La reflexión de Séneca, filósofo, sobre la ansiedad: «Sufrimos más a menudo en nuestra imaginación que en la realidad»
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El filósofo de lo que hoy conocemos como Córdoba observó un comportamiento común entre quienes se preocupan por el devenir: ante un problema que aún no ha sucedido, ya les empieza a afectar en el presente. Una conversación o un acto que se pretende llevar a cabo más adelante se acaba convirtiendo en un quebradero de cabeza en ese mismo momento.
La reflexión de Séneca respecto a este dilema existencial ayuda a evaluar esta brecha entre el ya y los hechos imaginables que construimos de nuestros miedos.
A qué se refería Séneca por sufrimiento imaginario
Esta cita se encuentra en la carta 13 de las Cartas a Lucilio, dedicada a los temores sin fundamento. El pensador advierte del desacierto en la tendencia a anticipar problemas y exagerar sus consecuencias. Su argumento nos permite considerar si desafiamos a un acontecimiento específico imaginario o a una posibilidad real de que suceda.
«Sufrimos más a menudo en nuestra imaginación que en la realidad»
La reflexión puede leerse como una invitación a la prudencia en los actos. Imaginar una situación futura posibilita estar preparado para cualquier circunstancia, pero también puede generar estrés y ansiedad por una situación que igual no se acaba dando o no tiene la importancia que se considera.
Lo fundamental es saber discernir cuándo una idea o hipótesis empieza a condicionar nuestras acciones como si el peor de los escenarios ya se hubiese producido.
Cómo se da que una posibilidad parezca un hecho
Por poner un ejemplo, un mensaje «frío» por parte de un jefe puede interpretarse simplemente como que tiene prisa o como que está disgustado. A raíz de esa disyuntiva, surgen otros pensamientos que acaban dañando el bienestar mental de la persona: habrá reprimendas, mi puesto está en juego, qué habré hecho mal…
Preguntas para separar hechos de suposiciones
Una aplicación generalizada de la reflexión de Séneca es examinar la información antes de sacar conclusiones. No tiene por qué asegurar que todo saldrá bien para reconocer que el resultado está sujeto a interpretación. Por tanto, se pueden plantear una serie de preguntas para analizar una inquietud determinada:
- ¿Qué ha pasado realmente hasta el momento?
- ¿Qué porcentaje de esta historia es o puede ser real y qué porcentaje forma parte de mi interpretación?
- ¿Existen otras interpretaciones para la información recibida?
- ¿Qué puedo hacer para resolver el problema con los recursos de los que dispongo?
¿Pide entonces la cita que las personas ignoren las dificultades reales?
La respuesta es que no. Una lectura meditada preserva la importancia de los riesgos específicos. Una amenaza probada merece atención. Evaluar un miedo implica analizar su origen. También es inapropiado banalizar el sufrimiento de un allegado con la frase «todo ocurre en tu cabeza». Incluso cuando el temor no se acaba produciendo, la preocupación mental debe ser escuchada.
Se puede considerar el futuro sin que represente todo tu presente
El apunte del filósofo resulta realmente útil para poner en perspectiva la importancia de un problema futuro. Antes de una conversación escabrosa, por ejemplo, se puede ir con un guion preestablecido sobre lo que se va a decir, pero la improvisación aflorará con la respuesta de la otra persona, la cual se desconoce.
Actuar solo con respecto a lo que depende de uno mismo ayuda a conservar energía para enfrentarte al miedo. Ser capaz de establecer los límites para no perder los estribos o que el temor se apodere de ti es crucial para que cada minuto sin respuesta o una acción inesperada no se convierta en un escollo más y reaparezca el pensamiento de que «lo peor está por venir».