¿Cuál será la próxima guerra de los EEUU?

opinion-jorge-mestre-interior

Esta semana hablando con el veterano diplomático español, Inocencio Arias, me daba un dato incuestionable. Los presidentes demócratas en EEUU han iniciado más guerras que sus adversarios republicanos. A pesar de que los demócratas, como al espectro ideológico que representan, siempre se las dan de abnegados pacifistas, la realidad es que con el ejemplo de Donald Trump de los últimos cuatros años podemos establecer que los republicanos han contribuido más en sus mandatos a la seguridad internacional que cuando gobierna la izquierda estadounidense.

La única y más reciente excepción de los últimos 40 años pudo haber sido George W. Bush que, a pesar de ser un líder conservador, fue un globalista en toda su magnitud creyendo que la democracia era un sistema de gobierno que podía ser exportada a cualquier rincón, teoría errónea que tradicionalmente ha sido consustancial a los demócratas. El último ejemplo lo tuvimos hace ahora casi diez años. En 2021 se recordará la década transcurrida desde que EEUU, con Obama al frente, se impulsó la llamada ‘Primavera Árabe’ un conjunto de malogrados intentos revolucionarios mucho más perniciosos para la seguridad internacional y regional en Oriente Medio que la propia invasión innecesaria de Irak.

La política de los demócratas en Oriente Medio casi siempre ha constituido un verdadero fiasco por mucho que los acuerdos de Camp David sean su bandera habitual. Caos, muertos, refugiados y destrucción fue el resultado de la equivocadamente denominada ‘Primavera Árabe’. Digo que equivocadamente denominada así porque un buen número de ellas, como la de Libia, Egipto, Siria, Túnez, Yemen, Baréin, etc, se estimularon para acabar con sus sátrapas y el resultado fue bastante peor que el que se pretendía corregir. Hoy en día, el norte de África es un verdadero polvorín con Libia como estado fallido, partido en dos, y donde algunos países de la UE han mostrado también su vertiente de doble moral. Si la comunidad internacional teóricamente debería respaldar la legitimidad del gobierno de Trípoli como hace la ONU, Francia se dedica a apoyar a las fuerzas rebeldes contra dicho ejecutivo, mientras todos los demás se ponen de perfil. Algo parecido a lo ocurrido en el Sahara Occidental. Mientras España ha sido un comparsa, Francia ha aplaudido el reconocimiento de los EEUU a dicho territorio como parte de Marruecos, mientras que la UE con Josep Borrell al frente de la política exterior vuelve a ponerse nuevamente de perfil. Pero volviendo al caso de Libia, a dicho país hay que sumar Yemen y Siria.

Que Joe Biden sea un presidente que va a continuar la tradición demócrata de meter sus narices en los asuntos de otros no me cabe ninguna duda. Posiblemente es muy prematuro hablar de intervención directa porque el ánimo y el bolsillo de los estadounidenses no está para aventuras belicistas, sobre todo, cuando sigue inmersa en la guerra más larga de su historia, Afganistán, con 20 años de presencia militar en aquel país. Pero la retórica bélica y de sanciones va a ser la cuestión de fondo que prevalecerá sobre una serie de países: Venezuela, Irán, Siria y Rusia son los grandes candidatos para estar bajo la lista de prioridades. Sobre ellos se construirá esa imagen de gran enemigo necesaria para justificar el militarismo y proveer de armamento ‘made in USA’ a los vecinos regionales. Ese será el devenir probable de los próximos cuatro años. Será entonces cuando quienes tanto han coreado la victoria de Biden se aperciban de que los demócratas son belicistas por tradición. También será el momento en el que más de uno empiece a añorar el gran legado que para la seguridad internacional ha dejado Donald Trump.

@JorgeMestre

Lo último en Opinión

Últimas noticias