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Una pareja sobre la vida nómada en el siglo XXI: «Hemos vivido entre un velero y una autocaravana durante 10 años. La libertad es real, pero también lo son las desventajas»

Imagen generada con IA.
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Aitana Pascual
  • Aitana Pascual
  • Aitana Pascual Cuesta (2001) es estudiante de Periodismo en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid desde el 2023. Escogió esta profesión por su gran vocación con la comunicación y la escritura. Hoy en día, tiene mucho interés por la historia, deportes y actualidad. Su principal objetivo es seguir formándose y aprender a contar los sucesos de forma clara y rigurosa.

Vivir sin una casa fija puede parecer el sueño definitivo para aquellos que buscan viajar, ahorrar y escapar de la rutina. Sin embargo, después de una década alternando entre una autocaravana y un velero, una pareja estadounidense ha comprobado que la libertad también exige renuncias, ya que hay una menor estabilidad, muchas menos comodidades y es necesaria una planificación constante.

Diez años sin pagar un alquiler tradicional

Kristin Hanes y su pareja, Tom, comenzaron su aventura en 2015, cuando decidieron abandonar su vivienda y probar una forma de vida completamente diferente. Primero llegaron las acampadas y un Toyota Prius; después, un velero y diferentes furgonetas hasta instalarse en una Sprinter. Actualmente, pasan los meses cálidos en Estados Unidos y el invierno a bordo de un velero en México.

La decisión tuvo también un componente económico. Según relata Kristin, vivir por debajo de sus posibilidades le permitió eliminar deudas, acumular ahorros para la jubilación y desarrollar un negocio digital con ingresos de seis cifras. La reducción de los gastos asociados a una vivienda tradicional le dio margen para viajar y asumir riesgos profesionales que, según explica, habrían sido más difíciles con una hipoteca o un alquiler convencional.

La libertad también tiene un coste

La vida nómada permite cambiar de paisaje, pasar más tiempo al aire libre y organizar el día con mayor flexibilidad. Pero especialistas y organizaciones advierten de que vivir permanentemente sobre ruedas requiere asumir gastos de combustible, campings, seguros, internet, reparaciones y mantenimiento. Además, cuanto más se viaja, mayor puede ser el desgaste del coche.

El problema de no tener un hogar fijo

Después de diez años, Kristin reconoce que empieza a echar de menos una base estable. La dificultad para mantener rutinas, la distancia respecto a familiares y amigos y la ausencia de ciertas comodidades son algunos de los inconvenientes que pesan con el tiempo. En el barco, además, el tiempo meteorológico puede obligarles a permanecer varios días en un mismo lugar.

Por eso, su idea de futuro no pasa necesariamente por abandonar la vida nómada, sino por combinarla con una vivienda temporal. La pareja contempla repartir el año entre el velero, la autocaravana y un apartamento. Una fórmula que resume la principal lección de estos diez años, que habla de que la libertad de no tener raíces puede ser extraordinaria, pero incluso quienes aman viajar pueden terminar necesitando un lugar al que regresar.

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