Jubilados

Una jubilada de 77 años, soltera y viuda desde hace 5 años: «Gasto unos 58 euros a la semana en gasolina, que es más de lo que gasto en comida»

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Elaine Yates/ Coche en una gasolinera. (Foto: Pixabay/BBC)
Blanca Espada

Elaine Yates tiene 77 años, vive sola en una zona rural de Northamptonshire, en Inglaterra, y lleva cinco años viuda. Durante dos décadas se dedicó a tiempo completo a cuidar de su marido y ahora reconoce que llega muy justa a final de mes. El dinero condiciona desde lo que come hasta las veces que enciende la calefacción. También sus desplazamientos, aunque en este caso apenas tiene margen para recortar ya que padece artritis, no puede caminar demasiado y necesita el coche para moverse desde el pueblo en el que reside.

Su caso ha sido recogido por la BBC en un reportaje sobre las dificultades económicas que atraviesan los hogares británicos con menores ingresos. Elaine cuenta que gasta unas 50 libras semanales en gasolina, aproximadamente 58 euros, y que esa cantidad supera ya su presupuesto para comida y además dice no recordar la última vez que se dio un capricho o que se compró algo que le apeteciera.

Una jubilada de 77 años gasta más en gasolina que en comida

Vivir en un pueblo hace que Elaine dependa especialmente de su vehículo. «Mi coche me cuesta un ojo de la cara», explica al medio británico. Los precios del combustible han complicado todavía más sus cuentas, pero dejar el coche aparcado no parece una alternativa. Su artritis le impide recorrer largas distancias a pie y necesita conducir para realizar tareas cotidianas.

El gasto ronda las 50 libras por semana y la jubilada compara directamente esa cantidad con lo que destina a alimentarse diciendo que el depósito se lleva más dinero que la comida. Pero pese a sus propias dificultades, suele llevar en coche a otros vecinos que no tienen transporte. El problema aparece cuando llegan a su destino. Elaine puede acompañarlas hasta las tiendas, pero muchas veces no tiene dinero para comprar nada. Cuenta el caso de una amiga que entró a mirar ropa mientras ella esperaba sentada fuera del establecimiento porque no pudo permitirse gastar.

Hay días en los que apenas come unas tostadas y fruta

La falta de dinero también se nota en su alimentación. Elaine reconoce que no recuerda la última vez que encendió el horno para prepararse una comida caliente. Tiene una freidora de aire, aunque en su testimonio para la BBC explicó que tampoco la utilizaba desde hacía semanas. Y al hablar de lo que había comido ese día confesaba que sólo había tomado dos tostadas, mientras otros comía dos  Weetabix y algo de fruta. «No me cuido», admitía.

El testimonio de esta jubilada aparece dentro de un problema mucho más amplio. Según los datos recogidos por la BBC en su reportaje, un 62% de las familias analizadas con menores ingresos no había podido pagar algún producto o gasto esencial durante los seis meses anteriores. Eso equivale a unos 7,4 millones de hogares, frente a los 7,1 millones registrados un año antes. Casi la mitad de las personas encuestadas había llegado a saltarse alguna comida o reducir las raciones para ahorrar.

«No recuerdo la última vez que me di un capricho»

Elaine lleva cinco años viviendo sola después de la muerte de su marido, al que cuidó durante 20 años. Desde entonces, ha explicado, las subidas de precios la han afectado especialmente. Ya no tiene a otra persona con la que compartir los gastos y su economía apenas deja espacio para nada que no considere imprescindible. La ropa es uno de esos gastos eliminados que hace mucho tiempo que decidió dejar de comprar. «No recuerdo la última vez que me di un capricho», cuenta y no sólo eso, ya que tampoco puede participar siempre en los planes de las personas a las que lleva en coche si esto implica gastar dinero una vez llegan al destino.

Elaine resume su situación señalando que son tiempos muy difíciles, y añade que el problema no afecta únicamente a ella. El estudio citado por el periódico británico procede del seguimiento de la pobreza realizado por la Joseph Rowntree Foundation, basado en unas 4.000 personas pertenecientes al 40% de los hogares con menores ingresos.

En invierno deja la calefacción a sólo 13 grados

Cuando llega el frío aparece otro gasto que Elaine intenta mantener bajo control. Durante el invierno apenas enciende la calefacción y, cuando lo hace, deja el termostato en 13 grados. Ahorrar energía se ha convertido así en otra de las medidas que utiliza para conseguir que las cuentas cuadren y poder llegar a fin de mes.

Su caso muestra además el problema añadido que supone vivir en una zona rural cuando el presupuesto es muy reducido. Elaine puede recortar en ropa, calefacción e incluso comida, pero tiene muchas más dificultades para hacerlo con el coche. Sin él, su artritis y las distancias del lugar donde vive limitarían todavía más su autonomía. Por eso continúa reservando unas 50 libras cada semana para gasolina, aunque al hacerlo termine gastando en llenar el depósito más dinero del que dedica a alimentarse.

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