Voluntariado

Se buscan voluntarios para vivir gratis en una casa-cueva granadina a cambio de ayudar a los propietarios con la jardinería y cuidar sus animales

vivir gratis en una casa-cueva granadina
Voluntarios trabajando en los alrededores de la casa-cueva granadina. Foto: Workaway.
Alejo Lucarás
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Vivir durante unas semanas en una casa-cueva de Granada y olvidarse del alquiler puede parecer una propuesta difícil de encontrar. Pero no nos olvidemos de que algunas familias recurren a las plataformas de voluntariado para encontrar personas que les ayuden con las tareas del día a día. A cambio, ofrecen alojamiento y la posibilidad de conocer de cerca otras formas de vivir.

Justamente ese es el caso de lo que abordaremos a continuación. La estancia implica colaborar con distintas tareas, compartir el día a día con la familia y adaptarse a unas condiciones concretas de convivencia. Cabe aclarar desde el principio que no es un trabajo convencional ni unas vacaciones, sino un intercambio en el que cada parte aporta algo.

Lo que se sabe de esta tentadora oferta para vivir gratis en una casa-cueva granadina

El anuncio que aquí nos convoca está publicado en Workaway, una web que pone en contacto a voluntarios con anfitriones de todo el mundo. Lo firma una familia británico-salvadoreña que vive en una finca cerca de Baza, en el límite del desierto de Gorafe. Allí ofrece alojamiento y comida gratuitos a cambio de ayuda con el huerto, el mantenimiento y el cuidado de sus animales.

La propiedad reúne dos casas-cueva con partes construidas, una antigua almazara (el molino donde se prensaba la aceituna), un gran huerto, una zona de arbolado, espacio para acampar y terrenos de pasto.

Entre tanto, el agua procede de un manantial natural. Según la propia familia, el alojamiento es básico pero cómodo, y aprovecha la gran ventaja de las cuevas: frescas en verano y templadas en invierno.

Y por su parte, los anfitriones buscan estancias largas, de al menos un mes, y suelen acoger a entre dos y cuatro voluntarios a la vez. Como filtro, piden que quien escriba mencione la palabra «Almazara» en su mensaje, una forma de comprobar que ha leído el perfil completo antes de presentarse.

Ambos hablan inglés y español con fluidez y agradecen la llegada de personas con las que practicar el castellano.

Huerto, olivos, una burra y perros rescatados: los condimentos de este voluntariado andaluz

A priori, el grueso del trabajo se concentra en el campo. Las tareas de jardinería incluyen quitar malas hierbas, preparar compost y tierra, recolectar verduras y cuidar los olivos, siempre con métodos ecológicos y sin productos químicos.

Sumado a eso, también se requieren labores de mantenimiento: levantar muros de piedra, trabajar con mortero de cal y lo que la familia describe como un sinfín de pequeños arreglos.

Voluntarios trabajando en la casa-cueva de Granada
Voluntarios trabajando en una de las casas-cueva de Granada. Foto: Workaway.

Por otro lado, la otra mitad del día a día son los animales. En la finca viven una burra llamada Paquera, gallinas, pavos reales y varios perros rescatados que también necesitan atención.

El anuncio no fija un horario cerrado, pero en Workaway lo habitual es colaborar entre cuatro y cinco horas al día, y la familia indica que las tardes suelen quedar libres para descansar o explorar la zona.

Y para seducir a quien se lo esté pensando, hay que remarcar que ese tiempo libre tiene mucho donde elegir. Por ejemplo, a unos 40 minutos a pie se encuentra el pantano del Negratín, y en los alrededores hay aguas termales, paisajes desérticos y yacimientos arqueológicos.

Los fines de semana, los voluntarios pueden acercarse a los mercados y fiestas de Baza y Guadix, o a la ciudad de Granada. Y cabe recordar que el aeropuerto de Málaga queda a unas dos horas y media en coche.

Las normas de esta casa-cueva granadina: sin carne, sin tabaco y duchas cortas

La convivencia viene con condiciones muy precisas y acá se viene una advertencia para los carnívoros: toda la familia es vegetariana o vegana, así que no se permite la entrada de carne en la cocina ni en la casa.

A su vez, las comidas se hacen en común. Gachas y tostadas en el desayuno, café a media mañana y un almuerzo abundante a última hora de la tarde. No hay cena organizada, un detalle que conviene tener en cuenta antes de apuntarse.

El alojamiento de los voluntarios está en una antigua capilla excavada en la cueva, convertida en un dormitorio compartido con cortinas que separan cada espacio. Por eso la familia advierte de que no es adecuado para parejas.

Si vamos a lo que respecta a comodidades, hay electricidad, wifi, hamacas y baños compartidos en la casa principal. Las hogueras y barbacoas están prohibidas por el riesgo de incendio, y el ahorro de recursos es obligatorio.

En este sentido, las duchas deben ser cortas, la lavadora solo se pone llena y el agua se reutiliza para regar. Como la electricidad es cara, los aparatos se usan en las horas de tarifa más barata.

Tampoco se aceptan fumadores ni bebedores habituales, y el alcohol queda vetado entre semana. Y desde luego, la tolerancia es cero con las drogas ilegales: a la primera, el voluntario tiene que marcharse.

¿Por qué las casas-cueva de Granada siguen habitadas?

Recordemos que este tipo de vivienda no es una rareza en la zona. Las casas-cueva del norte granadino mantienen durante todo el año una temperatura estable de entre 18 y 20 grados, lo que evita buena parte del gasto en calefacción y aire acondicionado. Se calcula que el territorio del Geoparque de Granada reúne más de 15.000 cuevas habitadas.

Guadix, cabecera de la comarca vecina, concentra más de 2.000 y presume del título de capital europea de las casas-cueva. Baza, por su parte, suma algo más de 1.000 dentro de su suelo urbano, repartidas en ocho barrios y en las pedanías de Río de Baza y Baíco.

Como dato curioso, ese patrimonio, junto con la riqueza geológica de la comarca, llevó a la UNESCO a reconocer la zona como geoparque.

Para apuntarse, hay que tener en cuenta un gasto previo: Workaway exige una suscripción anual para contactar con los anfitriones, además del viaje hasta Granada. Quienes ya han pasado por la finca parecen tenerlo claro.

Por último, el perfil suma una valoración del 100% en 71 opiniones, y siguiendo esta línea los voluntarios destacan la calidez de la familia, la comida y los cielos estrellados de las noches en el desierto.

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