Turismo interior

Lo llaman ‘el Benidorm de Extremadura’ y tiene 4 de las mejores piscinas naturales de la región: playas fluviales de arena y agua fresquita directa del deshielo

el Benidorm de Extremadura
Cascada Las Nogaledas en Navaconcejo. Foto: Mentxuwiki en Wikimedia Commons.
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

En pleno Valle del Jerte, entre cerezos que en primavera cubren las laderas de blanco, hay un municipio que en verano multiplica su población por la fama de sus zonas de baño. Allí es habitual escuchar a los visitantes llamarlo ‘el Benidorm de Extremadura’, un apodo que a primera vista suena exagerado para un pueblo de apenas unos miles de habitantes.

La comparación, sin embargo, no tiene que ver con torres de apartamentos ni con vida nocturna, sino con algo mucho más sencillo: la cantidad de gente que se agolpa cada fin de semana de julio y agosto junto al río, buscando un chapuzón. Y es que pocas localidades de la región pueden presumir de tener hasta cuatro piscinas naturales distintas a las que acudir.

Navaconcejo, el pueblo al que llaman «el Benidorm de Extremadura»

El protagonista de esta historia es Navaconcejo, un municipio de la provincia de Cáceres situado en pleno Valle del Jerte, la comarca extremeña más conocida por sus cerezos en flor. Ahí, junto al río que da nombre al valle, ha nacido el apodo de ‘el Benidorm de Extremadura’, y el motivo tiene una vuelta de tuerca curiosa.

Una de sus cuatro zonas de baño se llama, de forma literal, El Benidorm. Está a la entrada del pueblo, junto a la carretera nacional, bajo la sombra de alisos, fresnos y chopos, y cuenta con un amplio aparcamiento para quienes llegan desde fuera. El nombre, mucho antes de popularizarse como apodo de todo el municipio, ya designaba solo a esta piscina natural.

El agua que llena estas pozas viene del deshielo y de las numerosas gargantas que bajan de la sierra, lo que explica esa sensación de frío casi inmediato al meter el primer pie. Además, como las aguas residuales del municipio se canalizan hacia Plasencia y no llegan al río, el Jerte conserva aquí una transparencia que sorprende a quien lo visita por primera vez.

Crucero en Navaconcejo
Crucero en Navaconcejo. Foto: José Antonio Cotallo López en Flickr.

Fuera de temporada, Navaconcejo es sobre todo conocido por otra cosa: los cerezos que en primavera cubren de blanco las laderas del valle y que atraen a otro tipo de visitante, más interesado en la fotografía que en el bañador.

El contraste entre ese pueblo tranquilo de marzo y el que se llena de toallas y sombrillas en agosto es, en realidad, la mejor pista de por qué el apodo terminó pegando tan fuerte.

Las cuatro piscinas naturales que explican la fama de Navaconcejo

Estas son las cuatro zonas de baño en el río Jerte que dan sentido al apodo de ‘el Benidorm de Extremadura’:

  • El Cajón: una zona tranquila, con césped y acceso fácil, pensada para quienes buscan un baño sin demasiado bullicio. Dispone de aparcamiento cercano.
  • El Pilar: situada en la parte alta del pueblo, combina zona de arena con abundante sombra. Cuenta con chiringuito, parque infantil y aparcamiento, además de dar acceso a la Garganta de Nogaleas.
  • El Cristo: una amplia zona de baño rodeada de frondosos alisos, con merendero, parque infantil y aparcamiento cercano, ideal para pasar el día completo con niños.
  • El Benidorm: a la entrada del pueblo, bajo la sombra de alisos, fresnos y chopos, con amplio aparcamiento. Es la que, con el tiempo, terminó dando nombre al apodo de todo el municipio.

¿Cuándo es mejor ir y qué esperar en estas piscinas naturales?

Julio y agosto son los meses de más ambiente, sobre todo los fines de semana, cuando el aparcamiento junto a las zonas de baño más conocidas puede llenarse a media mañana. Ir a primera hora o entre semana sigue siendo la mejor forma de encontrar sitio y disfrutar del río con algo más de calma.

Conviene no dejarse engañar por el calor extremeño de agosto: el agua sigue helada incluso en pleno verano, porque viene directamente del deshielo de las gargantas de la sierra.

Un chapuzón rápido suele ser suficiente para refrescarse del todo, así que llevar algo con lo que abrigarse al salir no está de más.

Esa misma agua fría es la razón por la que muchos vecinos de Cáceres y Plasencia prefieren este destino a las piscinas municipales cuando el termómetro pasa de los 35 grados. No hace falta reservar entrada ni pagar por el acceso, y el entorno de árboles y roca hace que el calor se sienta de otra manera, más llevadero que en cualquier piscina de cemento.

Para quienes viajan con niños o con personas con movilidad reducida, algunas de estas zonas cuentan con accesos adaptados, algo que no siempre es fácil de encontrar en piscinas naturales de montaña.

Y para quienes prefieran completar la excursión con una caminata, la Garganta de Nogaleas, a la que se accede desde El Pilar, ofrece una alternativa fresca y con sombra para las horas de más calor.

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