Ayatolá Alí Sancheznei
Ha dicho el presidente del Gobierno que tan malo es Donald Trump por bombardear Irán como el régimen «odioso» de los ayatolás, pero ha permanecido de brazos cruzados desde que llegó a la Moncloa ante el «odioso» régimen iraní. Es más, España ha realizado con la autorización del Gobierno de Pedro Sánchez exportaciones de material de «doble uso» -militar, para entendernos- a Irán por alrededor de 7 millones de euros desde que el líder del PSOE llegara al Gobierno a mediados de 2018. Se conoce que esa es la manera que tiene el Ejecutivo socialcomunista de apurar las vías diplomáticas para que Irán respete los derechos humanos. Los datos vienen recogidos en los informes publicados por la Secretaría de Estado de Comercio y demuestran que mientras el Gobierno ha intensificado su boicot a Israel, no ha promovido bloqueo ni castigo comercial alguno contra el régimen del extinto Alí Jamenei.
En sí misma, la falsa equidistancia de Sánchez -ni con Trump ni con Irán- es una ignominia, porque el primero es el presidente electo de la democracia más poderosa del mundo y la nación de los ayatolás es una tiranía implacable. Pero ya se sabe que el presidente del Gobierno está en lo que está: en atizar los ánimos de una izquierda mustia para arañar cuatro votos al grito del viejo mantra del «No a la guerra». Mucho se está hablando del agujero que en la economía española provocaría una guerra comercial con EEUU –por mucho que estemos bajo el paraguas de la UE–, pero muy poco de un aspecto que, visto lo visto, puede alcanzar tintes gravísimos. Y es que Estados Unidos e Israel son las naciones punteras en materia de seguridad e inteligencia. ¿Alguien se ha parado a pensar en los riesgos que corremos como país si nos cierran el grifo de la información? ¿O también dirá Sánchez –Ayatolá Alí Sancheznei– que no necesitamos a Estados Unidos o a Israel para defendernos del terrorismo o el narcotráfico?
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