Pocos españoles lo saben, pero esta genial idea nació en la posguerra y hoy la vemos en todos los restaurantes
En la posguerra, comer no era una tarea sencilla, sino que muchas veces llegar a fin de día con algo en el estómago era más bien un lujo. La mesa no estaba pensada para disfrutar de algo sabroso, sino para sobrevivir.
Por eso surgieron platos que hoy suenan de película: boquerones sin boquerones, café sin café, pan sin harina… Era una cocina simple, pero que engañaba al estómago. Lo curioso es que en ese momento nació una idea que, con el tiempo, acabaría instalándose en los bares de todo el país.
Esta es la idea de posguerra que hoy sigue en todos los bares de España
La idea que nació en la posguerra fue el plato combinado. Este no apareció por simple curiosidad ni por creatividad culinaria, sino por obligación. En 1936, en plena Guerra Civil, el régimen impuso el llamado Día del Plato Único. Algunos días al mes sólo se podía servir un plato en casas, fondas y restaurantes. El cliente pagaba como si comiera un menú completo, pero recibía menos comida, y la diferencia iba destinada a la beneficencia oficial.
La norma no encajaba con la situación que se vivía entonces. Así que los bares se adaptaron, pues si sólo se podía servir un plato, ese tenía que alimentar. Empezaron a juntar en el mismo recipiente lo que antes iba por separado. Un filete, unos huevos, unas patatas. Todo junto, a la vista, sin mezclarse.
Durante los años 40 y 50, esa fórmula se asentó, pues era barata, rápida y daba sensación de comida completa. En algunos bares ya se anunciaba como plato combinado especial.
La consolidación llegó en los años 60, con el desarrollismo y el turismo. El Estado reguló la oferta de bares y cafeterías y obligó a incluir platos combinados a precios fijos para atraer visitantes. A partir de ahí, el plato combinado dejó de ser un apaño heredado del hambre y pasó a formar parte del paisaje cotidiano de la hostelería española.
Así se mantiene el plato combinado desde la posguerra
El plato combinado tiene una regla clara, y es que cada cosa va en su sitio, no es un revuelto. Se sirve en un plato grande, casi siempre ovalado, donde los ingredientes se ven y se reconocen a simple vista.
La base suele ser una proteína, lomo de cerdo, pechuga de pollo, bistec de ternera o calamares fritos. A su lado, casi siempre, dos huevos fritos con puntilla, porque llenan. Las patatas fritas son un acompañamiento fijo, y para equilibrar, va una ensalada sencilla o unos pimientos fritos.
Las combinaciones han cambiado poco en décadas. Lomo con huevos y patatas. Pechuga empanada con ensalada. Bistec con patatas. Calamares con ensalada. Son platos que llenan desde hace décadas.
Hoy se pide un plato combinado porque es directo, sacia y no engaña. Es buena comida, completa y perfecta para un día en el que se necesita recargar energía. Puede que esa sea la razón por la que, a pesar de los años, se sigue viendo en bares y restaurantes. Aunque nació para resolver un problema concreto, terminó afianzándose como una parte más de la gastronomía española.
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