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En España los pájaros cada vez tienen menos crías y es necesario que haya más nidos. Sin embargo, un ave ha conseguido sobrevivir con una técnica reproductiva que los científicos no acaban de descifrar: no anida.
Tras pasar el invierno en África, el cuco vuelve a España con su clásica melodía (cu-cu), pero detrás de esa música se esconde una de las estrategias reproductivas más impresionantes. Practica desde hace milenios el parasitismo.
Es decir, el cuco es un ave que no construye nidos ni alimenta a sus crías. Su técnica se basa en el engaño, la imitación y una carrera evolutiva silenciosa donde se ha impuesto a otros pájaros.
El brutal engaño del cuco para que otra ave críe a sus huevos
El cuco llega a España entre marzo y abril y se instala en praderas, bosques abiertos y humedales. Allí, las hembras vigilan con paciencia los nidos de pequeñas aves insectívoras como carriceros, bisbitas o tarabillas.
Cuando el nido está listo y sus dueños se ausentan, la hembra actúa con rapidez: deposita un solo huevo y retira uno del hospedador para no levantar sospechas.
Es un robo de guante blanco. Para no levantar sospechas, los adultos de cuco son muy parecidos a los de gavilán. Gracias a este mimetismo, las aves hospedadoras huyen momentáneamente al creer que se trata de un depredador.
El engaño continúa en el huevo: el color, el tamaño y el patrón imitan con precisión los del anfitrión, lo que aumenta considerablemente las probabilidades de aceptación.
Al eclosionar, el polluelo de cuco suele expulsar del nido a los huevos o crías restantes, asegurándose todo el alimento. Los padres adoptivos lo alimentan sin detectar el fraude, incluso cuando el polluelo crece hasta duplicar su tamaño.
El comportamiento del cuco que los científicos llevan milenios descifrando
Este comportamiento ha desencadenado lo que los científicos describen como una carrera de armamentos evolutiva. Mientras el cuco perfecciona su mimetismo, las especies hospedadoras desarrollan defensas.
Por ejemplo, algunas aprenden a reconocer huevos sospechosos, otras los expulsan o abandonan el nido. Por supuesto, esto ha levantado el interés científico desde Aristóteles, en el siglo IV a. C.
Después naturalistas como como John Ray, Hans Sloane o Gilbert White documentaron el parasitismo del cuco entre los siglos XVII y XVIII. Más tarde, con la teoría de la evolución, Charles Darwin y ornitólogos como Alfred Newton interpretaron este comportamiento como un ejemplo extremo de adaptación.
Aun así, durante más de tres milenios, la explicación completa se ha resistido. El misterio se intensificó al comprobar que una sola especie de cuco es capaz de imitar huevos de múltiples hospedadores sin dividirse en especies diferentes.
El ave parasitaria que revoluciona la genética moderna
La genómica ha aportado alguna pista sobre el comportamiento del ave. Estudios publicados en Science han analizado cientos de ejemplares de cuco común y cuco oriental.
Gracias a ello han visto que la coloración y el patrón de los huevos están ligados principalmente a la herencia materna, asociada al cromosoma W.
Este mecanismo permite que distintas hembras produzcan huevos adaptados a hospedadores específicos sin romper la unidad genética de la especie. Aun así, siguen abiertas preguntas fundamentales sobre cómo se mantiene este equilibrio evolutivo tan preciso.
Pese a su siniestra forma de conseguir que la descendencia sobreviva, el cuco ha dejado huella en la cultura popular, desde los relojes que imitan su canto hasta su papel como símbolo de la primavera.