Los científicos no dan crédito: descubren algas que se mueven por el hielo ártico a -15ºC (y es un nuevo récord)
Los ecosistemas del Ártico acaban de darle una sorpresa impactante a la comunidad científica. Pese a ser un desierto blanco, que parece estar sumido en un letargo biológico absoluto durante el invierno, un equipo de investigadores ha constatado que la vida allí se desplaza de forma activa en condiciones extremas.
Según publica la revista PNAS, tras una expedición de 45 días por el mar de Chukchi, descubrieron que ciertas algas microscópicas poseen la capacidad de deslizarse por el interior del hielo a temperaturas que alcanzan los -15 ºC.
Nuevo récord de movilidad celular en el Polo Norte
Este hallazgo supone un récord absoluto de movimiento para una célula eucariota, el tipo de unidad celular que compartimos los seres humanos con plantas y hongos.
Basados en las observaciones realizadas a bordo del buque Sikuliaq, científicos de la Universidad de Stanford detectaron que estas diatomeas (algas unicelulares con paredes de sílice) no están «congeladas en el tiempo» ni en estado latente. Al contrario, estas algas funcionan con una vitalidad asombrosa en un entorno que debería haberlas inmovilizado por completo.
La investigación, liderada por Manu Prakash y Qing Zhang, cuestiona un nuevo misterio sobre el permafrost marino. Utilizando microscopios de alta precisión diseñados específicamente para aguantar temperaturas bajo cero, el equipo observó cómo estos microorganismos navegan por canales de salmuera microscópicos.
Este comportamiento permite a las algas buscar mejores condiciones de luz y nutrientes en un ecosistema que cambia de forma constante, un factor que, según recoge el medio High North News, es clave para entender la salud global del entorno ártico.
¿Cómo logran estas algas «moverse» a través del hielo?
El gliding o deslizamiento es un movimiento que podría compararse con el rastro que deja un caracol. Las diatomeas segregan una especie de mucílago o moco polimérico que actúa como una cuerda con anclaje sobre el sustrato helado. A través de un sistema de motores moleculares, compuesto por actina y miosina (las mismas proteínas que permiten la contracción de nuestros músculos), la célula tira de esa «cuerda» y se propulsa hacia delante.
Lo más fascinante del estudio es la adaptación térmica de este sistema, ya que las algas microscópicas del Ártico se mueven hasta diez veces más rápido que sus parientes de zonas templadas cuando se exponen al frío. Por esta razón, presentan una eficiencia energética interna optimizada que minimiza la pérdida de calor durante el proceso de desplazamiento.
Este descubrimiento obliga a los científicos a replantearse la cadena trófica del Polo Norte. Si estas algas son capaces de migrar y concentrarse de forma activa, podrían estar influyendo en la formación de nuevas capas de hielo o sirviendo de sustento para especies superiores en momentos donde se pensaba que no había actividad biológica.
Según advierte la fuente original del estudio, la pérdida de estas algas heladas, a causa del cambio climático, implicaría la desaparición de ramas enteras de nuestro árbol de la vida antes incluso de haber comprendido su funcionamiento básico.