Una reflexión muy oportuna
Días atrás Jaime Mayor Oreja fue entrevistado en esRadio a propósito de la publicación de su libro Una verdad incómoda, en el que reflexiona sobre la historia reciente de España. El libro, editado a finales de febrero, incluye aspectos sobresalientes de su propia trayectoria política y entiendo que fue extremadamente relevante su opinión a propósito de esa mayoría social que ahora mismo avala el pacto de la derecha para acabar, de una vez por todas, con la lacra del sanchismo.
Lacra, entendida como vicio moral que marca a quien lo tiene. La RAE. Un vicio moral nauseabundo que pese a ello cuenta con un suelo electoral de, al menos, siete millones de votos que en Baleares se concretó en las elecciones generales de octubre de 2023, en 234.250, con los del PSIB-PSOE y de Sumar, donde se concentraban Podemos y Més.
La derecha representada por PP y Vox solo adelantó a la extrema izquierda en poco más de 20.000 votos, una diferencia mínima, como resultado de los últimos 25 años con el Pacte de Progrés alternándose en el poder de manera continuada en Baleares, dándole rienda suelta al relato, a la ideología y con efecto nulo en la gestión. Nada se hizo por el interés general; solo doctrina woke y alentar protestas en contra de los intereses de nuestra economía por la vía de demonizar sistemáticamente al tejido empresarial.
Todos guardamos buena memoria del importante giro electoral ocurrido en mayo de 2023 y, pese a ello, la inmediata reacción del sanchismo alertando de que llegaba la ultraderecha, llegaba el fascismo. Tuvieron el viento a su favor, gracias a las tensiones generadas en la negociación entre PP y Vox.
Así nos plantó el calendario en los finales de julio de aquel año, convocado el electorado con inquina (mala voluntad), en el peor escenario posible: las vacaciones de verano. Y Frankenstein volvió a renacer con sus trampas, en sintonía –todo hay que decirlo- con las nefastas campañas de PP y Vox. El clima de las refriegas entre el perro y el gato (PP-Vox y viceversa) volvió a permitir reeditarse un gobierno de perdedores.
Jaime Mayor Oreja, días pasados, hizo un diagnóstico que comparten tanto electores del PP como de Vox: «Hoy la mayoría natural de la derecha existe y los dos, PP y Vox, tienen la obligación de hacer de la necesidad virtud y gobernar juntos, respondiendo a la mayoría natural que están reflejando las elecciones extremeñas y aragonesas, y que también lo harán las castellano-leonesas y las andaluzas. Porque los electores están diciéndoles que ésta es la mayoría social. Digo más. Será el proyecto más difícil en la historia de la derecha española: tener que revertir desde el primer Consejo de Ministros y sabiendo que enfrente estarán los del ¡No pasarán! y tendrán que hacerlo con una mayor firmeza y contundencia».
Un análisis lúcido y demoledor al tiempo que muy oportuno, porque es la única hoja de ruta posible. Todo lo woke -España es uno de los mayores exponentes hoy en día- debe ser tirado a la basura de la historia y volver a poner en primer plano esos valores que le dieron identidad a Occidente en sus momentos de mayor esplendor.
Jaime Mayor Oreja añade, y tiene razón, que este proyecto debe ser liderado por los máximos representantes de ambos partidos sin dejarse influir por las voces discordantes en el interior de ambas formaciones, lo que introduce el factor de mayor trascendencia del proceso. Decía que en Baleares hay solo 20.000 votos de diferencia entre la derecha y la extrema izquierda –porque en España ha dejado de existir la izquierda a secas-; pero también hay una cantidad considerable de abstencionistas, cifrada el 2023 en 289.641 votos no emitidos. Imagino que no todos ellos refieren gentes que pasan de todo, siempre habrá irresponsables, sino que una parte importante de ellos están siendo el dramático reflejo de un desencanto real.
Ser capaces de enamorar a este censo, incapaz de pronunciarse porque no visualiza las expectativas, es parte importante del proceso de cambio que España necesita en tiempos marcados por la llegada de una nueva geopolítica, en la que España, ahora mismo, es un cero a la izquierda gracias al sanchismo, aupado al latrocinio y a apuntarse a causas impropias más acordes con los antisistema.
Les dejo esta reflexión como el lamentable ejemplo de lo que no va a pasar, vista la incapacidad de la derecha toda ella a entrar en razón, sea porque no se ajusta a los intereses partidistas o simplemente porque no hay talento en nuestros dirigentes para asumir la responsabilidad, en momentos que piden extraordinaria altura de miras. Alberto Núñez Feijóo y Santiago Abascal a tiempo están de demostrar que son líderes en la historia reciente de España.
¿Lo harán? ¿No lo harán? Que sepan, en todo caso, que mentar a la bicha (¡viene la ultraderecha! ¡viene el fascismo!) no condiciona al electorado en mayúsculas y sí, en cambio, cuando los afines se pelean, porque la gente es por lo común, de no dar su confianza a refriegas y sí a la estabilidad. Que tomen nota los unos y los otros. Mucho me temo que no lo harán…