Sorpresa monumental en Gerona: los dueños de una villa romana organizaban cacerías de jabalíes hace 2.100 años
Los cazadores intentan averiguar cómo es el comportamiento de los jabalíes para organizar mejor las batidas, y lo cierto es que ya hay siglos de tradición. Sin embargo, pocos podían esperar que un descubrimiento arqueológico demostrara que esta actividad cinegética se hacía desde hace tanto tiempo.
Según un estudio arqueológico publicado en el Journal of Archaeological Science tras analizar más de 1.300 restos óseos descubiertos en la villa romana de Pla de Palol, los romanos ya cazaban jabalíes hace 2.100 años. El descubrimiento ha ocurrido en la actual playa de Aro, en Gerona.
La investigación arqueológica ha descubierto que, a finales del siglo I a. C., cuando Augusto consolidaba el Imperio, los propietarios de esta villa de la Tarraconense organizaban cacerías de jabalíes y ciervos como una demostración de estatus social y control del territorio.
Hallazgo arqueológico demuestra que los romanos cazaban jabalíes por diversión
Pla de Palol era el centro de una explotación agrícola de éxito, dedicada principalmente a la producción y exportación de vino.
La ganadería sostenía la base económica y alimentaria del complejo, como demuestra que más del 90% de los restos óseos correspondan a animales domésticos como ovejas, cabras, vacas y cerdos. Pero lo curioso del hallazgo está en el 10% restante.
Se trata de fauna salvaje, una proporción excepcionalmente alta en comparación con otras villas romanas contemporáneas del noreste peninsular. Esta presencia no responde a la subsistencia, sino a una actividad cinegética planificada, selectiva y cargada de significado social.
Los jabalíes eran de los animales favoritos para la caza en el Imperio Romano
Según los datos arqueológicos, el jabalí era la segunda gran presa de caza mayor en la villa de Gerona. Al menos tres individuos, todos machos, han sido identificados a partir de sus colmillos.
Su captura tenía un fuerte componente simbólico, ya que se trata de un animal que se enfrentaba al cazador, lo que convertía la caza en una prueba de valor y dominio.
El yacimiento también ha proporcionado restos excepcionales de oso pardo, una especie muy poco frecuente en contextos romanos peninsulares, probablemente explotada por su piel. Completan el conjunto conejos y otras especies menores, asociadas a un consumo más común.
La caza en Pla de Palol exigía recursos humanos, logística y equipamiento especializado. La presencia de armas de hierro, caballos y perros de caza son la prueba de una organización compleja.
Según el estudio, esta actividad tenía un peso económico secundario, pero una enorme importancia social. Era una forma de ocio aristocrático que reforzaba la identidad de una élite rural que aspiraba a vivir, incluso en los confines del Imperio, según los cánones del prestigio romano.
Cuál era el trofeo de caza favorito de la élite romana, según la arqueología
El animal salvaje más representado en Pla de Palol es el ciervo rojo, incluso por encima de los jabalíes. Todos los ejemplares identificados son machos adultos, reconocibles por la presencia de astas, lo que apunta a una caza altamente selectiva.
Las marcas de corte permiten reconstruir toda la cadena de trabajo: desollado, despiece, desarticulación y extracción de la carne. Es decir, el ciervo no sólo proporcionaba alimento.
Sus pieles, tendones y, especialmente, las astas tenían un alto valor. De hecho, el estudio ha documentado un taller de trabajo de asta dentro de la propia villa.