El monumento megalítico de 5000 años que solo se ve si el 7º mayor embalse de España se vacía a menos del 28%
Durante décadas, el agua del Tajo ha ocultado uno de los vestigios prehistóricos más singulares de la península. Bajo la superficie del embalse de Valdecañas hay un círculo de piedras levantado hace cinco mil años, mucho antes de que existieran presas, turbinas o mapas provinciales.
Lo curioso es que cada vez que la sequía llega y el nivel del pantano cae por debajo del 28%, el paisaje cambia por completo. Donde antes había una lámina gris verdosa aparece un anillo de granito que rompe la monotonía del barro. Se le conoce como el dolmen de Guadalperal, sumergido desde 1963 y visible sólo en esos periodos extremos.
Este es el monumento de España que sólo se ve cuando el embalse baja del 28%
El conjunto se sitúa en el término municipal de El Gordo, dentro del Embalse de Valdecañas. Este pantano ocupa el séptimo puesto en España por capacidad de almacenamiento. Cuando el régimen franquista impulsó la presa, en los años 60, el valle quedó sumergido sin que nadie desmontara el monumento. El agua cubrió las piedras y así fue quedando en el olvido.
El dolmen se asienta a unos 298 metros sobre el nivel del mar. Con el embalse lleno, la cota ronda los 315 metros. Esa diferencia explica por qué el 28% marca el límite. Hasta que el agua no baja de ese punto, el círculo sigue oculto, es pura topografía.
Al tratarse de una infraestructura gigantesca, descender hasta ese nivel exige meses sin lluvias o una explotación intensa para riego y producción eléctrica. Por eso su aparición resulta tan llamativa. En 2019 y 2022 el descenso dejó el monumento al descubierto y miles de personas se acercaron a verlo.
El prehistoriador alemán Hugo Obermaier lo excavó entre 1927 y 1930. Documentó un sepulcro de corredor datado entre el 4000 y el 3000 a. C. Durante décadas permaneció visible en mitad del campo. Después se construyó la presa y el agua lo cubrió por completo.
Qué deja al descubierto el embalse cuando baja su nivel
Cuando el embalse retrocede aparecen cerca de 140 ortostatos de granito colocados en vertical, formando una cámara ovalada de unos cinco metros de diámetro. En origen, esas piedras sostenían un túmulo de tierra que hoy ha desaparecido. Lo que vemos ahora es la estructura desnuda.
Un corredor de más de 20 metros conduce hasta la cámara funeraria. Ese pasillo no era decorativo. Servía para acceder al interior durante los enterramientos y en los rituales que acompañaban a los difuntos. La comunidad depositaba allí los cuerpos, junto a ofrendas y objetos simbólicos, y volvía para rendir culto a sus antepasados.
La cámara actuaba como espacio colectivo de memoria y el corredor marcaba el tránsito entre el exterior y el recinto sagrado. En la entrada destaca un menhir con un grabado ondulado. Algunos investigadores ven una serpiente; otros interpretan un esquema del curso del Tajo.
En 2022 el Gobierno lo declaró Bien de Interés Cultural. La protección intenta frenar el deterioro, aunque la discusión sobre su futuro continúa. Trasladarlo implicaría desmontarlo piedra a piedra y perder su contexto original, pero si permanece en su ubicación actual, continuará bajo el agua en invierno y al descubierto en verano, un vaivén que deteriora las piedras cada temporada.
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