por una Pamela Anderson.

El último, y sólo porque ya me paso de las 600 palabras y el jefe de opinión me la lía, es sobre vuestras imposturas activistas, que no sé si dan más vergüenza que risa. En lugar de empeñaros en hacer ver que, en lo relativo a libertades , España es como una tribu Watusi, deberíais aprovechar el Orgullo para rodear la embajada iraní por las palabras del ministro de Exteriores del régimen que esta semana se ha vuelto a reafirmar en su derecho de ejecutar a los homosexuales. Según un despacho británico publicado por WikiLeaks, Irán ya ha ejecutado de 4000 a 6000 gays desde la Revolución Islámica de 1979 a la que los eternos ofendiditos del arcoíris le han puesto la carroza con el ayatolá de medio pelo de Iglesias y los podemitas que “cabalgan contradicciones”.

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