Historia de vida

Sur Eyna (45 años) vive con sus 2 hijas en una aldea asturiana sin luz ni carreteras: «Me mantengo fabricando remedios naturales y vendiéndolos en los mercados»

Sur Eyna
Sur Eyna vive en una aldea de Asturias con sus hijas. Imagen de Youtube @hilux_aventura.

Sur Eyna, a quien todos conocen como Sure, tiene 45 años y ha elegido una forma de vida que a muchos les resultaría imposible de imaginar: vive junto a sus dos hijas en una aldea remota de Asturias, sin carretera y sin suministro eléctrico, en plena naturaleza y lejos de las comodidades que marcan el día a día de la mayoría, sostenida por la venta de remedios naturales que ella misma elabora.

Frente a la idealización que suele acompañar este tipo de historias, ella misma reconoce que detrás de la decisión hay esfuerzo, constancia y muchas renuncias que pocas veces se cuentan cuando se habla de este tipo de vida.

De qué vive Sure en una pequeña aldea de Asturias

Sure recolecta, cultiva y transforma distintas plantas para elaborar tinturas, hidrolatos y cremas pensadas, entre otros usos, para aliviar dolores musculares. Romero, árnica, consuelda e hipérico son algunas de las especies que recoge en el entorno y utiliza en sus preparados, que después comercializa en ferias y mercados locales.

Además, no se limita a vender lo que produce: también imparte cursos sobre plantas medicinales, ha colaborado con ayuntamientos como el de Cangas del Narcea y organiza retiros en su propia vivienda. «Me mantengo haciendo productos que luego vendo en las ferias; con el dinero hago la compra y complemento con cursos sobre plantas», explica.

Su historia se conoció gracias a un vídeo del canal de YouTube @hilux_aventura, que se desplazó hasta este enclave asturiano para retratar su día a día. Sure difunde además su trabajo a través de su cuenta de Instagram «vergelesdegaia, donde comparte sus elaboraciones y el proceso detrás de ellas.

La otra cara de vivir aislada en una aldea

Su vínculo con este entorno viene de mucho antes de ser adulta. Sus padres dejaron Madrid hace unos 35 años para instalarse en esta zona de Asturias en busca de una existencia más autosuficiente, lejos del ritmo que habían dejado atrás.

Sure regresó con 23 años, tras una etapa de formación fuera, para continuar vinculada al monte y a la crianza de animales: caballos asturcones, ovejas y cabras formaron parte de aquel proyecto familiar, hasta que las plantas fueron ganando peso como forma de sustento y terminaron convirtiéndose en su principal fuente de ingresos.

Vivir sin infraestructuras habituales obliga a asumir tareas que en otros lugares se resuelven con un simple gesto: conseguir leña, mantener los caminos o proteger la huerta de animales salvajes, osos incluidos, una amenaza real para los cultivos en esta zona de montaña. «Aquí hay que hacerlo todo, aquí no hay un botón que enciendes y el horno al momento se calienta», resume.

El valor de lo esencial frente al consumismo

Su experiencia ha atravesado también momentos duros. Un diagnóstico de cáncer la obligó a abandonar temporalmente la aldea y trasladarse durante tres años a Cabranes para afrontar el tratamiento y la recuperación.

Aquella etapa cambió su manera de mirar las dificultades. «Para mí, lo más importante fue el no darle tanta fuerza ni importancia a las cosas», asegura, una reflexión que hoy aplica a una vida en la que los bienes materiales ocupan un lugar secundario frente al agua de montaña, el aire limpio y una tierra que se puede cultivar.

Su economía se sostiene en un modelo pequeño y directo: producir, transformar, vender y volver a empezar. No se trata de vivir al margen del sistema, sino de mantener una relación distinta con él, y Sure anima a quienes se plantean dejar la ciudad a hacerlo siguiendo aquello que realmente quieren, convencida de que la abundancia no se mide en posesiones, sino en la libertad de decidir cómo se vive.

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