Aguas turquesas, gaviotas, chiringuito y kayak: parece que estás en la playa, pero el embalse más grande de Granada tiene la mejor piscina natural de España sin pisar la costa
El embalse más grande de Granada lleva años ganándose fama de «playa de interior» entre quienes buscan agua, sol y actividades náuticas sin salir de Andalucía. Está en pleno Altiplano granadino, dentro del Geoparque de Granada, sobre el cauce del río Guadiana Menor, y su tamaño explica buena parte de esa fama, muy por delante de cualquier otro pantano de la provincia.
Pero lo que de verdad sorprende es todo lo que ha ido creciendo alrededor: playas con chiringuito, alquiler de kayaks, una colonia de gaviotas que anida a 100 kilómetros del mar y unas aguas termales que llevan siglos atrayendo a bañistas. Ninguna guía turística lo vende como sustituto de la costa, y sin embargo cada verano cumple exactamente esa función.
El Negratín, el embalse más grande de Granada que se hace pasar por una playa
Su nombre técnico es Embalse del Negratín, aunque casi nadie en la zona lo llama así en verano. Con 567 hectómetros cúbicos de capacidad, es, con diferencia, el embalse más grande de Granada: guarda casi tanta agua como el resto de pantanos de la provincia juntos, aunque a escala de toda Andalucía queda en cuarto lugar, por detrás de otros tres situados en Córdoba y Cádiz.
El agua ocupa 2.170 hectáreas sobre el cauce del río Guadiana Menor, entre los municipios de Freila, Zújar, Baza, Benamaurel, Cortes de Baza, Cuevas del Campo y Guadix.
Por su parte, la presa, mixta de gravedad y materiales sueltos, se terminó el 31 de diciembre de 1984, y desde entonces ha ido ganando fama de destino playero sin mar de por medio.
Para quienes se animen a este destino, desde la capital granadina se llega en algo más de una hora de coche, por la A-92N hasta Guadix y después carreteras comarcales hasta Freila o Zújar, las dos puertas de entrada más habituales al embalse.
¿Por qué el agua del Embalse del Negratín parece del Caribe?
El color turquesa que vemos en la foto destacada no es un filtro de Instagram: se debe al contraste entre el agua embalsada y las arcillas rojizas y ocres del terreno, erosionadas durante siglos hasta formar auténticos cañones en miniatura. El paisaje recuerda, salvando las distancias, al Gran Cañón del Colorado, con paredes escarpadas que caen directamente sobre el agua.
Esas formaciones en cuestión se conocen como badlands o cárcavas, y son uno de los grandes atractivos del Geoparque de Granada.
Se combinan con pinares, playas de arena y agua en calma, un cóctel que en pleno agosto (con temperaturas del altiplano por encima de los 35 grados) convierte cualquier chapuzón en el Negratín en un alivio comparable al de la costa.
Gaviotas a 100 kilómetros del mar y otras señales de playa que no cuadran
Sin duda, el detalle más difícil de creer es el de las gaviotas. Desde los años noventa, una colonia de gaviotas patiamarillas cría en un islote del embalse conocido, valga la redundancia, como la Isla de las Gaviotas.
En 2010 se censaron 67 parejas reproductoras, pese a que la costa más cercana está a unos 100 kilómetros de vuelo en línea recta.
El resto de la experiencia playera se completa en tierra: la Playa de Freila, la más concurrida, tiene zonas de sombra, merenderos y un chiringuito donde parar a comer entre baño y baño.
Cerca hay también una zona naturista más apartada, un club náutico y varias empresas que alquilan kayaks, tablas de paddle surf y pedalones. Entre las actividades más habituales en el agua están:
- Kayak y piragüismo por las calas tranquilas del embalse.
- Paddle surf con vistas a los cañones de arcilla.
- Pesca deportiva, sobre todo de carpas y black bass.
- Paseos en barca o patinete acuático para quienes prefieren no remar.
El embalse más grande de Granada esconde, además, aguas termales romanas
A los pies del Cerro Jabalcón, a apenas cinco kilómetros del pueblo de Zújar, el agua del Negratín se junta con los Baños Termales de Zújar, conocidos ya en época romana por sus propiedades curativas. La construcción del embalse sepultó el antiguo balneario, pero los manantiales siguen activos y siguen brotando a una temperatura constante de 38 grados durante todo el año.
Para quien quiera quedarse más de un día, los pueblos cercanos como Freila ofrecen casas rurales con vistas directas al embalse.
Se llega por una pista asfaltada que baja hasta la propia orilla del embalse, con aparcamiento y acceso gratuito a las pozas naturales que forman las piedras del cauce.
Por último y no menos importante, el agua, rica en calcio, magnesio y azufre, es la misma que en su día atrajo a los romanos y hoy comparte paisaje con las gaviotas que anidan a un centenar de kilómetros del mar más cercano.