El CNI buscó urnas de metacrilato por medio mundo pero no las de plástico

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Sede del CNI en Madrid. (Foto: EFE)

El CNI se dedicó a rastrear y visitar durante semanas empresas de España y de multitud de países, fabricantes de urnas de metacrilato, para frustrar el referéndum ilegal del 1-O. Sus agentes, repartidos por más de 70 delegaciones y estaciones de varios continentes, buscaron contrarreloj las importaciones desde España de ese tipo de urnas, pero se olvidaron de las fabricadas con otros materiales, como las de plástico, las que realmente luego usaron los independentistas para votar.

El desliz de los servicios secretos provocó que el Gobierno recibiera una información incompleta y contaminada en unos momentos tan críticos para la toma de decisiones políticas. Con los datos apuntados por el CNI, la Moncloa creía que tenía controlada la situación en Cataluña y que el referéndum independentista resultaría un fracaso. La lectura de la situación era para el Ejecutivo muy optimista: mesas electorales sin urnas y el acceso a los colegios controlado por la policía autonómica.

Pero, finalmente, ninguna de las dos ecuaciones anticipadas por los agentes secretos –que también contemplaba la lealtad de los Mossos– resultó cierta. La jornada electoral supuso un fiasco para los intereses del Gobierno central y un retroceso para el prestigio y la marca España a escala internacional.

Rajoy con el paso cambiado

OKDIARIO desvelaba ayer que Rajoy, horas antes de la apertura de las mesas electorales estaba convencido de que los independentistas carecían de urnas. Así se lo había asegurado el CNI a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría y ésta al jefe del Gobierno. Los espías españoles habían llegado a esa conclusión “tras efectuar un exhaustivo rastreo por empresas de todo el mundo” y el Gobierno los creyó.

Los servicios secretos se empecinaron en el seguimiento exclusivo de las importaciones de las confeccionadas con polimetacrilato de metilo pero, al no obtener una respuesta positiva de las empresas productoras, llegaron a la conclusión de que los independentistas se habían quedado sin urnas.

El presidente Rajoy, que en la madrugada del 1-O asistía al banquete de boda de un hijo del ex ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García Margallo, comentó que “todo estaba controlado”. Y sentenció: “Sin urnas no puede haber votación”.

Sin embargo, la información de los servicios secretos era tan parcial que en sus investigaciones habían obviado el rastreo de cajas fabricadas con otros materiales que no fuera metacrilato, un producto que se utiliza generalmente en los procesos electorales legales.

Buscaban las más difíciles de esconder

Las informaciones en poder de OKDIARIO, contrastada por una fuente próxima a La Moncloa, acreditan que el CNI soló buscó las urnas de metacrilato, sorprendentemente las más difíciles de esconder y distribuir por los diferentes puntos de votación, ya que no suelen ser desmontables. Sin embargo, los expertos en inteligencia del CNI se olvidaron de otro tipo de urnas que se fabrican con plásticos e, incluso, con cartón, como las utilizadas durante el referéndum del 9-N de 2014. Ese tipo de urnas se pueden desmontar y ello facilita el transporte, como finalmente sucedió.

Pero, mientras los agentes secretos del CNI no encontraban las urnas, la Generalitat, coordinada con ANC y Omnium Cultural, y con el apoyo de la Unidad Central de Recursos Operativos (UCRO), los espías de los Mossos de Escuadra, los popularmente conocidos como los mortadelos, adquiría desde Francia a una firma china de Hong Kong miles de urnas de plástico. Todos ellos ponían en marcha un operativo para trasladarlas con posterioridad a Cataluña, urna a urna, por medio de vehículos privados o de pequeñas furgonetas de empresa. Ni el CNI, ni la Policía ni la Guardia Civil pudieron detectar el plan previsto por los independentistas, que ya había sido adoptado en otros países.

Paradójicamente, se da la circunstancia de que Beatriz Méndez de Vigo, la hermana del portavoz del Gobierno, es la delegada del CNI en China, con sede en Pekín, desde junio pasado.

El aviso de un confidente de los Mossos

Pero la investigación sobre la localización y distribución de las urnas resulta aún mucho más chapucera si se tiene en cuenta que el mecanismo aplicado por los secesionistas pasó por delante de las narices de la Policía, coordinada en Barcelona por el ex Dao, Florentino Villabona, que se jubila dentro de unos días pero que sigue con el mando de las unidades del Cuerpo Nacional de Policía (CNP) desplazadas a la Ciudad Condal.

Días antes del referéndum, un confidente de la Policía en los Mossos informó que las urnas estaban siendo distribuidas, poco a poco, por militantes de las asociaciones independentistas con el conocimiento de sus compañeros de la policía autonómica. La información llegó a la cúpula de la Seguridad de Estado pero nadie reaccionó a tiempo. Según fuentes de Interior, las dirección del CNP creía que el CNI tenía todo bajo control.

Incluso, como ya adelantó OKDIARIO, la dirección del espionaje español había informado al Gobierno de que los Mossos se mantendrían fieles a las órdenes judiciales durante la jornada de la consulta. Algunos altos mandos de La Casa mantenían unas excelentes relaciones con el mayor Josep Lluis Trapero, con quien habían realizado cursos de inteligencia en Estados Unidos, estaban convencidos de que se mantendría la normalidad constitucional, pero se equivocaron. Se daba también la circunstancia de que el antiguo CESID -el organismo anterior al CNI- había instruido a los Mossos y los había equipado con material sofisticado para las investigaciones policiales.

Según el mosso que colaboraba con la Policía, los activistas de ANC y Omnium Cultural habían trenzado toda una red de mulas –como se conoce en el argot del narcotráfico- para distribuir en sus vehículos particulares las urnas del referéndum. También se servían de las furgonetas de sus puestos de trabajo, que utilizaban a espaldas de sus encargados y de la empresa, como hicieron varios operarios de Mercadona.

El Mundo publicó el pasado 27 de septiembre, días antes del 1-O, que la Policía investigaba a una serie de “empresas de alimentación por transportar urnas a las diferentes provincias catalanas camufladas entre el género”, pero a nadie se le ocurrió tirar del hilo. “Claro, el CNI ya había sentado cátedra y era dogma de fe para la Vicepresidencia: nadie había comprado urnas de metacrilato”, señala un alto cargo policial de Interior.

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