Desafíos ambientales

China deja a todo el mundo sin palabras: usan sauces y 1,2 millones de conejos para evitar la desertificación del suelo

Desertificación
Representación del proyecto que lleva a cabo China contra la desertificación. Foto: ilustración propia.

La desertificación es uno de los grandes problemas ambientales del siglo XXI. En China, este fenómeno no solo ha afectado al paisaje, sino también a la seguridad alimentaria, a las infraestructuras y a la estabilidad de comunidades enteras. Durante décadas, el avance de las dunas le ganó terreno a cultivos, carreteras y núcleos habitados, especialmente en regiones del norte.

Ante este escenario, las autoridades chinas han impulsado distintas iniciativas para frenar la degradación del suelo. Algunas medidas tradicionales, como la perforación de pozos o la instalación de barreras físicas, no lograron detener el proceso. La solución fue la menos esperada: usar sauces, 1,2 millones de conejos y una extensa infraestructura de energía solar.

Sauces y conejos, la extraña fórmula de China para evitar la desertificación del suelo

Por empezar, el primer pilar del proyecto se basa en la plantación masiva de sauces adaptados a condiciones extremas. Estos árboles tienen un sistema radicular capaz de penetrar a gran profundidad en busca de agua subterránea, lo que les permite sobrevivir en suelos arenosos y actuar como auténticos anclajes naturales de las dunas.

La plantación no se realiza de forma improvisada. Los equipos técnicos analizan los niveles de humedad del subsuelo y utilizan chorros de agua a presión para abrir huecos en la arena hasta alcanzar capas más húmedas.

Una vez colocadas las plántulas, se protegen con redes y vallados para reducir el impacto del viento. Sin este proceso, los árboles quedarían enterrados o arrancados en cuestión de horas.

Estos sauces no solo estabilizan el terreno. También crean las condiciones mínimas para que otros elementos del sistema puedan funcionar, convirtiéndose en la base física de la lucha contra la desertificación del suelo.

¿Cuál es el papel que juegan los conejos?

La estabilización del terreno no basta para revertir la desertificación. El siguiente paso consiste en transformar la arena en un sustrato con capacidad biológica. Aquí entra en juego uno de los aspectos más llamativos del proyecto: el uso de 1,2 millones de conejos de raza Rex dentro de un sistema controlado.

Los animales no se liberan de forma indiscriminada. Viven en granjas integradas en el proyecto y se alimentan, en parte, de las hojas de los sauces.

Su función principal es la producción de estiércol, un fertilizante natural rico en nitrógeno, fósforo y potasio. Estos nutrientes resultan esenciales para iniciar la formación de humus en un terreno que hasta entonces era estéril.

Con el tiempo, la arena comienza a oscurecerse, a retener humedad y a favorecer el crecimiento de hierbas y otras plantas. Además, los conejos contribuyen indirectamente a la dispersión de semillas, acelerando el proceso de colonización vegetal. Este ciclo biológico reduce la erosión, mejora la retención de agua y refuerza la lucha contra la desertificación.

¿Qué hay detrás del problema de la desertificación del suelo en China?

La desertificación no es un fenómeno puntual ni superficial. En zonas como el desierto de Kubuk, la arena ha avanzado decenas de kilómetros en pocas décadas, generando un efecto en cadena: pérdida de productividad agrícola, presión sobre la población local y riesgos directos para infraestructuras básicas.

El clima extremo, con inviernos muy fríos y veranos de calor intenso, agrava todavía más la situación. Los intentos iniciales para frenar el problema se centraron en limitar el pastoreo, perforar acuíferos o levantar barreras artificiales.

Sin embargo, estas soluciones no abordaban el origen del problema: la falta de un suelo vivo capaz de retener agua y nutrientes. La desertificación seguía avanzando de forma lenta pero constante, convirtiéndose en una amenaza estructural más que ambiental.

¿Cómo entra la energía solar en este proyecto chino y qué resultados tuvo?

El tercer eje del proyecto es la energía solar. La región cuenta con una alta radiación solar, aprovechada mediante una gran planta fotovoltaica con cientos de miles de paneles.

Más allá de la producción eléctrica, esta infraestructura cumple otras funciones: proporciona sombra, reduce la evaporación y actúa como barrera frente al viento, creando un microclima más estable.

Bajo los paneles, la vegetación puede crecer con mayor facilidad. Para evitar riesgos operativos, se utilizan animales como ovejas o gansos para controlar el crecimiento de las plantas, integrando de nuevo la biología en el sistema. El resultado es un paisaje gestionado, donde cada elemento cumple una función concreta.

El componente económico resulta decisivo. La comercialización de productos derivados de los conejos, como carne o pieles, permite financiar el mantenimiento y la expansión del proyecto. Este enfoque evita la dependencia exclusiva de fondos públicos y aporta estabilidad a largo plazo, un factor clave en la lucha contra la desertificación del suelo.

Por último, según los datos recogidos tras dos décadas de aplicación, el nivel del agua subterránea ha aumentado entre 1,5 y 2 metros en algunas zonas. Así, la recuperación del acuífero confirma que la desertificación puede revertirse cuando se reorganizan los procesos que mantienen vivo el suelo.

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