China se pasa el juego: ya está utilizando una ‘piel de algas’ para reverdecer miles de hectáreas en el desierto
El avance de la arena es uno de los desafíos climáticos más complejos de la actualidad. Las plantas rara vez sobreviven en terrenos donde el suelo se desplaza y la humedad es escasa. Sin embargo, China logró hacerle frente a este problema gracias a la geoingeniería. En lugar de optar por la reforestación, han optado por la ciencia avanzada para transformar paisajes áridos en cuestión de meses.
Esta iniciativa intenta frenar el avance desertificación y recuperar terrenos perdidos. La estrategia no se basa en grandes máquinas ni en infraestructuras de hormigón. El secreto reside en la biología y en organismos que llevan en la Tierra miles de millones de años. La meta es clara.
¿Cómo funciona esta técnica china para reverdecer el desierto?
Los científicos chinos descubrieron que podían usar cianobacterias para crear una costra biológica sobre la arena. De esta forma, dispersan cepas seleccionadas de estas algas verdeazuladas que, al recibir lluvia, cobran vida y se expanden con rapidez.
Este crecimiento forma una capa resistente, similar a una piel de algas, que fija las dunas e impide su movimiento. Esta capa retiene el agua y los nutrientes necesarios para que, posteriormente, las plantas superiores puedan echar raíces.
Según detalla el medio South China Morning Post, nunca antes se habían utilizado microbios a tal escala para la geoingeniería de ecosistemas. Este proyecto nace en la región autónoma de Ningxia Hui, al borde del desierto de Tengger. Allí, los investigadores han logrado que estos organismos soporten el calor extremo y la sequía.
La Gran Muralla Verde de la ciencia China
La técnica supera con creces los métodos tradicionales. Mientras que una costra natural tarda entre cinco y diez años en formarse, este método de piel de algas consigue resultados similares en apenas un año. Zhao Yang, subdirector de la Estación Experimental de Investigación del Desierto de Shapotou, explica que esta «piel de alga» soporta vientos de hasta 36 km/h, lo que evitan que las tormentas de arena deshagan el trabajo realizado.
Este avance se integra dentro de la iniciativa conocida como la Gran Muralla Verde, el programa forestal más ambicioso de China, liderado por la Estación Experimental de Shapotou, afiliada a la Academia de Ciencias de China.
El gobierno chino, tal y como indica la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma, insiste en avanzar con tecnologías centrales para combatir la erosión.
Recientemente, China finalizo un cinturón de control de arena de más de 1.800 kilómetros en Mongolia Interior.
¿Qué impacto tendrá reverdecer miles de hectáreas en el desierto para el planeta?
La aplicación de este método promete cambiar las reglas del juego en la lucha contra el cambio climático. Las autoridades planean tratar entre 5.333 y 6.667 hectáreas de desierto en los próximos cinco años solo en esta región.
Esta superficie equivale a miles de campos de fútbol. Sin embargo, el desarrollo de esta tecnología requirió más de una década de ensayos y errores hasta dar con la fórmula ganadora.
Al principio, las bacterias funcionaban en el laboratorio, pero morían en la intemperie. Zhao descubrió en 2016 que inyectarlas con presión mejoraba su supervivencia, aunque requería mucha energía y carreteras cercanas.
La solución final llegó al convertir estas costras biológicas en «semillas» sólidas. Mezclaron las algas con materia orgánica y las moldearon en bloques similares a terrones de tierra. Estos bloques son fáciles de transportar y presentan una tasa de supervivencia muy alta al esparcirse sobre el terreno árido.
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