El Proyecto de la Fundación Axel, galardono por los Premios Compromiso de Clece

Las ‘mujeres fontaneras’: conquistar el empleo masculinizado para coser las heridas del maltrato

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Mujer ocupando un puesto de fontanería (Foto: iStock)

Pese al progreso de la mujer en el mercado laboral, en España siguen existiendo ocupaciones masculinizadas y feminizadas. Para terminar con esta brecha de género, la Fundación Axel, galardonada en los Premios Compromiso de Clece (filial de ACS), ha puesto en marcha su proyecto 'Blíster: píldoras de conocimiento', que pretende formar a mujeres en áreas como la fontanería, la instalación y el mantenimiento de equipos.

Pese al avance de la mujer en el mercado laboral, la paridad no existe en muchas profesiones. Mientras que asociamos la enfermería, el cuidado del hogar y las personas a las mujeres, existen otros puestos de trabajo más ‘masculinizados’, como la fontanería o el mantenimiento de instalaciones y edificios.

Para romper con estos estigmas la Fundación AXEL ha puesto en marcha el proyecto ‘Blíster: píldoras del conocimiento’, galardonado en la última convocatoria de los Premios Compromiso de Clece. El objetivo es formar a mujeres en áreas con las que no están familiarizadas, que “experimenten en un entorno laboral desconocido y no habitual que pueda servirles para empoderarse y descubrir sus habilidades ocultas”, subraya Úrsula Pérez López, técnica de inserción laboral de violencia de género.

A efectos prácticos, la meta es que no exista el género en las profesiones y que cualquier mujer pueda optar a un puesto de trabajo relacionado con la consejería, portería u otras ocupaciones que requieran conocimientos básicos de mantenimiento de instalaciones y edificios. El programa, dice, “ha tenido muy buena acogida porque las reparaciones básicas que aprenden les pueden servir para hacer pequeños arreglos en su casa, sin necesidad de llamar a un profesional, o depender de un hombre, que son los que hacen estas tareas en la mayoría de los hogares. El proyecto, por esta última razón, les permite también un cierto grado de empoderamiento, autoestima y confianza en sí mismas”.

Clece reconoció su labor con el Premio Compromiso al ‘Mejor proyecto social’. Este premio, apunta, les “ha permitido poner en marcha un proyecto “ilusionante para la asociación y para las participantes”. Gracias a la colaboración entre ambas entidades desde 2016, se han incorporado a la plantilla de Clece 46 mujeres supervivientes a un ritmo creciente: en 2016, diez mujeres; en 2017, quince y en 2018, un total de veinte.

Más del 30% tiene un empleo

Pese a que su ámbito de actuación es aún local, AXEL quiere extender este proyecto a lo largo y ancho de toda España.

Desde que la asociación pusiera en marcha en 2016 programas de inserción laboral para víctimas de violencia de género, han pasado por la asociación cerca de 60 mujeres. Y, tres de cada diez ya ha conseguido un empleo. “Para las mujeres significa, ante todo, independencia económica y la posibilidad de empezar de nuevo. La mayoría dependen de servicios sociales e instituciones, lo cual las sitúa en una posición marginal que agrava su situación personal”, mantiene Pérez.

“Cuando me llamaron para participar en el programa yo estaba con una depresión terrible. Hacía mucho que estaba fuera del mercado laboral y cuando Úrsula me llamó, sentí tanta verdad que agarré todas mis fuerzas y hoy sólo puedo agradecerlo. Fue un milagro: tenemos tantas heridas que es difícil creer en los demás. Pero, las trabajadoras de AXEL nos demostraron que vale la pena luchar, vivir y salir adelante. Hoy, estoy trabajando y puedo decir que soy una mujer feliz”, cuenta Fátima (nombre ficticio), una de las mujeres protagonistas del proyecto ‘Blíster: píldoras de conocimiento’.

“Aún tenéis un gran tarea: hay muchas mujeres maltratadas físicamente y psicológicamente que necesitan vuestro trabajo. Vosotros trabajáis duro con nosotras y no me canso de agradecerlo porque el mundo necesita gente como vosotros”, advierten.

“Es difícil aceptar que lo que te ha pasado tiene un nombre: maltrato, y que te ha ocurrido a ti. Con el tiempo, se llega a normalizar lo que te pasa de tal manera que la culpabilidad se apodera de ti. Cuando me llamaron para el proyecto, no sabía en qué consistía, pero me recibieron y fue muy enriquecedor conocer a otras mujeres que habían pasado por lo mismo que yo. Podía expresarme libremente, me empoderé como mujer. Tuvimos unas profesoras que supieron comprendernos, arroparnos, sin juzgarnos y nos dieron unas herramientas para poder enfrentarnos de nuevo al mundo porque realmente has estado fuera durante muchos años del mundo real. Me han dado una oportunidad laboral, que te sirve, lo primero, para el currículum porque suele estar vacío; y lo segundo, por relacionarnos con el mundo real. A día de hoy, tengo un trabajo fijo y he conseguido alquilar un piso con mis dos hijas”, cuenta María (nombre ficticio).

“Este curso me ha ayudado a saber lo que no sabía de mí misma. Me ha ayudado a saber lo que valgo, a tener fuerza y a tener un trabajo”, explica Ana (nombre ficticio).

La violencia de género pulveriza el empleo. Ocho de cada diez mujeres que sufren maltrato no tiene acceso al mercado laboral, según los datos de Fundación Adecco. Los expertos advierten que tener un puesto de trabajo es vital para empezar de nuevo: aporta ingresos económicos y autonomía.

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