Inflación

Los economistas ya avisan: «De esto no hablan pero hay que prepararse para la subida de precios que podrían llegar a partir de 2027»

subida de precios
Blanca Espada

La inflación vuelve a ocupar un lugar destacado entre las preocupaciones económicas tras varios años en los que parecía avanzar hacia una progresiva normalización. El fuerte encarecimiento registrado en 2022, cuando la inflación media alcanzó el 8,4% en España, dio paso a una moderación que llevó la tasa hasta el 2,7% en 2025. Y aunque a comienzos de 2026, los precios incluso se aproximaban nuevamente a niveles cercanos al 2%, haciendo pensar en un escenario mucho más estable para los hogares, finalmente parece que el dato se dispara.

Las tensiones en Oriente Próximo y las dificultades para el transporte de petróleo a través de enclaves estratégicos como el estrecho de Ormuz han vuelto a encarecer la energía y a alterar las previsiones. De este modo, el problema ya no es únicamente cuánto subirán los precios este año, sino qué puede ocurrir después, especialmente a partir de 2027, si las perturbaciones energéticas se prolongan y parte de esos incrementos termina trasladándose al resto de bienes y servicios que afectan a todos a los consumidores

Los economistas ya avisan: «…hay que prepararse para la subida de precios»

Las últimas previsiones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) reflejan la magnitud del cambio al estimar un 3,7% e inflación media para España en 2026. De cumplirse, sería uno de los mayores incrementos anuales registrados en lo que va de siglo, únicamente por debajo del 8,4% de 2022 y del 4,1% contabilizado en 2008. Las revisiones no proceden únicamente de este organismo. El Gobierno elevó en abril su estimación para 2026 desde el 2,1% hasta el 3,1%, mientras que el Banco de España situó posteriormente su previsión en el 3,6%. Funcas y BBVA Research manejan cifras próximas al 3,5% de media para el conjunto del ejercicio.

A ello se suma el comportamiento reciente del IPC. En agosto, la inflación interanual alcanzó el 4,3%, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), mientras algunos servicios de estudios anticipan tasas superiores al 4% durante el otoño. Su evolución dependerá en buena medida de lo que ocurra con los mercados energéticos y los conflictos internacionales.

Por qué 2027 puede convertirse también en un año complicado

Una subida del petróleo o del gas no se refleja únicamente al llenar el depósito o pagar una factura energética. La energía forma parte de los costes de prácticamente toda la cadena productiva. Fabricar, conservar y transportar mercancías requiere combustible y electricidad y, cuando esos gastos permanecen elevados durante un periodo prolongado, pueden terminar incorporándose progresivamente al precio final. Ahí se encuentra uno de los riesgos para 2027 ya que una eventual estabilización internacional podría aliviar los mercados, parte de las subidas acumuladas durante 2026 podría continuar repercutiendo posteriormente sobre otros componentes de la cesta de consumo. Esto no significa que exista una subida concreta asegurada para el próximo año, pero sí que el regreso a tasas cercanas al 2% puede resultar más lento de lo previsto.

También existe el riesgo de los llamados efectos de segunda ronda. Si el aumento inicial de la energía eleva los costes de producción, transporte y servicios y estos se trasladan posteriormente a los consumidores, la inflación puede adquirir una mayor persistencia incluso aunque desaparezca parte de la perturbación que originó el encarecimiento.

Las medidas para contener los precios serán determinantes

La evolución del coste de la vida dependerá igualmente de las decisiones que adopten las administraciones. El Gobierno ya anunció esta semana una nueva prórroga del escudo anticrisis destinado a amortiguar el impacto del encarecimiento energético, aunque existe un condicionante importante: el margen disponible para financiar estas actuaciones. La Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF) ha advertido de las restricciones existentes en este terreno, mientras que el actual conjunto de medidas anticrisis ha supuesto alrededor de 10.000 millones de euros, según las cifras trasladadas por el ministro de Economía, Carlos Cuerpo. Mantener durante periodos prolongados rebajas fiscales, bonificaciones o ayudas directas supone, por tanto, un coste considerable para las cuentas públicas.

Empresas y sindicatos han planteado distintas soluciones. La CEOE reclama actuar sobre costes estructurales relacionados con la energía y su fiscalidad, mientras UGT y CCOO ponen el foco en proteger el poder adquisitivo de los trabajadores. El sector del transporte también ha solicitado mayores ayudas para compensar el encarecimiento de los carburantes.

Qué supone este escenario para los hogares

Para las familias, una inflación persistente implica que con los mismos ingresos se pueden comprar menos bienes y servicios. Además, que la inflación disminuya no significa necesariamente que los precios regresen a sus niveles anteriores. Si un producto se encarece durante un ejercicio y vuelve a hacerlo al siguiente, ambos incrementos se acumulan sobre el precio alcanzado. Por eso, los próximos meses serán especialmente relevantes para conocer con qué escenario llegará España a 2027. Energía, carburantes, transporte y determinados bienes de consumo seguirán entre los elementos que habrá que vigilar.

Las previsiones actuales están sujetas a una elevada incertidumbre y podrían mejorar si disminuye la tensión internacional y se normaliza el suministro energético. Pero el repunte registrado en 2026 vuelve a mostrar hasta qué punto un conflicto internacional y las alteraciones en las principales rutas energéticas pueden terminar trasladándose, meses después, al bolsillo de los consumidores.

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